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"SI ESCRIBO SOBRE LACTANCIA NO ES PARA CONVENCER A NADIE..."

 Publicado en Pikara el 17 de octubre de 2018


Beatriz Gimeno a la entrada de la Asamblea de Madrid./ Foto cedida por la entrevistada

Beatriz Gimeno a la entrada de la Asamblea de Madrid./ Foto cedida por la entrevistada

Beatriz Gimeno (Madrid, 1962), activista social y polémica escritora que cuestiona dentro los feminismos posturas polarizantes en temas como la prostitución, las sexualidades y la igualdad, apela a su autonomía intelectual e invita a debatir la forma en que actualmente se vive la lactancia materna en España en una búsqueda constante de aprender a hacer uso de la escucha activa.

— ¿Se puede entender que la crítica que haces a la lactancia exclusiva es que trata de mantener el statu quo de las clases media y alta?

— Es verdad que claro que hay una cuestión de clase y aspiracional en la defensa a ultranza de la lactancia exclusiva y creo que quien más defiende la lactancia intensiva son mujeres de clase media que además son quienes se lo pueden permitir. Luego hay un sector aspiracional que quiere compartir estos mismos ideales porque finalmente la lactancia es también una cuestión identitaria.

— En el libro haces mención de estudios anglo y nórdicos, ¿crees que justo porque la lactancia es una cuestión identitaria, se están exportando ideales hegemónicos que no corresponden a la realidad en España?

«ES NECESARIO ENTENDER CÓMO SE CONSTRUYEN LAS DECISIONES DESDE EL PUNTO DE VISTA ESTRUCTURAL: ¿A QUÉ SE NOS EMPUJA? ¿A QUIÉN BENEFICIA?»
— Claro, hay una lucha por la hegemonía identitaria -por lo menos en Occidente- y eso es lo que tiene de fascinante el tema de la lactancia, porque en el libro trato de analizar cómo distintos factores que conforman los ideales de la lactancia terminan por mezclar conceptos contradictorios: por un lado, defienden la idea de que la lucha de la lactancia exclusiva tiene que ver con  el anticapitalismo y la ecología, pero por otro lado, también se asumen como biologicistas, con la naturalización los roles de género en donde las mujeres tienen que estar al servicio de la crianza.

— Y sin embargo, ¿consideras que en España hay resistencias ante este discurso hegemónico?

— En este tema de la lactancia o en el caso de la prostitución, por mencionar algunos tan polarizantes, lo que yo preguntaría es: ¿dónde queda la complejidad? Porque actualmente, por la forma en la que nos relacionamos mediante redes sociales, parecería que ahí la complejidad no cabe en los debates. Y es necesaria para analizar nuestras decisiones y elegir libremente, no sólo porque quiero sino porque entiendo cómo se construyen las decisiones desde el punto de vista estructural: ¿A qué se nos empuja desde las estructuras, a quién benefician estas decisiones de la lactancia exclusiva, cómo se conforman? Que ninguna decisión esté condicionada por cuestiones que pueden generar sufrimiento y desigualdad. Si decenas de mujeres me han escrito para darme las gracias por ese libro, y para contarme historias de sufrimiento, es que hay un problema. Claro que también hay mujeres que son felices con la lactancia, y qué agradable que se les dé bien, pero hay gente que sufre mucho y eso hay que tenerlo en cuenta.

— ¿Cómo se pueden empezar a generar políticas o acciones desde el Estado para que esta complejidad esté presente y deje de ignorarse?

— Desde las instituciones se dice que se respeta la decisión de las mujeres sobre la lactancia, pero no es verdad. Se tendrían que generar políticas en las que se apoyen la lactancia y la leche de fórmula y no dar por hecho que dar de mamar es necesariamente mejor. Es mejor para quien sea mejor. Si las consecuencias de dar de mamar son malísimas para tu salud mental o para tu salud física, entonces no es mejor. Hay toda una generación de personas que creció con biberón. Me interesa entonces que desde el Estado se pueda desmitificar la lactancia y tomar en cuenta cómo esta mistificación ha generado consecuencias en las mujeres, en la forma en la que viven sus deseos, en su situación económica. El objetivo de las políticas desde el Estado tendría que ser generar bienestar en la crianza, para la madre y para el bebé.

— ¿Quién tendría que empezar a desmitificar todo esto, por dónde empezamos? ¿El Congreso de Diputados, las instituciones de salud, los movimientos sociales de mujeres?

— Esa labor la tendría que hacer el feminismo y pedirlo a las instituciones. Dentro de las instituciones, las mujeres en política. Si yo fuera ministra obligaría a que se apoyara y se enseñara a quienes deciden dar de mamar y también a que se enseñen otras opciones de crianza a quienes no quieren dar de mamar.

«OBLIGAR A UNA MADRE A DAR DE MAMAR ES CONVERTIRLA AL SERVICIO DE UNA CAUSA, COMO CUANDO SE NOS PONÍA A PARIR SOLDADOS AL SERVICIO DE LA PATRIA»
Aunque quizá me acusarían de estar violando los mandatos de la OMS o de ser fanática. Tendría que ir de abajo y pedirse arriba, como la mayoría de los movimientos sociales. Sin embargo creo que no parece posible, porque quienes hacemos política estamos construyendo debates identitarios que contienen marcos mentales cerrados y por lo tanto no hay posibilidad de escucha; yo largo mi rollo, la otra larga el suyo y no hay posibilidad de decir: “Oye, en eso que dices pues a lo mejor tienes razón”. La escucha activa parece imposible. Y creo que tiene que ver con la posmodernidad, la influencia del neoliberalismo y cómo el neoliberalismo está haciendo de nuestras opciones políticas opciones identitarias cerradas a cualquier aprendizaje. Estamos en una especie de mercado de identidades enteras en donde compras todo en pack.

— ¿El objetivo de tu libro, entonces, sería visibilizar que todavía existe un control sobre los cuerpos de las mujeres y que la lactancia legítima este “servicio a la sociedad” que se impone a las mujeres?

— Exacto, la lactancia se está usando para reforzar significados muy antiguos y muy poco feministas. No se puede convertir la lactancia en una obligación de cuidado porque entonces se nos destina a todas las mujeres a ser cuidadoras, despojándonos de nuestra subjetividad: habrá mujeres que quieran y mujeres que no. Obligar a una madre a dar de mamar es convertir a esa madre en un instrumento al servicio de una causa como ya lo hemos sido, por ejemplo cuando se nos ponía a parir soldados al servicio y cuidado de la patrias.

— Hay muchas mujeres que son madres, que tienen que cumplir con dobles jornadas de trabajo, que no se nombran feministas y que no pueden hacer uso del espacio público pero que deberían de ser tomadas en cuenta por las reivindicaciones de los movimientos feministas y creo que no está sucediendo…

— Esto que dices es el meollo de la política, pero no sólo con las madres,: ¿cómo hacemos con esos trabajadores que no tienen nada y que no van a las marchas, que no son socialistas, o sindicalistas? Creo que paso algo igual. Y de lo que trata la política es de ampliar los márgenes de bienestar. Sí, eso es muy complicado y vamos a definir qué es bienestar, pero hay que ampliar y no restringir, y en el caso de la lactancia pasa esto: hay quienes disfrutan la lactancia, hay quienes están contentas con dar biberón, pero las actuales políticas están restringiendo a una sola opción. Hay que dejar de crear una sola idea de qué es bueno, seguir cuestionando y arrebatando privilegios.

— ¿Arrebatar privilegios a los hombres o extender y ampliar su papel en la crianza?

«DENTRO DE LOS PARTIDOS LA LACTANCIA NO SE CONSIDERA UN PROBLEMA POLÍTICO, NO SE DISCUTE Y SI VAS A SACO TE SIENTES SOLA»
— Ellos son los privilegiados del patriarcado, por lo tanto, lo que les genere bienestar, como lo pueden entender ellos, puede estar reñido con lo que las mujeres estamos buscando respecto a nuestro bienestar. Yo creo que en un mundo basado en el bienestar general sería bueno para todas y todos tener tiempo para cuidar y tener tiempo para ti. Dicho esto, sigo creyendo que ellos no se van a implicar porque cuestionar la crianza es quitarles privilegios.

— Regreso a esto de arrebatar y cuestionar privilegios. Cuando dices que te acusarían de cuestionar a la OMS, estás justamente cuestionando a las instituciones desde el feminismo, ¿no?

— Claro. Parece que no hay que meternos con lo que dice la ciencia sobre las mujeres, pero ademas la OMS es una institución política, no científica. La OMS se dedica a la política de la salud y podremos estar de acuerdo en algunas cosas y en otras claramente no porque tiene sesgos racistas, androcéntricos, clasistas, etc. Y sí, la labor del feminismo es cuestionar la voz del privilegio que sale de estas instituciones.

— Y por eso, porque por ahora eres parte de “las instituciones”, quisiera saber si desde tu experiencia existe algún atisbo de que esta discusión no se quede sólo sobre el libro, sino en encontrar caminos que puedan tener impacto, de arriba hacia abajo…

— Por mi experiencia en el activismo LGTB, siempre digo que la lucha social debe de iniciarse con el debate desde la sociedad y los movimientos. Ahora mismo la hegemonía de la crianza con apego o intensiva es muy fuerte y yo tengo amigas que están de acuerdo conmigo, con lo que cuestiono pero cuando tienen a su bebé me dicen que no pueden, que tienen culpa, y la culpa de las mujeres es una de las herramientas más terribles cuando nos enfrentamos a cualquier institución patriarcal y a nuestra propia vida. La culpa es casi material, casi que la tocas. Las feministas abrimos un huequito en el entramado institucional, entramos, pero luego vuelve a cerrarse porque lo que tienes encima es un sistema de “sentido común” que parece irrompible. Y dentro de los partidos políticos, ahora mismo, el “sentido común” es que la lactancia no es un problema político. No se discute y tampoco puedes ir a saco porque te sientes sola y es duro. Así que no dices nada porque no quieres recibir golpes de todos lados.

— ¿Y entonces por qué seguimos?, ¿por qué Beatriz Gimeno sigue hablando de estos temas incómodos si parece que no van a ningún lado?

— Me estimula mucho cuando alguien me dice que el libro le ha servido, aunque no esté de acuerdo. Yo trabajo muy aislada, no estoy en la academia, no tengo mucho contacto con nadie mientras escribo. Y como no estoy tan metida en movimientos o lugares específicos puedo escribir mis libros sin presión y mi objetivo es que lo que escribo sirva para el debate, no tanto para convencer a nadie, sino para complejizar y aprender. Tengo la esperanza de abrir huecos que mejoren las vidas.

— ¿Entonces tienes esperanzas?

— Yo siempre lo discuto con mis compañeros: parece que el pesimismo es de derechas pero yo soy pesimista y ello no me ha impedido tratar de construir algo que haga que las vidas valgan lo mismo. Yo salgo de las instituciones con una sensación muy pesimista, aunque tampoco es que sea una sorpresa; ya lo sabía cuando estaba fuera. Mi visión ha cambiado muy poco y por ello valoro enormemente a las personas que, conociendo la verdad se quedan y están dispuestas a pelear dentro de las instituciones -como las mujeres que trabajan el feminismo dentro de los partidos-. La historia te anima, porque sabes que también a veces ocurren estallidos de dignidad o incluso de felicidad. Quizá me conformaría con esto, con seguir construyendo esperanza histórica.

"SE HA PRODUCIDO UNA PRIVATIZACIÓN DE LA MATERNIDAD"

Publicado el 12 de agosto de 2018 en CUARTO PODER


El germen del último libro de la diputada de la Asamblea de Madrid, Beatriz Gimeno, parte de una experiencia personal. Tuvo a su hijo hace 30 años y decidió no darle el pecho. Entonces, comenzaron las presiones en el hospital, donde incluso le negaron los biberones durante las primeras horas o las pastillas para retirar la leche. No reparó más en este capítulo hasta que en 2011 publicó un artículo en Píkara Magazine y recibió varias cartas de madres confesando que les había ocurrido lo mismo. Descubrió que esa sensación desagradable iba más allá de una situación individual y que la obsesión por imponer la lactancia estaba generando problemas en más mujeres.

Así nació el libro ‘La lactancia materna. Política e identidad’ (Cátedra, 2018), donde Gimeno resquebraja algunas de las creencias más espolvoreadas sobre la maternidad. El sentido común no es tan común. Ni todas las madres han dado siempre de mamar, ni se han vinculado a sus hijos a través del apego, ni hay una maternidad más natural que otra. La autora aclara: “No cuestiono la lactancia, sino la ortodoxia con la lactancia». Cuartopoder.es charla con ella sobre esta cuestión.

–¿Por qué la lactancia es una cuestión política?

–Porque todo lo que se refiere a ortodoxias corporales y a roles de género es una cuestión política. La lactancia se ha manipulado a lo largo de la historia para incidir en los roles de género.

–Este libro comienza con una experiencia personal. En los últimos años estamos viendo todo tipo de discusiones entre las partidarias del biberón y las del pecho, sobre crianza o sobre si las políticas deberían tomarse o no su baja de maternidad, ¿por qué la maternidad es tan polémica?

«Hay que aplicar la hermenéutica de la sospecha a todo lo que nos dicen que es natural»

–El desencadenante no es solo una experiencia personal. A raíz de un artículo que escribí en Píkara,  empecé a recibir muchas cartas. Incluso, pensé en escribir un libro solo con las cartas. Eso me hizo darme cuenta de que algo estaba pasando más allá de mi experiencia. Creo que las feministas tenemos que poner todo bajo sospecha. Como dice Celia Amorós, hay que aplicar la hermenéutica de la sospecha a todo lo que nos dicen que es natural.

La maternidad siempre ha sido un gran tema para el feminismo. Es una de las cuestiones que sostiene tradicionalmente la cercanía de las mujeres con la naturaleza y, por tanto, su exclusión del mundo de la cultura. La ideología patriarcal la ha utilizado.

–Habla en el libro de que no hay tanto consenso como parece sobre la lactancia materna, pero hasta organismos como la Organización Mundial de la Salud (OMS) insisten en ello. ¿Por qué asegura que no hay consenso científico?

–Porque no lo hay. Pero sobre este tema es inútil discutir porque la gente está convencida de que lo hay sin leer los textos. En el libro, yo recojo artículos publicados en las mismas revistas científicas, no revistas raras, en las que se publican los otros de la lactancia materna. No hay consenso y muchos partidarios de la lactancia reconocen que no lo hay. La OMS también decía hasta hace poco que la homosexualidad era una enfermedad. Sus decisiones también están sujetas a muchos criterios, desde científicos a económicos.

Si los artículos hablan de las bondades de la lactancia, inmediatamente son recogidos por la prensa generalista. En cambio, si no, no salen del ámbito científico. Yo no digo que la lactancia no sea buena, lo es. Lo que digo es que no es ese líquido de oro que sus defensores nos presentan como algo que cura todo, que sirve para prevenir todo. La lactancia es buena, gratis y se puede dar en cualquier sitio, pero si das el biberón no pasa nada. Eso es lo que las ideólogas de la lactancia niegan. Los niños con el biberón se crían igual y no tienen ninguna desventaja.

– En el libro habla de la figura de la nodriza. Su trabajo puede cuestionar ideas que tenemos en la actualidad sobre la lactancia y el apego. ¿Por qué ha recuperado esta figura? ¿Ha sido olvidada deliberadamente en los relatos de la maternidad?

«Las clases más pobres de la sociedad han criado a millones de bebés»

– No sé si han sido intencionadamente olvidadas, pero si se tuviera en cuenta que miles de bebés, en un contexto muy concreto, han sido criados por nodrizas y no por sus madres, todas las ideas sobre que el vínculo se crea solo con la lactancia de la madre se quedarían rotas.

He querido recuperar a las nodrizas porque introducen un factor de clase. Las clases más pobres de la sociedad han criado a millones y millones de bebés a lo largo de la historia y han sido fundamentales para que sobrevivieran. Muchas mujeres no podían dar de mamar, morían en el parto o no querían dar el pecho. Es una figura olvidada. Fueron mujeres cuyas vidas fueron sacrificadas para que otras vidas tuvieran mejores condiciones. En ocasiones, tuvieron que renunciar a sus propios hijos, los subalimentaron o maltrataron para poder sobrevivir… Creí que era una figura que merecía un recordatorio. A veces se dice que, hasta la llegada de los biberones, las mujeres daban de mamar y no siempre ha sido así. No es cierto. Daban de mamar una clase de mujeres que sobrevivían gracias a que hicieron de la lactancia su trabajo.

– De hecho, dedica un capítulo a explicar cómo se relacionan clase social y lactancia, ¿sigue afectando en la actualidad?

– Trato mucho la sociedad anglosajona porque aquí no he encontrado muchos estudios sobre el tema, pero es evidente que las mujeres que necesitan trabajar para vivir tienen que dar el biberón al volver al trabajo y no se plantean más. Hay mujeres en Estados Unidos para las que volver al trabajo es una liberación en este sentido. Por ejemplo, entra las mujeres negras, las tasas de lactancia son mucho menores. Para ellas volver al trabajo es muy importante. Lo viven como una liberación y han luchado mucho por ser independientes económicamente. Además, relacionan la lactancia con la época de la esclavitud donde eran obligadas a dar de mamar a los hijos de los blancos. La cuestión de quedarse en casa dando de mamar está relacionada con mujeres para las que el trabajo no significa la vida. Las tasas de lactancia son menores en mujeres trabajadoras, incluso, en las que trabajan dentro de casa.

– En este repaso histórico también habla sobre cómo los médicos desplazaron a las comadronas, esas mujeres sabias que guiaban a otras mujeres en los partos… ¿Aquí hay otro sesgo machista?

– Eso está muy estudiado. Es la toma de poder por parte de los hombres de actividades relacionadas con la vida, el cuerpo, la crianza, el embarazo y el parto de las que se habían ocupado las mujeres. Los médicos, poco a poco, las van desplazando según se van profesionalizando y van haciendo de ello una profesión remunerada y considerada socialmente. Van desplazando a las mujeres, hasta el punto de echarlas, incluso prohibirlas y quemarlas por brujas. Es la historia de cómo los saberes masculinos desplazan y ocultan saberes femeninos. Los forceps los inventaron las comadronas antes que los médicos. También se adelantaron a la asepsia. Ellas sabían que atender partos con las manos sucias era más peligroso que hacerlo con manos limpias, simplemente, por la experiencia y observación.

– Llegamos a los 80 y se empieza a construir una maternidad neoliberal, ¿cómo nos afecta?

– Se produce una reprivatización de la maternidad. Venimos de una maternidad más socializada. Pedíamos que el Estado y la sociedad apoyaran a las mujeres para que pudieran seguir en sus trabajos, no interrumpir sus carreras, no ser discriminadas y tener derecho a su tiempo de ocio. Entonces comienza una reprivatización y empiezan a cerrarse escuelas infantiles en Estados Unidos, se recorta en salud pediátrica de una manera radical y se pide a las madres que sean las únicas responsables de la salud y el estado de los bebés. Eso se tiene que apoyar en una ideología. Yo no digo que la ideología de la lactancia sea responsable de esto, pero sí tiene que ver. Se dice a las mujeres que vuelvan a hacerse cargo de la crianza en exclusiva: la lactancia, la crianza con apego, estar pendientes las 24 horas…

– Por último, hay quien se preguntará por qué Beatriz Gimeno, reconocida anticapitalista, escribe un libro sobre la lactancia, un recurso al que tienen acceso todas las mujeres y es gratis frente a la industria farmacéutica que fabrica la leche artificial.

– Es cierto que la industria de leche de fórmula tiene sus intereses. Aunque la lactancia es gratis, nos engañamos si pensamos que no hay un mercado alrededor de ella. Lo hay. Las empresas de leche de formula como Nestlé ya han derivado su producción hacia productos relacionados con la lactancia. En países ya hay mercado de leche materna: desde artículos a títulos profesionales de consultoras de lactancia, productos para el porteo, sacaleches… Es gratis, pero la ortodoxia con respecto a la leche materna también es cuestionable desde el prisma feminista. No cuestiono la lactancia, sino la ortodoxia.

 


RESEÑA DE LA LACTANCIA MATERNA, POR BEATRIZ RANEA

Publicado el 8 de noviembre de 2018

Beatriz Gimeno en La lactancia materna. Política e identidad plantea una reflexión crítica de gran profundidad en torno a lo que ella denomina el mandato de lactancia y las implicaciones que éste tiene para las mujeres. No se trata de un libro contra la lactancia ni contra la maternidad sino de una revisión crítica necesaria frente a este mandato que esencializa la feminidad y la maternidad. Para ello, la autora parte desde la introducción de su experiencia individual respecto a la lactancia para conectarla con el significado sociopolítico y con las implicaciones colectivas. Como acostumbra a hacer, Gimeno trasciende el marco individualista propio del neoliberalismo para posibilitar la reflexión colectiva enmarcada dentro del pensamiento crítico feminista que posibilita
preguntarnos ¿qué implicaciones tiene el mandato de lactancia? ¿Cómo se construye el modelo normativo de maternidad ligado a este mandato?

"LA LACTANCIA MATERNA", UNA CRÍTICA RAZONADA AL MANDATO DE LACTANCIA

Publicado en Trasversales el 22 de agosto de 2018


La escritura de Beatriz Gimeno es impetuosa y beligerante a la vez que rigurosa y razonable. Tras sus ensayos hay estudio, documentación y contraste, por eso escribe lento. En ella, no todo vale para defender o condenar una idea, tesis, propuesta o actividad. Tampoco vale exponer sólo aquello que parece apuntalar una tesis mientas que se calla lo que podría ponerla en duda. Leer a Gimeno es reencontrarse con la práctica de la deliberación, tan poco frecuente hoy pese a que su ausencia convierte cualquier «argumentación» en retórica.

PARA LEER EL MUNDO: LA MATERNIDAD INTENSIVA

Publicado en Frontera De Revista Digital el 8 de noviembre de 2018 Reseña de La lactancia Materna, por Maite Larrauri


Es un hecho que existe lo que Beatriz Gimeno llama en su libro (La lactancia materna. Política e identidad) “un mandato de lactancia”. Basta entrar en Internet, o visitar el reparto de embarazadas o la consulta de pediatría de un hospital para comprobar que el discurso único, hoy en día, es el de la lactancia materna. “El pecho es mejor” es un mantra científico y popular, y esa combinación de ciencia y de sentido común lo hacen aspirante a ser hegemónico.

NATURALEZA Y COMPORTAMIENTO MATERNAL

 

15/01/2018
El instinto animal se utiliza para justificar el apego como un lazo natural entre las madres y sus bebés.

El instinto se utiliza para justificar el apego como un lazo natural entre las madres y sus bebés.

Todo desastre tiene su foto, y la de los incendios de Galicia de este verano tuvo también la suya. Es la de un perro llevando en la boca algo que parece un animal carbonizado. En seguida la protagonista de la foto fue leída como una hembra, como una madre, que lleva en la boca a su cría de la que no puede separarse y levantó oleadas de simpatía. Pero poco después supimos que la perra era perro, que no era su cría y que el animal se dedicaba a recoger cadáveres quemados de animales para enterrarlos como hacen los perros con los huesos. De haberlo sabido… ¿hubiera resultado el perro tan simpático? Seguramente no, porque con lo que se estaba empatizando en realidad era con determinadas características que reconocemos como humanas y, además, maternales. 

ENTREVISTA: LA LACTANCIA ESTÁ SIRVIENDO PARA MARCAR EL ESTANDAR DE LA BUENA Y LA MALA MADRE

 



Su propia experiencia la marcó: cuando hace 30 años Beatriz Gimeno –teórica y activista feminista y ahora también diputada de Podemos en la Asamblea de Madrid– parió a su hijo no quiso dar de mamar, pero en el hospital no respetaron su decisión. “Fue traumático, recibí muchas presiones”, recuerda. Hace siete años, un artículo suyo en Pikara Magazine sobre el asunto se convirtió en uno de los más polémicos y comentados de la revista. “Me di cuenta de que algo pasaba. Me escribieron cientos de mujeres, mujeres que no habían podido dar de mamar, que se habían sentido obsesionadas o fracasadas. Algunas habían llegado al intento de suicidio o al divorcio”, asegura Gimeno. A partir de ahí surge La lactancia materna. Política e identidad' (Editorial Cátedra), uno de los pocos textos en castellano que se acercan a la lactancia desde la teoría feminista.

EL REPLIEGUE IDENTITARIO DE LA MATERNIDAD

Publicado en Pikara el 26 de julio de 2018

26/07/2018
"Contextualizar las prácticas maternales a lo largo de la historia y en las diferentes culturas impediría los acercamientos esencialistas", dice Beatriz Gimeno./ En la foto, tomada por Dorothea Langue en 1936, una mujer migrante en California con su bebé.

Gimeno insiste en la importancia de contextualizar las prácticas maternales a lo largo de la historia y en las diferentes culturas./ En la foto, tomada por Dorothea Langue en 1936, una mujer migrante en California con su bebé.

Mi libro sobre la lactancia materna y el terremoto (al menos personal) que ha provocado ha coincidido con la aprobación en el Congreso de los Diputados de la propuesta de Ley de Permisos de Paternidad Iguales e Intransferibles y, a raíz de esta aprobación, se han publicado en diversos medios algunos artículos muy críticos con esta propuesta; artículos que exigen que los permisos no sean transferibles (es decir, que se los puedan coger solo las madres, tal como sucede ahora) así como que se alargue el permiso de maternidad (que es uno de los más cortos de Europa y que es cierto que hay que alargar).

MADRES EN LA TRAMPA DEL AMOR ROMÁNTICO

Publicado en revista Anfibia el 11 de mayo de 2017

A lo largo de la historia, las culturas reservaron lo mejor para la maternidad que encarnan a la madre patriarcal y lo peor para aquellas que son percibidas como incontrolables. El rol maternal ha cambiado para que nada cambie, escribe la política y activista española Beatriz Gimeno. El concepto del amor romántico se ha trasladado a la relación de la mujer con su hijo: el bebé se convierte en amante y en esposo, enumera. De esta manera el amor-renuncia con felicidad ayuda a reconstruir su opuesto, la mala madre, que huye del sacrificio. En este ensayo, publicado en España por la editorial Continta Me Tienes, se analiza cómo las mujeres siguen siendo vinculadas a la autorrenuncia y la disponibilidad y no con la autonomía, necesaria en el camino de la igualdad.

EL BEBÉ DE BESCANSA

 Publicado en Pikara el 17de enero de 2016


17/01/2016
Ilustración de Paula Pé

Ilustración de paulapé

El feminismo se mueve al ritmo de las vidas de las mujeres. Y que siempre está en movimiento es algo que no parecen haber entendido algunas diputadas del PSOE (de las del PP ni hablo) cuando criticaron el gesto de Bescansa. Yo, que no soy sospechosa de alentar la lactancia ni el apego, que he luchado por no dar de mamar y que apoyo a las que eligen este camino, entiendo que criticar a Bescansa no sólo no es feminista, sino que es muestra de no entender por dónde va el feminismo y por dónde van las mujeres jóvenes.


EL ECLIPSE ERA POLÍTICO

Imagino a las comentaristas de derechas diciendo: “¡Ahora resulta que hasta el eclipse es woke!” O bien: “¡La atención al eclipse es cosa de...