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FUTBOL FEMENINO Y LESBIANISMO

 Publicado en InfoLibre en 2025

Soy consciente de que este título va a provocar sarpullidos entre incels de todo pelaje e incluso políticos conservadores que están a punto de convertir el fútbol femenino en una práctica woke, pero no voy a contribuir a invisibilizar una realidad que es gozosa y no vergonzosa.  Es una realidad que el fútbol femenino está lleno de lesbianas. Ayer mismo leí que hay más lesbianas visibles en la selección de Gales que gays visibles en todo el fútbol profesional masculino internacional. Sólo en la selección española hay seis o siete mujeres abiertamente lesbianas y, por lo visto, en los equipos de fútbol femeninos hay una media de entre un 20% y un 30% de lesbianas visibles y orgullosas, como reza el brazalete que portan algunas de ellas. 

LA MARGINACIÓN DE LAS LESBIANAS EN LOS GRUPOS GAYS Y EN EL MOVIMIENTO FEMINISTA

Capítulo del libro: Cultura, homosexualidad y homofobia

Volumen II: Amazonia: retos de visibilidad lesbiana

Editorial Laertes, 2007


Los años 70 y gran parte de los 80 fueron los años en los que las lesbianas no concebíamos estar al margen del movimiento feminista. Es más, fueron los años en los que afirmábamos que cualquier mujer podía ser lesbiana y en los que tratábamos de transformar el feminismo en feminismo lesbiano (1). Después por razones internas al movimiento, que abordaré más adelante, y también externas: la necesidad de transformar la legislación para que recogiese los derechos de gays y lesbianas, las agresiones homófobas y el SIDA, las lesbianas comenzamos a integrarnos en los colectivos gays (2). En la actualidad, en España no hay apenas grupos autónomos de lesbianas fuera del movimiento gay y los que hay no tienen casi presencia. Tampoco dentro del movimiento feminista las lesbianas están organizadas como tales ni su voz tiene fuerza para ser escuchadas. Las lesbianas en la actualidad subsistimos como grupos minoritarios dentro de los grupos gays. Después de una década de militancia conjunta quizá sea hora de replantearnos esa alianza.

DEL CASO WANNINKHOF/VÁZQUEZ AL CASO WANNINKHOF/CARABANTES

Publicado en Público el 22 de junio de 2021


Hace ya 22 años del asesinato de Rocío Wanninkhof, ese que desató uno de los mayores escándalos judiciales perpetrados en este país: la condena de una inocente por un crimen que no había cometido. Una acusación primero y una condena después que se produjeron en contra de todas las evidencias que la exculpaban, incluida una coartada con la que contaba la acusada para el momento del crimen.

MESA REDONDA: DE LO VISIBLE A LO INVISIBLE

Webinar organizado por el Área de Igualdad del Ayuntamiento de Bilbao: «De lo visible a lo invisible» con motivo del Día de la visibilidad lésbica:

¿DÓNDE ESTABAN LAS LESBIANAS?

 Publicado en CON LA A, el 25 de julio del 2019

Este año el movimiento LGTB celebra el año de la memoria y es una buena ocasión para  pensar sobre la memoria lésbica, porque no hay presente ni futuro sin pasado.

POR LA VISIBILIDAD LÉSBICA, TODAVÍA

Publicado en Público el 26 de abril de 2016


El Día 26 de abril es el Día Internacional de la Visibilidad Lésbica. Una visibilidad difícil. Lesbiana sigue siendo, a estas alturas, una palabra difícil de pronunciar en contextos normalizados. Las lesbianas nos inundan desde las revistas porno, desde las webs pornográficas, desde los papelitos que nos dejan en los parabrisas del coche anunciando prostitución. Lesbiana es una palabra pornosexualizada para consumo masculino. Y por eso es difícil leer una declaración a favor de la visibilidad lesbiana en los parlamentos o en instituciones oficiales, y es complicado también encontrar en ese día muchos artículos dedicados a las lesbianas, a nosotras.

Pero lesbiana es también esta diputada y otras muchas; lesbiana es la médica que te atiende en el ambulatorio y la telefonista que responde a tu llamada. Lesbiana es esa niña que va en bicicleta y es la trabajadora de una fábrica. Lesbiana es la manera en que muchas mujeres están en el mundo.

Es significativo que el día que se dedica a las lesbianas sea un día en el que se reclama visibilidad. Eso demuestra en qué manera específica se ejerce la discriminación y la opresión contra las lesbianas. Históricamente, a los gays, para oprimirles, discriminarles o chantajearles se les saca del armario, para exponerles. A las lesbianas es lo contrario, se nos mete en él, para ocultarnos. Y eso ejemplifica también lo peligroso que el sistema considera establecer una visibilidad legítima para esas mujeres que en principio se supone que no establecen lazos amorosos y/o eróticos con los varones, lo que les va a proporcionar una autonomía que no sólo es amorosa y sexual respecto a aquellos sino que, además, tendrá por fuerza que ser también laboral, económica, familiar etc. Por eso, nuestra visibilidad pasa siempre por el mecanismo de control mencionado. Se nos visibiliza sólo en situaciones sexualizadas, pornosexualizadas a la manera masculina; y la ubicuidad de esta imagen hace que sea más fácil apoyar una causa “gay”, que una causa “lesbiana”.

Si no somos visibles no existimos en ese orden de legitimidad que es la ciudadanía. Ser visible significa desafiar el mecanismo social y político del armario. Este armario es un poderoso mecanismo de control de la heteronormatividad que funciona de tal manera que si estás dentro eres tomada por heterosexual y todo va bien, y si sales asumes un poderoso estigma que tiene consecuencias en todos los ámbitos de la vida. A diferencia de casi cualquier otra marca de desigualdad, la homosexualidad puede estar oculta, eso es lo que permite que exista el armario. Este puede parecer, en tiempos liberales, incluso cómodo. Es la supuesta comodidad de quien te dice: “no tienes que negarlo, puedes ser lesbiana, pero no hace falta que lo digas”, es la lesbofobia liberal que tiene unas ramificaciones muy profundas y que cuenta con la complicidad de muchas de nosotras. Recordemos la ley que Clinton trató se vender como una avance respecto a la presencia (invisible) de gays y lesbianas en las fuerzas armadas: “Don’t ask, don’t tell” (no preguntan, no lo dices; es decir, pasas por ser heterosexual y todo va bien).

Por todo esto nuestra visibilidad es una cuestión política de primer orden, porque la invisibilidad que sufrimos es la negación de nuestra existencia pública, la negación de nuestro lugar bajo el sol, el rechazo social a conceder al lesbianismo existencia legítima. El feminismo se encargó de demostrar que si dejamos lo que se considera privado fuera del ámbito de lo público la consecuencia es que lo dejamos fuera de la ciudadanía reconocida y entonces, en esta ciudadanía no habría más que varones blancos, heterosexuales, de clase media, etc. Diversos colectivos han luchado por ensanchar esa concepción estrecha de la ciudadanía y lo han conseguido. A las lesbianas aun nos queda un buen trecho por recorrer en este camino. Días como este, 26 de abril, en el que se recuerda al mundo que existimos y a nosotras mismas que tenemos que ser visibles, nos marcan el buen camino.



VIOLENCIA QUE NO ES DE GÉNERO

 Publicado en Píkara el 24 de abril de 2013

Cada cierto tiempo el asunto de la violencia en las parejas de lesbianas se discute o bien en los medios generalistas o bien también –y especialmente- en el ámbito del propio activismo lesbiano. Tengo que reconocer que a veces ese tipo de estudios o de discusiones me sacan de quicio hasta el punto de que yo misma tengo que preguntarme por qué me gusta tan poco que se discuta de eso o se dé visibilidad a la violencia que existe en algunas parejas de lesbianas. Creo que hay dos razones de que el tema me guste tan poco. La primera y más importante tiene que ver con el uso que el neomachismo pretende hacer de cualquier tipo de violencia intrafamiliar para deslegitimar y desdibujar la lucha contra la violencia de género como un tipo de violencia sistémica particular y anclada en el patriarcado. Si todo es violencia y, sobre todo, si todo es el mismo tipo de violencia, entonces no hay razones para establecer medidas concretas de lucha contra la violencia machista. Naturalmente que esa es la manera tradicional de negar e invisibilizar que la violencia machista es diferente a cualquier otra porque se produce en un contexto de desigualdad de poder estructural (desigualdad real y simbólica) en el que los hombres creen tener derechos de propiedad sobre “sus” mujeres.

EL SEMIARMARIO DE ELENA ANAYA

Publicado en Píkara el 22 de febrero de 2012 

Ha levantado mucha polémica el hecho de que Elena Anaya dedicara su Goya recién conseguido a “su amor”, así sin sexo. Y si ha levantado polémica es porque a estas alturas todo el mundo parece saber que el amor de Anaya es una mujer y puesto que esto es ya público, parecería que visibilizarlo como tal hubiera significado un apoyo importante en la lucha contra la homolesbotransfobia y más aún en este momento, cuando los avances legales de los últimos años están en peligro por culpa de la política del PP. Ante la avalancha de críticas a Anaya, inmediatamente salieron otras personas afirmando lo que se dice siempre en estos casos: que no se puede exigir a nadie que salga del armario, que eso es una cuestión privada, que ella decidirá cuándo y dónde hacerlo público y si quiere hacerlo.

SACAR O METER EN EL ARMARIO

Publicado en Miralés el 4 de septiembre de 2011



Desde que escribí mi libro sobre Dolores Vázquez en el que denunciaba la manera en que la prensa mete en el armario a las lesbianas, quieran o no, se me ha quedado una especie de sexto sentido que me hace estar atenta en cuanto sale una noticia sobre lesbianas. En mi libro denunciaba la manera en que “el armario” funciona como un instrumento de la lesbofobia y se usa metiendo en el mismo a las lesbianas con el objeto de que no se las vea, porque la visibilidad es la principal herramienta de normalización y empoderamiento. Si hace muchos años se trataba de sacar a la gente del armario a la fuerza, porque en el momento en que estaban fuera la lesbofobia social e institucional se encargaba de destrozarles la vida, ahora se trata de armarizarlas, especialmente si las personas en cuestión pueden convertirse en referentes positivos para todas las lesbianas. El llamado “respeto” encubre en muchas ocasiones la más burda lesbofobia. El mundo del corazón y las famosas es muy proclive a estos comportamientos.

LESBIANAS Y ABORTO

 Publicado en El Plural el 1 de abril de 2011


Todavía no me he recuperado de la impresión que me produjo que una amiga latinoamericana, lesbiana ella, me dijera el otro día que no estaba a favor de la lucha a favor del aborto y que dijera, además, que las lesbianas no tenemos que inmiscuirnos en esa lucha porque no nos afecta. Para empezar ya es absurdo decir que hay algo referente a la condición femenina, como la maternidad o la ausencia de ella, que a las lesbianas no nos afecta, siendo como somos mujeres exactamente igual que las demás. Y más aún ahora, que las lesbianas tienen hijos y son madres casi en la misma medida que las mujeres heterosexuales.

Las lesbianas pueden querer ser madres y por la misma razón pueden no querer serlo. Pueden estar embarazadas y después, también por la razón que sea, arrepentirse o no querer llevar a término el embarazo, como cualquier mujer. Eso sin contar que la posibilidad de ser violada es exactamente igual a la de cualquier mujer, incluso mayor en el caso de países muy homofóbicos, como casi todos los de Latinoamérica.

Pero además, la base del derecho al aborto es la misma que la base del respeto a la libre orientación sexual: el derecho a ser dueñas de nuestros cuerpos. Un derecho largamente negado, conquistado muy duramente y nunca terminado de conquistar del todo, como demuestra el retroceso que se ha vivido en algunos países de la región en los que se ha prohibido recientemente incluso el aborto terapéutico. Además, no es sólo el aborto en sí lo que está en juego. Lo que se juega con el aborto es a quién pertenecen nuestros cuerpos: al estado, a la familia o a nosotras mismas. De manera que el derecho al aborto es un índice muy claro de la situación social de las mujeres en cualquier país. Es matemático. Allí donde se reconoce el derecho al aborto, la situación de las mujeres es mucho mejor que allí donde no se reconoce. Si hay derecho al aborto, hay protección a la libre expresión de la orientación sexual, hay protección ante los malos tratos y la violencia, hay más igualdad. Y al contrario.

Así que puedo entender que una esté en contra del aborto o le genere conflictos morales; en ese caso es muy libre, que no aborte. Lo que me resulta imposible de entender es que una mujer sea partidaria de que sea el estado el que decida y no ella misma. Si dejamos que el estado controle nuestros cuerpos, lo hará para todo y con todas sus consecuencias. Y entonces simplemente me gustaría decirle a mi amiga que ni siquiera la dejarán ser lesbiana.


EL ARMARIO COMO COARTADA

Publicado en El Plural el 9 de enero de 2011
Publicado en Trasversales. nº 11


Monique Wittig afirmó, de manera provocativa, que las lesbianas no tenían vagina. Muchas lesbianas afirmaron que no eran mujeres, aún ahora muchas lesbianas sentimos que no tenemos sitio en esa categoría política: “mujer”. De manera creciente, tengo la sensación de que “mujer” y “lesbiana” se excluyen, se alejan. Teniendo siempre presente que si no se garantizan los derechos de las mujeres las lesbianas no podemos siquiera existir, muchas hemos llegado también a la conclusión de que los derechos de las mujeres no garantizan la posibilidad de existencia de las lesbianas y, más aún, que muchas mujeres que se llaman a sí mismas feministas colaboran en el mantenimiento de esa exclusión. La exclusión se produce mediante una estructura social represiva e injusta que conocemos como el 
armario.

¿CUARTOS OSCUROS PARA LESBIANAS?

Publicado en Mirales el 4 de mayo de 2011

El otro día leía en una revista lésbica el enésimo artículo de queja sobre la inexistencia de cuartos oscuros para lesbianas y me di cuenta de que aún no he hablado de eso en esta columna. Vaya por delante que no tengo ninguna idea preconcebida, sólo intuiciones. Es decir, no me importaría que existieran cuartos oscuros para lesbianas. Pero me pregunto si esa preocupación por el cuarto oscuro no será una fijación androcéntrica, es decir, que como es algo que les gusta a ellos nos tiene que gustar/preocupar/ocupar a nosotras.
Porque lo primero que habría que decir es que si nos gustaran los cuartos oscuros, ya habría alguno. Si nos gustaran sería negocio y alguien lo montaría. Sé que ha habido cuartos oscuros para lesbianas en otras ciudades: San Francisco, Ámsterdam, Nueva York… y no han tenido éxito. Pues será entonces que no gustan. ¿Por qué darle entonces más vueltas a la cuestión? Creo que es verdad que no nos gustan, pero creo también que eso no es definitivo porque, al fin y al cabo, una buena campaña de marketing podría hacer que fuéramos en masa. ¿No nos venden de todo? Suele decirse que es una cuestión cultural que a ellos les gusten y a nosotras no. Claro que es una cuestión cultural (el sexo es una cuestión cultural), pero que sea cultural no quiere decir que sea modificable, o siquiera que sea deseable modificarlo. Lo que erotizamos y lo que no, nuestras respuestas sexuales, todo eso es cultural. Dicho esto, creo que existe una dificultad casi fisiólogica, aunque también puede ser que esto sea exclusivamente una cuestión mía. Creo que, en general, las mujeres necesitamos más tiempo, y quizá otras circunstancias, para corrernos, si es que corrernos es el objetivo del asunto. Y no veo qué otro objetivo podría tener entrar en una habitación en la que una desconocida comienza a masturbarte. Creo que nuestras respuestas sexuales no son tan automáticas, tan exclusivamente físicas, ni tan rápidas como las de los hombres.

Que una desconocida me masturbe, sin seducción previa, sin nada, me pone los pelos de punta, aunque reconozco que en determinadas ocasiones podría erotizarme. En general, necesito tiempo. Mi mejor sexo nunca es la primera vez, ni la segunda, que me acuesto con una persona. Para la cuarta vez puede que esté en lo mejor. Creo que cada mujer es distinta, que hay que aprender un poco cada cuerpo y explicar un poco también el tuyo. Las respuestas sexuales de cada una son diferentes, lo que nos gusta y lo que no, lo que nos excita y lo que no. En eso, por lo que me cuentan mis amigos gays, ellos son más uniformes. Aunque, por supuesto, tienen también sus gustos o peculiaridades sexuales, digamos que ellos tienen casi todos “un básico” más sencillo. Yo no soporto que me toquen en sitios donde a mucha gente le gusta, y necesito toda una fase de seducción y excitación previa. No voy a decir de horas, caramba, pero un ratito sí. La verdad es que, y conociendo el paño, como se pongan de moda los cuartos oscuros la estadística de orgasmos fingidos experimentaría un crecimiento enorme, me temo. Pero todo esto es discutible.

Una vez fui a un cuarto oscuro en Ámsterdam. Era un lugar que se abrió sólo para una fiesta lésbica. Entré con mi pareja, con lo que el rollo anónimo estaba descartado; entré a ver. Me sorprendieron dos cosas: la primera es que las chicas entraban con amigas, como cuando de pequeñas íbamos al baño. Yo no me puedo imaginar entrar en un cuarto oscuro con amigas y enrollarme ahí con otra, delante de mis amigas, la verdad. Me costaría follar delante de mis amigas pero, vamos, a lo mejor esto es cuestión de acostumbrarme. Lo segundo que me sorprendió fueron las risas. Las chicas se morían de risa por los rincones, yo no sé si de puro goce, de puro nervio, o simplemente porque la cosa era graciosa. Se escuchaban risas por todas partes.

El otro día en una cena con amigos les pregunté si en los cuartos oscuros gays la gente ser ríe. Me miraron como si estuviera loca; me dijeron que por supuesto que no, que un cuarto oscuro es una cosa muy seria. Entonces salió un tema muy interesante. Según me dijeron, para los hombres el sexo está reñido con el humor. Yo dije que para nosotras no. Yo muchas veces me río antes, durante y después del sexo. Soy feliz y me río. Mi amigo Alejandro me contó que los hombres no pueden reírse porque están demasiado concentrados en su erección y que para ellos, esa necesidad de “cumplir”, de mantener la erección a toda costa (al menos delante de desconocidos) es algo casi trágico, una hazaña, algo épico, dijo. Y claro, no te ríes en medio de una hazaña épica. No se ríen nada.

En fin, vistas así las cosas, podemos darle la vuelta al argumento y llegar a la conclusión de que ellos van a los cuartos oscuros y no disfruten tanto como creemos; y nosotras nos lo montamos en habitaciones normales pero nos lo pasamos mejor. ¿O no? Pues no lo sé.



¿CUAL ES EL LUGAR DE LAS LESBIANAS FEMINISTAS?

Publicado La Flor del Guanto. Revista Ecuatoriana. Mayo 2009


Las compañeras de “Flor del guanto” me piden que escriba un artículo y acepto, pero enseguida me arrepiento. Me arrepiento cuando me siento delante del ordenador y pienso ¿qué les cuento? Porque me doy cuenta de que no puedo trasladar la experiencia de una lesbiana feminista española a las compañeras ecuatorianas. Me parece estar escribiendo desde otro planeta. A menudo se nos acusa a las feministas del primer mundo de escribir desde una determinada concepción del mundo: una concepción blanca, de clase media… Quienes hacen esas críticas tienen razón… a medias. Es cierto que nuestra visión del mundo es desde ahí, pero es que ese es el mundo que conocemos. Son las mujeres no blancas, que no provienen de la clase media, ni de países desarrollados las que tienen que incorporar sus experiencias al acerbo común. Por eso ahora me siento impotente. Vivo en una sociedad en la que el problema de la raza no existe (aún). La sociedad española es homogénea porque no hemos recibido migrantes hasta hace muy poco.

ARMARIO Y FEMINISMO

Publicado en Mirales el 1 de octubre de 200

Aunque no comprendo que una lesbiana pueda no ser feminista –entre otras cosas porque si no se garantizan los derechos de las mujeres ni siquiera habría lesbianas- cada vez entiendo mejor a esas lesbianas que dicen que no son mujeres (desde Monique Wittig hasta muchas amigas mías).

CANSADA DE SER LESBIANA

Dos de febrero de 2008

¿Existen las lesbianas? Y si existen... ¿Dónde están?

Parece que todos tenemos claro que existen los gays. Son políticos, actores, escritores, cantantes, presentadores de televisión, son gente maja y glamourosa a la que cualquier persona progresista quiere tener cerca. Hace años, en la principal organización de lucha por los derechos de las personas homo-transexuales decidimos emplear técnicas de acción positiva y situar a lesbianas a la cabeza de nuestras organizaciones. Así ocurrió que fuimos lesbianas las que llevamos a cabo la lucha por los principales cambios ocurridos en materia de derechos de gays, lesbianas y transexuales en este país. Hubo un momento en concreto que éramos lesbianas casi todas las presidentas de los principales grupos del país, empando por la FELGTB que agrupa a todos los demás, cuya presidenta era yo misma.  Teníamos la esperanza, de que nuestra visibilidad animara a las demás lesbianas a visibilizarse también. Teníamos la esperanza de que nuestra visibilidad constante en los medios rompiera esos armarios de plomo (de plomo y de cristal) en los que las lesbianas refugian su miedo, porque ya no se puede llamar de otra manera; su miedo y su comodidad; su miedo,  su comodidad, su hipocresía.

GÉNERO, SEXO, CUERPO Y DISCAPACIDAD

Revista Andaina. Monográfico “Cuerpos de mujer”—Octubre 2007







Soy mujer, lesbiana y persona con discapacidad, tres circunstancias que son en esta sociedad datos de discriminación. Tres conceptos, además fundamentales para la definición y autodefinición de una persona. Conceptos que remiten a género, sexualidad (orientación sexual) y cuerpo (sexo) y por eso cuando decimos “mujer, lesbiana y discapacitada”, tenemos que hacer referencia a los discursos sobre el género, sobre la sexualidad y sobre el cuerpo. Discursos que se articulan unos con otros y de los cuales ninguno es más o menos importante porque las opresiones no pueden compartimentarse. Antes suponía que esos tres discursos de opresión y limitación se superponían de manera simple, sumándose. Pero con el tiempo he aprendido que no, que las cosas no son tan sencillas y que en determinadas situaciones, las múltiples discriminaciones pueden tener el efecto de anularse unas a otras. Creo que en lo referente a la sexualidad las mujeres lesbianas con diversidad funcional puede ver atenuada esta circunstancia debido a su lesbianismo.

ENTREVISTA: SER LESBIANA TIENE MÁS QUE VER CON SER MUJER QUE CON SER HOMOSEXUAL

24 de abril de 2006

http://www.siis.net/documentos/hemeroteca/64242.pdf

B. Gimeno (Presidenta de la Federación de Gays y Lesbianas): 'Ser lesbiana tiene más que ver con ser mujer que con ser homosexual'. 

UNA APROXIMACIÓN POLÍTICA AL LESBIANISMO

Publicado el 8 de marzo de 2005

El presente artículo es una aproximación a un tema que es central en las tesis de la llamada teoría feminista lesbiana: la posibilidad que las mujeres tienen, todas las mujeres, para optar por un estilo de vida y una sexualidad lesbiana. Defendiendo un  construccionismo radical de la sexualidad, tal como defendía el feminismo en los años 60 y 70. La autora reflexiona sobre esta posibilidad, defiende que es algo que está al alcance de cualquier mujer, que es una opción que puede resultar liberadora y reflexiona también sobre las causas que han hecho que dicha posibilidad haya desaparecido del panorama interpretativo de la realidad que hace en la actualidad el feminismo.

LAS LESBIANAS Y EL HOLOCAUSTO

24 de agosto de 2004


En los últimos años, y de forma paralela a la consecución de derechos por parte de la comunidad gay, se ha producido un esfuerzo por recuperar la memoria de la persecución nazi sobre los homosexuales. Paradójicamente este recordatorio, necesario y justo, ha contribuido a perpetuar la invisibilidad de las lesbianas.

Históricamente, la presunción de heterosexualidad sobre las mujeres, y la persecución y control sobre su sexualidad han sido tan fuertes, que las acciones explícitas sobre aquellas que disienten, pueden no ser tan siquiera necesarias. En 1935 el ministro de Justicia se negó a incluir a las lesbianas en la ley que penalizaba la homosexualidad masculina. Esencialmente arguyó que las lesbianas eran muy difíciles de detectar. En realidad eso no tenía importancia porque las que eran muy fáciles de detectar eran las mujeres. Los nazis creían más en el poder de la intimidación que en el de la legislación. Los lugares de reunión de lesbianas fueron cerrados y ellas obligadas a parecerse al ideal de feminidad nazi. El camuflaje se hizo necesario para la supervivencia. Después de 1933 muchas lesbianas se casaron para evitar la presión social sobre las mujeres solteras. Pero ser mujer era peligroso en el régimen nazi.

Cualquier mujer podía ser detenida y encarcelada por casi cualquier cosa. como ocurre todavía, cualquier mujer independiente puede ser tachada de lesbiana. Lo peligroso no eran las lesbianas, sino las mujeres, el sexo de las mujeres, la independencia de las mujeres. Cualquier marido podía denunciar a su mujer por lesbiana, por prostituta, por no cumplir con sus deberes de buena alemana. Cualquier mujer no casada, cualquiera que no tuviera hijos, cualquiera que fuera promiscua o lo pareciera, era sospechosa, sino culpable. El crimen era ser mujer en una sociedad misógina, ser lesbiana un agravante,  una circunstancia más. Las mujeres, las lesbianas, eran identificadas en los campos de concentración con el triángulo negro de las “asociales”, el color que los nazis adjudicaban a los socialmente desajustados, y dentro de esta categoría entraba cualquier mujer que desafiara las normas. Su crimen era su propia existencia. Su crimen no era un crimen identificable como el de los gays.

Poco después de que se decidiera erigir en Berlín un monumento a los homosexuales víctimas del nazismo, las disensiones se hicieron patentes en la comunidad gay. Lo que se discutía era si las lesbianas debían ser incluidas como víctimas. Mientras algunos hacían notar que las leyes contra la homosexualidad fueron empleadas específicamente sólo contra los gays, las mujeres enfatizaban que las lesbianas habían vivido en el terror.

El problema es que las lesbianas a veces vienen a subvertir lo que la mayoría de la gente entiende por homosexualidad. Por decirlo simplemente, no todos los homosexuales son hombres y esto no siempre es bien comprendido. Por ejemplo, en el Museo del Holocausto que hay en los EE.UU, las lesbianas no existen más que en relación a los gays . En la Enciclopedia que allí se puede consultar, la palabra “lesbiana” remite invariablemente a la palabra gay. El triángulo rosa y el párrafo 175 de la ley antihomosexualidad de Alemania aparece en la pantalla, asumiendo que el triángulo y la ley hacían referencia a las lesbianas.

Los historiadores también se han negado a comprender la realidad de las lesbianas en los campos y, muy a menudo, explican las relaciones lésbicas que allí se desarrollaban como provocadas por la falta de hombres: “como en muchas prisiones, en los campos de concentración mujeres que en cualquier otra situación hubieran aborrecido el lesbianismo, podían aquí gradualmente deslizarse hacia una aceptación de dichas prácticas”. Esta explicación es tan corriente que las mismas lesbianas han acabado por creerla. Annalise W. Es una superviviente del campo para mujeres de Ravenbruck que escribe “…había muchas lesbianas allí, pero no sé si éramos antes así o fue el hecho de estar allí encerradas lo que nos hizo así”.

Si entendiéramos la heterosexualidad como resultado de la vivencia de una situación desesperada, nuestro recuerdo de Ana Frank se vería considerablemente alterado. Después de todo ella escribió en su diario que, antes de vivir encerrada, se sentía activamente atraída por las chicas. Esta parte del diario ha sido convenientemente ignorada, pero conviene recordarla en toda su extensión.

“Ya había tenido ese tipo de sentimientos inconscientes antes de estar aquí porque recuerdo que, una vez, mientras dormía con una amiga, sentí un fuerte deseo de besarla y lo hice. Me sentía terriblemente curiosa con respecto a su cuerpo. Pero ella lo mantenía siempre oculto y escondido para mí. Le pedí que, como prueba de amistad, nos tocáramos una a otra el pecho. Ella se negó. Entro en éxtasis cada vez que veo a una mujer desnuda, como a Venus por ejemplo. Me parece tan maravilloso y tan exquisito que tengo dificultad para controlar las lágrimas. ¡Ojalá tuviera una novia!»

No había una novia para Ana en su escondite. En cambio estaba su mejor amigo y pronto adorado Peter Van Daan. El día después de escribir lo anteriormente expuesto, Ana confesaba: “mi necesidad de hablar con alguien ha llegado a ser tan intensa que de alguna manera me he convencido de que he elegido a Peter”, la elección de esta compañía la repelía al principio: “cuando estoy en la cama y pienso en la situación, la encuentro lejos de ser estimulante, y la idea de tener que rogar a Peter, me parece simplemente repelente”.

No obstante todo lo anterior, la relación de Ana Frank con Peter nunca ha sido minimizada por ser considerada propia de una adolescente o causada por las circunstancias o por la falta de compañía femenina. Ana Frank vivió y murió en un mundo similar al nuestro, un mundo que presume que ella era (y debía ser) heterosexual.

Este artículo está basado en uno de Amy Elman “Lesbians and the Holocaust”


LESBIANISMO Y VEJEZ, UNA COMBINACIÓN NO DEMASIADO MALA

 17 de enero de 2004

Vivimos en una época que ha convertido la vejez en una palabra sucia. La gente gasta mucho dinero, esfuerzo, tiempo, salud, en parecer más joven de lo que es realmente. Operaciones, cosméticos, tratamientos muy costosos y dolorosos… en una loca carrera para huir de algo que, indefectiblemente, nos terminará alcanzando.

EL ECLIPSE ERA POLÍTICO

Imagino a las comentaristas de derechas diciendo: “¡Ahora resulta que hasta el eclipse es woke!” O bien: “¡La atención al eclipse es cosa de...