Yo, en mi casa,
sentí un asco infinito y me pregunté: ¿había visto yo este comportamiento? Y la
verdad es que en al menos un caso, sí que lo había visto. No le di importancia.
Debido a mi casi inconfesable afición a las revistas del corazón sí que había leído,
en una edición medio pirata, las memorias de un mayordomo y de Vaitiare
Hirshon, una mujer tahitiana que vivió con Iglesias cuando ella tenía 18 años. Y
lo que ambos relatan en sus respectivos libros es exactamente lo mismo que han
contado las empleadas agredidas, excepto en lo que hace al sexo. El mayordomo
porque es de suponer que no estaba en el dormitorio y Vaitiare porque, quizá,
le dio vergüenza contar algo tan íntimo.
El
comportamiento de Julio pues era conocido de sobra. Se había desarrollado
durante años a la vista de todos y todas. Julio no ha cambiado, ha cambiado
nuestra mirada. Y pase lo que pase y termine esta cuestión como termine, me
parece muy difícil que esa mirada pueda volver a ser aquella a la que algo como
esto le parecía gracioso.
Sobre este cambio
de mirada, que es un cambio de mundo en realidad, resulta curioso también
analizar las reacciones de algunos cercanos a él. Por ejemplo, Ana Obregón,
Ramón Arcusa y Jaime Peñafiel, reaccionarios y machistas como el propio Julio, salieron
en su defensa con argumentos que son el acompañamiento perfecto para el
comportamiento del cantante.: “Julio es besucón de nacimiento”, “no tiene
necesidad de violar a nadie” o “si os chupan el pito toda la noche… ¿no os salen
ampollas?”. Millonarios los tres y habitantes también, como Julio, de ese mundo
en el que los señoritos podían violar a las criadas impunemente. No pasaba
nada. Ese mundo lo hemos ocupado, les
guste o no. Y no les gusta.
Me interesó la
reacción de Rosa Villacastin y de Pilar Eyre porque son mujeres feministas y de
izquierdas, aunque sean, más o menos, de la generación de Julio y porque ambas,
además, son amigas del cantante. Rosa, entró en Mañaneros 360 y se hizo un lío.
Dijo que le daban pena los hijos de Julio, esos niños milmillonarios con muchas
casas y muy poca utilidad. Allí se le llamó la atención y se le dijo que las
que tenían que dar pena eran las empleadas. Villacastín balbuceó, lo pasó mal,
pero ya por la noche estaba claramente en otro sitio. No habían pasado ni diez
horas y su opinión era completamente distinta. En cuanto a Pilar Eyre, en su
video blog reconoció que le tenía mucho cariño a Julio pero no se puso de su
lado, y reconoció que mucha gente tenía que hacerse una buena autocrítica. También
entendió el cambio y supo donde situarse. Está claro que ser feminista ayuda a
entender el mundo y sus cambios. No como Ayuso, por cierto, pero eso da un poco
igual porque Ayuso está en el mal siempre, se trata de lo que se trate.
Lo que se hizo
evidente en el día de ayer es que existe una mirada nueva sobre el mundo, una
mirada que se abre paso con dificultad pero con firmeza. Es normal que muchos hombres
estén asustados y rabiosos si tenemos en cuenta que se está rompiendo el privilegio
de los hombres, especialmente de los ricos, para poder acceder al cuerpo de las
mujeres cuando les de la gana. Y hablamos de un privilegio milenario que jamás
ha sido puesto en cuestión. Como lo estamos viviendo no somos capaces de
calibrar el cambio radical que supone esa mirada transformada. No sé si lo de
Julio Iglesias tiene recorrido jurídico pero pase lo que pase nadie le volverá
a ver como un latín lover, como un señor, un caballero, que dijo alguien,
términos estos condescendientes para el comportamiento machista. Tampoco, ni
siquiera, podremos verle como un exitoso cantante internacional. Diga lo que
diga Ayuso, siempre le veremos como un violador y le recordaremos aplastando su
boca abierta contra la boca de una mujer que intenta zafarse del abrazo, tal
como yo le vi ayer.
Este cambio lo
ha traído el feminismo, las mujeres organizadas y peleando, las mujeres que ha
accedido a puestos de poder y han legislado. Cierto que este cambio es tan
radical que ha desatado una reacción furibunda, pero, en esto, y por una vez,
creo que soy optimista. Las leyes se pueden cambiar y hacer retroceder, pero la
mirada sobre el mundo una vez que ha cambiado es complicado devolverla a su
lugar anterior. Ahora nosotras estamos mirando, estamos mirando a los hombres
como sujetos. Somos sujetos de la historia y de nuestras vidas y por eso miramos,
ya no sólo somos miradas. Por primera vez en la historia nuestra mirada cuenta
y es capaz de transformar el mundo.

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