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¿QUÉ ES UNA MUJER?

Publicado en Píkara el 14 de febrero de 2024


Esta es una pregunta trampa que le hacen periódicamente a Irene Montero con la única intención de generar un poco de ruido por las redes. Sin embargo, si es una pregunta plausible es porque, en realidad, no es fácil de responder. Por una parte todo el mundo sabe lo que es una mujer; es decir, hay una definición que suponemos compartida (aunque no sea así) por la mayor parte de la humanidad. Pero, por otro lado, parte de esa definición, o toda, lleva siglos puesta en cuestión por algunas corrientes de pensamiento, especialmente feministas; hay filósofas que han dedicado obras monumentales a responderla. En Carta de una mujer indignadaWassyla Tamzaly, por ejemplo, una mujer que reivindica el feminismo ilustrado frente a, digamos, el feminismo posmoderno, escribe que la pregunta “¿qué es una mujer?” es la pregunta fundamental que ha llevado al feminismo a hacer frente al orden patriarcal. Esa pregunta, radical y política, dice, es la única capaz de sacarnos del caparazón del sistema patriarcal. Es obvio que si la respuesta a esta pregunta fuera “una persona con vagina” o una “hembra de la especie humana”, la pregunta no tendría ningún sentido.

UNA LECTURA QUEER DE LA PROSTITUCIÓN

Publicado en Sara mago el 12 de octubre de 2012


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Es hora de que las feministas críticas con la institución prostitucional cambiemos completamente de paradigma argumentativo en relación con uno de los debates más antiguos, más enconados, más crispados y, quizá, más confusos que se vienen manteniendo dentro del feminismo. Nunca he podido entender cómo es posible que uno de los ejemplos más claros de mercantilización del ser humano pudiera ser defendido por personas que se dicen profundamente anticapitalistas, ni entiendo tampoco cómo es posible que uno de los negocios más lucrativos del mundo y más explotadores, uno de los que genera más dinero a las mafias, no sea ardorosamente atacado por personas que se dicen de izquierdas. También me cuesta entender cómo una institución creada por el patriarcado como uno de sus pilares, una institución que juega un papel fundamental en determinada construcción sexual y de los géneros, ha terminado siendo defendida por feministas. A estas alturas del debate ya sabemos que las posturas favorables a la prostitución son mayoritarias en los ambientes más radicales, de izquierdas, alternativos o queer.

DESEO QUEER

Publicado en Pikara el 11 de abril de 2012

Beatriz Gimeno recuerda que la atracción puede dirigirse hacia cuerpos, identidades o roles no normativos, independientemente de la orientación sexual

Imagen: Señora Milton

Deseo queer

Cuando pensamos en lo queer pensamos en alguien queer, en personas queer. Cuerpos que no siguen la normatividad corporal, identidades que rompen con la coherencia que se espera entre género y sexo, orientaciones completas del deseo que rompen también con la relación entre cuerpo, identidad y deseo, roles sociales y sexuales no normativos…Todas estas cosas podemos pensarlas como propias de personas queer, pero pocas veces pensamos en la posibilidad de un deseo queer autónomo de lo anterior. Pero el deseo, y no me refiero a las prácticas, ni a la orientación sexual tal como la conocemos, puede ser queer aunque pocas veces hablemos de ello o lo visibilicemos. El deseo “raro” permanece sumergido en la invisibilidad o se visibiliza, como mucho, en los márgenes, en la oscuridad de los espacios mentales y físicos en los que ocultamos lo que, por la razón que sea, sabemos que no es aceptable, que no goza de legitimidad para expresarse.

Hombres y mujeres pueden sentir un deseo autónomo por mujeres heterosexuales con pene, por hombres heterosexuales sin pene, por lesbianas con pene, por lesbianas sin tetas, por gais con tetas, clítoris o vagina… Y estas y más combinaciones corporales o identitarias podemos mezclarlas con identidades diversas, con orientaciones diferentes, con roles sexuales y sociales y con prácticas diversas que muestran poca o ninguna coherencia con la norma sexual y social

Por ejemplo, sabemos, todo el mundo lo sabe, que muchos hombres sienten deseo por cuerpos biológicamente masculinos, o genitalmente masculinos al menos, pero que tengan al mismo tiempo tetas y que asuman un rol social femenino, aunque puedan asumir roles sexuales masculinos…(o no). Por lo general, el único espacio en el que este deseo concreto se visibiliza es en la prostitución, en la demanda de mujeres transexuales con genitales masculinos funcionales. El hecho de que el único espacio de visibilización sea en la prostitución hace muy fácil estigmatizar este deseo o convertirlo en algo sórdido, como todo lo que rodea la prostitución.

Solemos despachar el asunto con el argumento fácil y rápido de que en realidad, los demandantes de este tipo de prostitución son gais vergonzantes que se hacen pasar por heterosexuales, que en realidad lo que buscan cuando dicen buscar una mujer es una buena polla. Así, los heterosexuales respetables los desprecian por gais y las personas LGTB los despreciamos por armarizados, por imaginarles presos de una enorme dosis de homofobia internalizada. Es una manera de poder dar coherencia a todo el lío; si buscan una polla son gais, sin más y el resto: el cuerpo, el rol sexual o la identidad femenina son la excusa para hacerse pasar, ante sí mismos y ante los demás, como heterosexuales. Pero, ¿y si no fuera así? ¿Y si simplemente hay hombres heterosexuales que desean mujeres con pene y si las buscan en la prostitución es porque es el único lugar donde encontrarlas? ¿Y si un deseo como éste –u otros- fuera autónomo de ninguna razón, de ninguna explicación, de ninguna falta?

Aunque supongo que habrá entre todos esos hombres algunos, o muchos, gais con un alto grado de homofobia internalizada, podemos suponer también que no tienen por qué serlo todos ellos; podemos pensar que el deseo, el de las mujeres y el de los hombres, puede simplemente dirigirse a cuerpos, a identidades, a orientaciones, a roles queer, es decir, extraños, no coherentes, no normativos. Hombres y mujeres pueden sentir un deseo autónomo por mujeres heterosexuales con pene, por hombres heterosexuales sin pene, por lesbianas con pene, por lesbianas sin tetas, por gais con tetas, por lesbianas femeninas con pene, por lesbianas masculinas con tetas, por lesbianas sin tetas, por gais con clítoris y vagina… Y estas y más combinaciones corporales o identitarias podemos mezclarlas con identidades diversas, con orientaciones diferentes, con roles sexuales y sociales y con prácticas diversas también que muestran entre ellos poca o ninguna coherencia con la norma sexual y social. Y eso sin contar, además, con la posible fluidez de cualquier deseo, con el cambio, con la posibilidad de estar en un determinado lugar del deseo y cambiar y estar en otro.

Los deseos queer son deseos sin más, que no expresan ningún problema de quien los siente, aunque son deseos socialmente peligrosos porque ocupan espacios sociales y mentales que rompen con la coherencia normativa que rige respecto a la sexualidad.

Estos deseos, y cualquier otro que se nos ocurriera, además, pueden darse sin que el deseo en sí tenga por qué decir nada de la persona que los experimenta, sin que dichos deseos expresen ninguna falta, ningún problema; son deseos sin más, aunque son deseos socialmente peligrosos porque ocupan espacios sociales y mentales que rompen con la coherencia normativa que rige respecto a la sexualidad. Todos estos deseos se expresan en espacios, materiales e imaginarios, que se suponen imposibles de pensar y que, sin embargo se piensan y que también encuentran siempre manera de gozarse. Con la expresión de estos deseos se rompe el edificio de la sexualidad hegemónica y normativa y no es posible identificar al cuerpo y la identidad dominadora (el hombre) y al cuerpo y la identidad dominada (la mujer) con lo que se pone de manifiesto la artificialidad de todo el edificio.

Por tanto hay personas queer y hay deseos queer que pueden darse –y que de hecho se dan- en personas que no son queer o que no se identifican como tales; hay deseos raros, hay deseos no normativos, hay deseos que luchan por visibilizarse desde los márgenes, desde lo que no se considera legítimo y, desde luego, tampoco igual. En todo caso, es hora de (re)pensar el deseo y no sólo las identidades, las orientaciones y los cuerpos. 


AMORES DESGENERADOS

 Ponencia pronunciada en Lima 22 de octubre de 2009. Centro cultural de España

Mi ponencia no es exactamente una ponencia. Tampoco es la presentación de mi libro, ya lo presenté ayer, y si voy a hablar de él es porque era demasiado tentador tener esta novela recién publicada y no hablar de ella en un coloquio que se llama “amores desgenerados”: Mi novela se ajusta perfectamente al tema de estas jornadas. La pega es que no me gusta hablar de mis novelas en términos de tesis, como si fueran ensayos. No lo es, es una novela y como en todas mis novelas, en realidad, el tema es secundario y me importa mucho más la forma. Pero como digo era en este caso demasiado tentador.

EL ECLIPSE ERA POLÍTICO

Imagino a las comentaristas de derechas diciendo: “¡Ahora resulta que hasta el eclipse es woke!” O bien: “¡La atención al eclipse es cosa de...