Publicado en Público el 13 de diciembre de 2020
Cristina Pedroche, en el programa de TV ‘El Hormiguero’, con algunos de los vestidos que ha llevado en la retransmisión de las campanadas de Nochevieja.
Me hackearon el anterior blog. Aquí he vuelto a poner en línea todos mis artículos, charlas, conferencias, clases, libros... desde 1999 porque es un archivo que recibía muchas consultas. Al fin y al cabo, todo lo que ha pasado en estos años...está ahí. (La fecha real de publicación es la que aparecen en el comienzo del artículo) No he modificado nada incluso aunque haya cosas con las que ahora no esté de acuerdo. Lo publicado ahí está; demuestra también cómo hemos cambiado el mundo y yo.
Publicado en Público el 13 de diciembre de 2020
Cristina Pedroche, en el programa de TV ‘El Hormiguero’, con algunos de los vestidos que ha llevado en la retransmisión de las campanadas de Nochevieja.
Publicado el 12 de junio de 2013
Los modistos, esos gurús contemporáneos con el poder de diseñar el cuerpo de las mujeres, lo tienen claro. Primero diseñan un traje que imaginan puesto encima de un alfiler; es posible que les parezca que ahí encima -sin cuerpo- «su obra» luce mucho mejor. Basta con poner, por ejemplo, «bocetos moda» en google para ver sobre qué supuestos cuerpos diseñan la ropa que luego se van a tener que encajar las mujeres.
Este es sólo un pequeño ejemplo, pero cualquiera puede hacer la prueba.
Como esta mujer es un poco rara, vamos que podría venir del espacio exterior, lo que se hace es hacer muñecas que tengan exactamente esa pinta. Barbie es un ejemplo archiconocido, pero como Barbie está un poco anticuada, en cuestiones de muñecas no se deja de innovar, pero todas con un cuerpo parecido. Ahora tenemos las posmodernas Monster high. El nombre de «monstruo», les viene bien a las muñecas y nadie se lo toma en serio, pero monstruos -en el sentido etimológico de la palabra- serían las mujeres que tuvieran un cuerpo siquiera parecido a estos.
Pero las muñecas no son inocentes; son juguetes con los que las niñas van aprendiendo modelos, en este caso modelos físicos. Antes las niñas aprendían a ser mamás con los muñecos bebés y muñecas con las que se practicaba la maternidad, pero que no pretendían parecer reales. Ahora, siguen existiendo los bebés, pero cada vez más las niñas quieren estas muñecas que lo que te enseñan es a ser guapa y moderna, divertida y sexy. Así aprendes también, de paso, que lo mejor es ir ahorrando en cuanto puedas para pagarte un buen cirujano plástico (Y ni es broma ni exageración, vistas las cifras de adolescentes que piden operaciones de cirugía estética como regalo de cumpleaños).
Por si alguien se confunde y llega a pensar que estas muñecas no son reales ni pretenden serlo, que no son más que un juego inocente y que en nada se parecen a las personas reales, entonces estos mismos diseñadores-sádicos van y convierten a personas reales, a modelos de éxito, a cantantes o actrices muy conocidas y admiradas, en esas mismas muñecas o en esos mismos bocetos, para que creas que ese cuerpo puede llegar a tenerse, aunque sea a través de un lejano parecido. Es posible que creas también que si tienes ese cuerpo tienes más posibilidades de alcanzar el éxito.
Vease aquí lo que ha hecho el diseñador Roberto Cavalli con Beyoncé. La Beyoncé muñeca monster y la de verdad, que al diseñador le parecía ancha y gorda.
Y finalmente, si piensas que nadie puede creer que ese cuerpo tiene ninguna relación con la realidad, ellos te dicen que sí. Después de hacer el boceto sobre un alfiler, se trata de que los cuerpos de las mujeres se parezcan al alfiler. Esta foto de Pamela Anderson se supone que es real. Según Mario Testino, el fotógrafo, la sesión se hizo con el mínimo maquillaje y sin fotoshop, así que intentan venderla como una imagen natural. Ella es así, se nos dice, tú también puedes ser así.
Vivimos en una cultura visual que pretende modificar el cuerpo femenino a partir de fantasías masculinas. No hay manera de escapar a la imposición de estos modelos. Todas nos sentimos en alguna ocasión gordas o anchas o triponas comparándonos con estos modelos inexistentes, con unas muñecas monster o con un alfiler. A todas nos mina la autoestima sentir que nuestros cuerpos reales están a años luz de lo que se supone que deberían estar, por mucho que sepamos que es una locura. No puede haber no ya igualdad, ni siquiera un atisbo de igualdad, mientras estas imágenes no sean públicamente ridiculizadas, públicamente y socialmente denostadas, mientras no exista tal presión social contra ellas que dejen de ser usadas como sinónimo de éxito y/o como modelo a seguir. Mientras tanto…seguimos en la línea de partida.
19 enero DE 2004
A pesar de que no me parezco en nada a Greta Garbo , no tengo ni pizca de glamour y debo vestir fatal, amen de cuidar poquísimo mi maquillaje, sí que tengo algo que puede compensar todas esas inconveniencias que hacen que mi persona lesbiana resulte tan poco interesante: leo el «Hola». Y sí, antes me daba vergüenza admitirlo, pero ahora necesito decirlo para que se me perdone todo lo anterior. Leo el «Hola» casi como si fuera Isabel Preysler, aunque ya sé que el hábito no hace al monje y ni con el «Hola» en la mesilla le llegaré yo a ese símbolo de la feminidad y del buen gusto ni a la suela de los zapatos, especialmente si los zapatos son de tacón. Leo el «Hola» y disfruto, aunque lo malo mío es que ni siquiera leyéndolo puedo convertirme en la lesbiana-mujer que debo ser y el «Hola» me genera unos pensamientos que deben ser lo contrario de tener estilo y buen gusto. No puedo evitarlo.
(7 de junio de 2000)
Hace poco alguien de COGAM me comentó que las mujeres del grupo de Lesbianas éramos, la mayoría muy feas. Y aunque ese es un comentario que las lesbianas escuchamos habitualmente, el hecho de que esta vez proviniera de un gay hizo que le prestara un poco más de atención. Esa misma tarde observé atentamente a las mujeres que nos habíamos reunido para la actividad habitual de los viernes y me dije que no tendría problema en reconocer que, más allá del tópico, muchas de nosotras resultaríamos poco atractivas para la mayoría de los hombres, tanto gays como no gays que en esto, al parecer, su mirada es exactamente la misma.
Imagino a las comentaristas de derechas diciendo: “¡Ahora resulta que hasta el eclipse es woke!” O bien: “¡La atención al eclipse es cosa de...