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CONSENTIMIENTO Y DESEO

Publicado el 28 de agosto de 2023


El consentimiento es uno de los grandes asuntos del feminismo desde siempre. No en vano Alicia Puleo introduce la noción fundamental de “patriarcado de consentimiento” en donde las relaciones entre los sexos pasan de estar regidas por la coacción directa para ser supuestamente consensuadas. Pero esta noción problematizada de consentimiento va mucho más allá de la sexualidad y podemos aplicarla a multitud de relaciones contemporáneos en donde la desigualdad es un factor de partida ineludible. El capitalismo es un régimen económico en donde, mediante el contrato, los y las trabajadoras consienten en su propia explotación. El consentimiento es un instrumento jurídico, que pasa a ser social, que puede servir para legitimar la explotación y la desigualdad, pero eso no quiere decir que el consentimiento deba desaparecer porque es la expresión de la agencia. Lo que debe desaparecer es el régimen de desigualdad. Si hablamos de feminismo tenemos que especificar que nos estamos refiriendo al papel del consentimiento como concepto central en las relaciones sexuales y, concretamente, de su papel en las leyes contra las agresiones. Esta fue una de las exigencias feministas más potentes salida de las quejas contra la primera sentencia de La Manada y eso es lo que recoge la ley del Sí es sí. No es nada extraordinario, la tendencia en todos los países democráticos es poner el consentimiento en el centro de sus leyes contra la violencia sexual.

QUIERO FOLLAR TAMBIÉN ES SÍ, DE ESO SE TRATA

Publicado en Público el 22 de octubre de 2021


Leí con atención el artículo que público Mónica Oltra en este medio el otro día titulado Quiero follar también es sí y quiero, con todo respeto, contestar algunas cuestiones que me ha sugerido. El artículo comienza con una falacia argumentativa de manual.  Una falacia es un argumento lógico pero cuya conclusión resulta ser falsa y es creada con fines manipulativos.

En este caso Oltra comienza su exposición con una serie de frases que sirven, únicamente, para poner a la mayoría de las lectoras de acuerdo con ella: «Quiero follar contigo, también es sí. Me gustaría tener relaciones sexuales contigo, también es sí. Tengo una fantasía sexual que quiero explorar contigo, también es sí. Me gusta el sexo oral, ¿quieres que probemos?, también es sí»escribe. Yo también estoy de acuerdo con estas frases, lo malo es que la conclusión que ella pretende que saquemos es que la ley del Sí es Sí se opone a todo eso.

Esa conclusión es falsa, pero así argumentada hace recaer la carga de la prueba en la propia ley; es decir, la manera en que ella argumenta pretende que se crea que a todo eso, tan apetecible, se opone la ley. Sin embargo, hay una pequeña contradicción, supongo que no deseada, porque ella misma dice que todo eso «también» es Sí. Evidentemente. Todo eso entra dentro del Sí, grande, enorme, placentero, gozoso, que una mujer otorga cuando desea sexo, cualquier tipo de sexo, como quiera.

Si «quiero follar contigo» también es Sí, como ella misma dice, ¿qué problema tiene con el planteamiento? Si le damos la vuelta al argumento, «quiero follar contigo» es otra forma de decir «sí».  «Sí es sí» quiere decir todo eso que Oltra expresa y muchas más cosas, todas las que se nos ocurran, todas las que queramos. La única premisa necesaria es esa: que las deseemos. ¿De verdad Oltra cree que la ley del Sí es Sí desposee a las mujeres de tomar la iniciativa en las relaciones sexuales? Tomar la iniciativa es, precisamente, un enorme «Sí», pero, en todo caso y desde luego, la ley no impide ni desanima a tomar la iniciativa.

Después de ese comienzo falaz Oltra dice que, por lo demás, claro que coincide en el necesario cambio del Código Penal por el cual la falta de consentimiento y no la resistencia física determine cuando existe una agresión sexual. Es decir, que está de acuerdo con el principal objetivo de la ley, que es situar el consentimiento de la víctima en el centro. No importa si ella se resistió o no, lo que importa es si quería follar, hacer sexo oral o explorar todas esas fantasías de las que habla Oltra. También se muestra de acuerdo en la gradación de las penas que impone la ley porque… efectivamente, no es lo mismo que te toquen el culo en el autobús a que te violen (a no ser que quieras que te toquen el culo, en cuyo caso estarías dando un enorme Sí). Seguimos de acuerdo.

«Ahora bien», escribe Oltra a continuación, y suponemos que tras esta introducción viene aquello en lo que no está de acuerdo: «A mi juicio el conjunto de políticas públicas para combatir la violencia sexual debe ir mucho más allá. Es más, serán más determinantes en la erradicación de violencia contra las mujeres las políticas públicas de toda índole: educativas, de fomento de marcos igualitarios en la vida pública y privada, el prestigio de las relaciones interpersonales igualitarias o la promoción de una masculinidad no tóxica, que todas las normas penales». Perfecto. Esto es de manual también y de nuevo hay una pequeña falacia al insinuar que la ley se opone a todo porque es precisamente lo contrario. Desde las primeras leyes socialistas (la de Igualdad, la Ley contra la violencia y todas las leyes autonómicas) a todas las políticas públicas desarrolladas desde entonces se viene insistiendo en todo eso que ella menciona como factores imprescindibles para conseguir la igualdad que deseamos. Esta ley también recoge todo eso.

Es verdad que estas cuestiones, especialmente aquellas que se tienen que desarrollar en la educación, o las que dependen de los medios de comunicación o que requieren cambios culturales, resultan complicadas de aplicar.  Las medidas sociales y educativas, imprescindibles, son siempre muy difíciles porque encuentran enormes resistencias desde los ámbitos más conservadores o desde los ámbitos en los que está en juego el negocio, pero no cejamos en ello y por ello las leyes siempre las recogen. Decir que es necesario que queramos follar, es decir, situarnos como iguales a los hombres, explorar fantasías, tener sexo oral o lo que se nos ocurra para que dicha relación sea legítima e igual, no borra nada de la necesidad de medidas transformadoras en lo cultural; la ley lo recoge, y todas las leyes de igualdad también.

El mensaje de «solo sí es sí» no nos convierte en un semáforo, como ella dice, sino en personas capaces de expresar lo que deseamos. No sitúa el deseo en los hombres, sino en las mujeres también.  Y, precisamente, este es el gran cambio respecto a las leyes anteriores donde se suponía que lo normal era que dijésemos que no. Es decir, que la ley hace lo contrario de lo que ella dice que hace. Pasa de la necesidad del «no» anterior, al «sí» actual. En el colmo del absurdo, en uno de sus últimos párrafos Oltra dice literalmente que la ley del Sí es Sí pretende que las mujeres, en realidad, digan que no. «¿Hemos olvidado los calificativos que muchas mujeres tienen que oírse cuando ejercen su libertad, siguen su deseo y construyen las relaciones y prácticas sexuales que les placen?». No, no los hemos olvidado, y por eso, hemos pasado del «no es no» que gritábamos antiguamente, al «sí es sí» para poner en primer plano el deseo femenino y el «queremos follar». Es decir, Oltra critica a la ley justamente por lo que esta ley no hace y sí hacían las anteriores (recomiendo leer este artículo).

Vamos a los últimos párrafos de su artículo. De nuevo: «animar a explorar y expresar el deseo propio y hacerlo valer, trasladar la idea de que hacernos valer es hacer valer nuestros deseos y proporcionar las herramientas para este aprendizaje y transmitir que el sexo es un ámbito de placer para nosotras, es algo que las feministas debemos hacer, sí, y no por medio del Código Penal». De nuevo completamente de acuerdo, el feminismo debe hacer todo eso por medio, entre otras cosas, de la cultura y la educación, y el Código Penal debe usarse como la última ratio, justo lo que hace esta ley. Esta es una ley integral que prevé no solo punición, que está en una disposición adicional, sino detección temprana, prevención, sensibilización, protección… y reparación como nunca antes, incluida la reparación individual (física, psíquica, económica) y reparación social y simbólica para las víctimas y supervivientes de violencia sexual, algo inédito en nuestro ordenamiento jurídico. Oltra no se ha leído la ley… o, está hablando de otra cosa.

El artículo es un batiburrillo de argumentos falaces me temo. La pregunta entonces es: ¿por qué escribe este artículo Oltra? Puedo aventurar dos razones. Una porque busca adhesiones en este momento de alianzas y de dejarse ver (pretensión muy legítima, aunque no a costa de faltar a la verdad); ya sabemos que si hablas de sexo, da igual a qué te refieras, tienes ganado a una parte del público en un mundo en el que el sexo es, como dice Illouz, el mayor legitimador de casi todo.

En segundo lugar, me temo que bajo sus argumentos lo que late es un antiguo debate que ella no se atreve a mencionar. Lo que late enlaza con otros debates que tradicionalmente se vienen intentando resolver tachando de puritano a cierto sector del feminismo para así desacreditar sus argumentos políticos. Esto lleva haciéndose muchos años. El antiguo debate relacionado con la prostitución (y otras cuestiones) que califica de mojigatas a las abolicionistas está latiendo en esta crítica. Calificar de antisexo a quienes critican políticamente la institución de la prostitución está pasado de moda y ya no es efectivo, especialmente cuando miles de jóvenes nada mojigatas se han incorporado al abolicionismo en los últimos años. Es un argumento de los 70 y 80, un argumento de paja que no tiene nada que ver con el objetivo de esta ley, que sí, que además busca acabar con la impunidad de los proxenetas. Si Oltra no está de acuerdo con este objetivo que lo diga claramente, pero que no ataque a esta ley tan necesaria para el feminismo.

Sólo hay una cosa en la que le doy la razón a Oltra, pero no en relación con esta ley. Es verdad que mientras seamos nosotras las que tengamos que expresar el consentimiento y no ellos, o no ambos, no seremos iguales. Pero pensar que podemos situarnos más allá del consentimiento ahora es ignorar la existencia del patriarcado y de la violencia sexual y supone dejar, otra vez, en manos de la justicia patriarcal la posibilidad de que se imparta justicia.  Porque no se puede legislar sin tener en cuenta el mundo en el que vives. Sería como decir que las leyes contra la violencia de género son machistas porque asumen que son los hombres los que ejercen violencia contra las mujeres. Porque existe patriarcado y violencia sexual las leyes más feministas ponen el consentimiento, en el centro. Y es un gran avance porque hemos pasado del «no» al «sí», justamente por todo lo que ella dice en su artículo. Esto supone tener en cuenta la libertad sexual activa y no reactiva, precisamente. En fin, eso supone poner el placer y el deseo femenino en primer plano, supone asumir que las mujeres quieren follar, explorar fantasías o lo que les dé la gana y que decir que quieren todo eso es, además, lo normal. Podría haberse llamado «Ley de sí, quiero follar», pero, en fin, quizá el Parlamento no esté preparado.



SIN PERSPECTIVA DE GÉNERO NO HAY JUSTICIA PARA LAS MUJERES

 Publicado en Público el 2 de marzo de 2021

Sin perspectiva de género no hay justicia para las mujeres. No obstante, la introducción de la perspectiva de género en el derecho penal levanta aun ampollas en los sectores más conservadores del poder judicial y de la sociedad, que siguen repitiendo ese mantra demostradamente falso de que el «derecho es igual para todos» obviando un conocimiento feminista aquilatado ya en prácticamente todas las instituciones, en la Academia y desde luego también en el derecho penal a través de diversas sentencias y de bastantes leyes. Pero, como sabemos, no importa cuántos convenios internacionales se firmen o cuantas sentencias se dicten, que la idea de que la perspectiva de género introduce desigualdad en lugar de igualdad, sigue siendo defendida por los sectores más renuentes al cambio social en lo que se refiere a la igualdad entre mujeres y hombres.

UN HOMENAJE NECESARIO

Publicado el 25 de febrero de 2021

Recuerdo hace años que una amiga feminista vino a visitarme desde Perú y al llegar al aeropuerto se encontró con una campaña contra la violencia en la que aparecían los rostros de mujeres golpeadas. Después, durante los días que pasó en España, vio anuncios en televisión y, sobre todo, información acerca de la violencia contra las mujeres. Los telediarios y los medios escritos sacaban en portada cada caso de asesinato y lo calificaban como violencia machista. Hemos criticado mucho la información que a veces se da y sabemos que es muy mejorable pero hay medios que informan adecuadamente y, precisamente, nos llaman la atención aquellos que lo hacen mal.

Esta amiga volvió a Perú y poco después, cuando yo fui a visitarla y tuvi

A PROPÓSITO DE LAS DEFICIENCIAS

Publicado en eldiario.es el 24 de enero de 2014


Sé que me puedo ganar enemigos al contar que hace años que me peleo con mis compañeros de militancia respecto a la conveniencia de usar el Código Penal para castigar determinadas opiniones; soy muy poco partidaria excepto en casos en los que se incite claramente a la violencia. Creo que la libertad de expresión tiene que ser muy amplia y eso implica que tiene que dar cabida a opiniones impresentables, estúpidas u ofensivas, como suelen ser las de los portavoces de la Iglesia oficial.

Decir que la homosexualidad es una enfermedad o que es una deficiencia, no es un delito ni debe serlo. Decir que a los homosexuales hay que agredirlos, claramente sí lo es. En mi opinión, ser idiota, necio, inculto, ignorante o amoral no es un delito, como mucho una deficiencia. Me permito parafrasear a Rosa Luxemburgo para decir que la libertad de expresión es siempre libertad de expresión para ofender a alguien. Y aun tengo otra razón para oponerme a utilizar el Código Penal para castigar ningún tipo de opinión y es que estoy segura de que en el momento en el que se comiencen a señalar límites estrechos a la libertad de expresión las primeras opiniones en ser perseguidas serán aquellas discrepantes del poder o de la mayoría. Por la cuenta que nos tiene, más nos vale defender una libertad de expresión muy amplia.

Fernando Sebastián piensa que la homosexualidad es una deficiencia y tiene todo el derecho de pensarlo, faltaría más. Yo pienso que este señor es un deficiente ético, un deficiente cultural, un deficiente intelectual y un deficiente sexual y afectivo. Son deficientes éticos todas estas personas a las que les da exactamente igual que haya gente en el mundo discriminada, torturada o asesinada a causa de su orientación sexual o de su identidad de género y que no sólo no les importa sino que contribuyen con sus palabras a que las vidas de estas personas sean un infierno.

Seguramente Fernando Sebastián sabe lo que ocurre en otros países y cómo vive y muere la gente que se siente afectiva y sexualmente atraída por personas de su mismo sexo; y puesto que lo sabe y no hace nada para combatir esa barbarie sino que, al contrario, la estimula con sus palabras, quiera o no, este señor es un deficiente ético y moral.

Fernando Sebastián es un deficiente intelectual porque él, y todos los que son como él, no se enteran ni siquiera de en qué sociedad viven. No parecen saber que España es el país del mundo en el que mejor se acepta la homosexualidad. Por eso no se dan cuenta de que han perdido esta batalla y que cuantas más tonterías dicen más se hunden en el pozo del ridículo. La relación entre las idioteces que dicen y la manera clamorosa en la que la gente huye de su doctrina como de la peste es más que evidente. No hay más que ver cómo la asignatura de religión es cada vez menos escogida en el bachillerato donde ya no es la elección mayoritaria en ninguna comunidad autónoma.

La libertad de expresión tiene esas cosas, que hay que tener cuidado con lo que se dice si después se intenta tener clientes. A estos no les levanta ni la ley Wert. Pero así son estos deficientes sociales, que viven aislados del mundo, sólo se relacionan con gente como ellos y terminan creyéndose sus propias tonterías.

No se sabe si este señor cree verdaderamente que hay terapias que «curan» la homosexualidad o lo dice con el único ánimo de ofender. Si verdaderamente lo cree, entonces es un deficiente cultural que no lee ni los periódicos. La homosexualidad no admite terapia alguna monseñor, porque no es ninguna enfermedad. Y eso, que ya lo sabíamos nosotros y nosotras, lo sabe ya todo el mundo científico hace también varias décadas. Hay que leer un poquito o, por lo menos, mirar en internet. No hay terapia alguna y quienes las ofrecen no son más que charlatanes o curanderos que pretenden lucrarse con la ignorancia y el sufrimiento ajenos; o bien deficientes morales que, como usted, simplemente quieren borrar la diversidad sexual de la faz de la tierra y hacerlo por las bravas, esto es, con las terapias correctivas que en algunos lugares llegan a ser auténticas torturas.

Y por último, no sé si usted personalmente pero desde luego sí su gremio está lleno de deficientes sexuales y afectivos. Son deficientes sexuales y se han convertido en un club privado lleno de pederastas a los que han protegido y ocultado durante décadas. Yo, que soy una persona leída, no creo que la profusión de pederastas en su seno se deba a que los curas tengan ningún gen de la pederastia, sino que más bien creo que se debe a que, en sus deficiencias afectivas y cognitivas, ustedes no saben ni pueden relacionarse normalmente con las mujeres, a las que desprecian y consideran muy inferiores; y como por supuesto tampoco les parece bien relacionarse sexualmente entre ustedes mismos ni con otros hombres han terminado relacionándose sólo con niños: porque debido a su profesión los tenían cerca, porque se sentían impunes (y lo eran), porque podían autoengañarse disfrazando la relación dentro del marco profesor-alumno y porque es el único tipo de relación que, en su deficiencia, ustedes conocen: desigual, clandestina y utilitaria.

Por cierto que el papa Francisco consideró cuando era obispo de Buenos Aires que el matrimonio entre personas del mismo sexo era un invento del demonio que está muy activo en estas cosas, tal y como escribió en una carta que envió a unas monjas y que he tenido la ocasión de leer hace poco. No me negarán que creer de verdad que el demonio anda enredando con el matrimonio igualitario no es una deficiencia de algún tipo. Lo es, y de las gordas. Cuidado con el papa Francisco que es un experto en marketing, pero poco más.



PRIVATIZANDO EL SOL

Publicado en El Plural el 27 de julio de 2013


Todas las medidas que toma este gobierno están encaminadas a avanzar en el camino de destrucción del estado social de medio bienestar que teníamos, en el camino de expolio de lo público para entregárselo a sus amigos, que al cabo son ellos mismos cuando dejan la política: la sanidad, la educación, los transportes y, desde luego la industria, especialmente la energética. El decreto de autoconsumo que hemos conocido la semana pasada ha pasado semi desapercibido excepto para los expertos en energía, pero es un robo de un calibre tal que debe ser conocido y protestado por todo el mundo.

VÍCTIMAS DEL SAP

Publicado en El Plural el 25 de enero de 2011


Víctimas de la misogina, del machismo recalcitrante, del odio a la igualdad, de la justicia injusta, de los políticos ciegos…de  los periodistas que no hacen su trabajo. Muchas mujeres maltratadas están perdiendo la custodia de sus hijos por culpa de un síndrome que no existe, el llamado SAP, síndrome de alienación paternal,  que no reconoce ninguna instancia ni organización médica, que se inventó un maltratador norteamericano como una nueva manera de amenazar y de intimidar a las madres para que renuncien a denunciar el maltrato, o para que no se separen, con la amenaza de que si lo hacen pueden perder a sus hijos.

¿PERMISOS DE MATERNIDAD MÁS LARGO?

Publicado en El Plural 6de mayo de 2011

Esta misma semana un informe de la organización Save the children advertía que España está aun por debajo de otros países europeos en baja maternal. En el artículo que reseñaba el informe los expertos nos aseguraban que las 16 semanas del permiso de maternidad de una madre española no son suficientes para el bienestar del bebé. La recomendación era clara: aumentar el permiso de maternidad hasta el año de duración, como ocurre en otros países europeos en los que las mujeres disponen de este tiempo de permiso remunerado. Como reacción al artículo, en las redes sociales y en los foros, las mujeres se mostraban muy de acuerdo y se quejaban de que 16 semanas es un tiempo muy escaso. Y es cierto. ¿Quién podría oponerse a que se aumente el permiso de maternidad? Así dicho, poca gente. La verdad es que nada se decía en el artículo ni en el informe de Save the Children del papel de los padres en el bienestar de los niños; tampoco se decía que pasa, al mismo tiempo, con el bienestar de las madres. No se mencionaba que muchos de esos países en los que el permiso de maternidad es más largo otorgan a los padres un permiso de similar duración que el de las madres, un permiso intransferible y remunerado.

LA MEJOR HERENCIA DEL PSOE

Publicado en el el Plural el 29 de octubre de 2011


El otro día aparecía en la sección de opinión de un periódico un artículo titulado: “La herencia del socialismo: La ideología de género”. En el mismo se detallaban las leyes que se han aprobado durante el gobierno del PSOE y que los más reaccionarios consideran que responden a una cosa que han llamado “Ideología de género”; “perversa ideología de género”, según la iglesia.

FUMAR O NO

Publicado en El Plural el 12 de enero de 2011Post authorDe Beatriz Gimeno


Reconozco que me han sorprendido algunas reacciones ante la llamada Ley antitabaco, la verdad. En primer lugar porque no es una ley antitabaco (cómo podría serlo si el tabaco se vende libremente). Es una ley que prohíbe fumar en determinados espacios públicos cerrados y compartidos. Por supuesto que era de esperar que los tontos dijeran tonterías porque las dicen a menudo y no dejan pasar ocasión. Ya es curioso (o no) que el inefable alcalde de Valladolid haya coincidido en la misma tontería con otro inefable, Pérez Reverte. Ambos han comparado el que se prohíba fumar en lugares cerrados para no fastidiar a los que no fuman con la persecución sufrida por los judíos a manos de los nazis. Mira qué oportunidad de oro ha dejado pasar el embajador de Israel para protestar contra lo que es la grosera, estúpida y terrible equiparación de un holocausto humano con una nadería.

EL MATRIMONIO DESDE LA DISIDENCIA SEXUAL

Curso: Teoría queer y activismo. Organizado por la Universidad de La laguna (Tenerife) 22 y 23 de mayo de 2008

 





El matrimonio entre personas del mismo sexo (la ley 13/2005) ha sido el éxito más visible del Movimiento Homosexual en España. Sin embargo, no todos l@s activistas lgtb habían estado de acuerdo en esta reivindicación y, por el contrario, el sector que hoy diríamos más cercano a la teoría queer se había mostrado reiteradamente en desacuerdo, no ya con esta conquista, sino más bien con que, como reivindicación, fuese prioritaria [1]. La acusación más frecuente que se hacía a los sectores oficialistas era la de que la reivindicación del matrimonio era una reivindicación conservadora. Si bien la influencia política y la visibilidad del Movimiento lgtb en España era novedosa en el momento en que se comenzó a trabajar en pro de una ley de matrimonio, el debate en sí no era más que un remedo del viejo debate político de reforma o revolución [2]con un traje nuevo: en este caso el traje de los derechos de las personas homosexuales.

LOS DERECHOS DE GAYS, LESBIANAS Y TRANSEXUALES DESPUÉS DE LA ERA AZNAR


7 de enero de 2004 Publicado en Iniciativa socialista

La era Aznar termina para el 10% de los ciudadanos y ciudadanas españoles, los que son gays, lesbianas y transexuales, de una manera especialmente amarga. Ni en nuestras peores pesadillas hubiéramos podido pensar que el retroceso en el camino que emprendimos tras la muerte de Franco hacia una ciudadanía plena pudiera ser, ya en el siglo XXI, tan marcado. Desde la aprobación de la Constitución el avance en el reconocimiento de las personas GLTB (gays, lesbianas, transexuales y bisexuales) ha sido continuo, tanto política como socialmente y tanto en España como en Europa. Y aunque el reconocimiento político de la igualdad legal no ha sido tan rápido como nos hubiera gustado, el reconocimiento social ha sido vertiginoso si tenemos en cuenta que hace apenas 25 años, las personas GLTB eran las portadoras de uno de los más poderosos y antiguos estigmas que unos seres humanos han utilizado contra otros a lo largo de la historia. Si consideramos que a la muerte del dictador éramos no sólo ilegales, sino verdaderos parias sociales, las actuales cotas de aceptación social que disfrutan las reivindicaciones de nuestros derechos, nos parecen casi increíbles. Según las últimas encuestas del C.I.S, casi el 67% de la población española está de acuerdo en que se modifique el Código Civil para que las parejas del mismo sexo tengan acceso al matrimonio, y el derecho de adopción, por razones históricas y culturales, mucho más problemático, va ganando adeptos de manera evidente y continuada hasta situarse en un 52% de la población. Para comprender la importancia de estas cifras baste decir que en Holanda, por ejemplo, país donde ya existe el matrimonio y la adopción entre personas del mismo sexo, dichas leyes se aprobaron con un porcentaje de aprobación social similar al nuestro. Por tanto, la sociedad española está perfectamente madura y es plenamente consciente de que la última discriminación legal que separa a las personas GLTB de la ciudadanía plena, esto es, el acceso al matrimonio, debe ser eliminada. El PP en su primera legislatura tuvo buen cuidado de mostrar su rostro más derechista ya que era plenamente consciente de que en este, como en otros temas sociales, la sociedad española es progresista y no sigue las integristas doctrinas vaticanas. En la primera legislatura, el PP se comprometió en el Congreso de los Diputados a aprobar en su segunda legislatura una Ley de Parejas de Hecho que reconociera derechos a las parejas del mismo sexo. Precisamente, esta futura ley le ha servido al Partido Popular en dos ocasiones para justificar su voto en contra a dos proposiciones de ley, presentadas por la izquierda, para modificar el Código Civil en el sentido antes explicado. Y si en la primera legislatura, Coalición Canaria y CiU acompañaron el PP en su voto negativo, en la segunda ocasión, en cambio, sólo el partido en el poder vetó la toma en consideración de esta ley. El argumento seguía siendo que ellos presentarían en breve su propuesta. Su propuesta no verá nunca la luz, porque entre la primera y la segunda legislaturas, entre la mayoría simple y la mayoría absoluta, el Partido Popular se ha convertido en un muro contra el que se estrellan todas nuestras exigencias de igualdad. Y esta “bunkerización” en cuanto a la posibilidad de que se produzca algún reconocimiento a los derechos de las personas GLTB coincide con el mayor esfuerzo hecho hasta el momento por la jerarquía de la iglesia católica en contra de que se produzca ningún avance en este sentido. El gobierno de Aznar ha expulsado en este tiempo de su círculo de influencia a cualquier persona que pudiera mantener un talante liberal en temas sociales y lo ha sustituido por personas cercanas o pertenecientes al Opus Dei y a los Legionarios de Cristo. Con este bagaje ideológico, el gobierno de Aznar ha hecho de la moral católica tradicional uno de sus pilares morales. Desde julio del 2003 existe un documento vaticano que exige a sus fieles la máxima observancia en el asunto de los derechos de las personas GLTB. La iglesia mantenía hasta ahora la hipócrita y farisaica postura de comprensión hacia estas personas al tiempo que negación absoluta al reconocimiento de derechos. Pero debieron pensar que del apoyo personal al apoyo político hay un pequeño trecho y exigieron a sus fieles y seguidores mayor beligerancia. La solidaridad con las personas homosexuales se disipó cuando el nuevo estilo se hizo patente. Se empieza comprendiendo y apoyando y se termina reconociendo derechos, debieron pensar y el resultado es el ya conocido.

El gobierno de Aznar comenzó su visible alejamiento de Europa con un hecho que pasó desapercibido para los ciudadanos españoles en general, pero que tuvo una enorme importancia simbólica. España votó en julio de 2002 en contra de que la Asociación Internacional de Lesbianas y Gays (ILGA)  entrara a formar parte del Comité de ONG de las Naciones Unidas (ECOSOC) con estatus consultivo. La votación resultó escandalosa porque España se alineó en esta votación con El Vaticano y todos los países integristas. Así que, en contra del unánime voto a favor de Europa, Canadá e incluso Estados Unidos, España se alineó con todo los países de lo que se ha llamado la «Santa Alianza»; gobiernos integristas en temas de moral que votan siempre juntos en los foros internacionales en contra de los derechos de las mujeres, del derecho al aborto e incluso al divorcio,  del derecho a la salud sexual, de los derechos de gays y lesbianas etc. Estos países son los integristas católicos como El Vaticano o Nicaragua junto con los integristas musulmanes como Irán, Nigeria o Sudán entre otros. Así que, de manera sigilosa ya que apenas tuvo repercusión en prensa, el gobierno de Aznar, allá por el 2002, ya dejó clara su posición votando en la ONU con países que lapidan a las mujeres adúlteras o que introducen palos en el ano de los homosexuales. Esta postura sólo significó la primera vez de las muchas en las que Aznar se separaría de los países europeos demostrando que no le temblaba el pulso al ponerse del lado de la barbarie.  Después, y esa también es otra constante, mintió. Cuando se le pidieron cuentas por esta votación, cuando desde el Parlamento Europeo se preguntó al gobierno español por esta votación que violaba todos los acuerdos y recomendaciones de la Unión Europea a favor de la igualdad de derechos para las personas GLTB, el ministro de Asuntos Exteriores, Piqué por entonces, mintió descaradamente utilizando argumentos falaces, erigiendo al gobierno de Aznar en el defensor internacional de los derechos de los niños; derechos que, de hacer caso al ministro, todos los países europeos, más Estados Unidos, más Canadá, habrían descuidado.

Esta votación pasó desapercibida en España, pero a las asociaciones de lesbianas, gays y transexuales nos dio la medida del cambio hacia el integrismo, del definitivo alejamiento del famoso centro, que el gobierno de Aznar estaba dispuesto a encabezar sin ningún complejo. Desde entonces, el partido popular ha ignorado sistemáticamente todas las recomendaciones y todas las directivas que emanan de la Unión Europea en materia de derechos para las personas GLTB y ya son varias las decisiones europeas a favor del fin de la discriminación por orientación e identidad sexual. En este tema, el gobierno Aznar sigue también a Bush, empeñado en modificar la constitución de los Estados Unidos de manera que el matrimonio quede fijado para siempre como la unión entre un hombre y una mujer.

Las personas GLTB hemos ido consiguiendo derechos en aquellas comunidades autónomas no gobernadas por el Partido Popular. Especialmente importantes son las Leyes de Pareja aprobadas en Navarra y Euskadi, pues ambas reconocen incluso el derecho de las parejas del mismo sexo a la adopción de niños. Estas leyes no hacen sino acabar con la doble moral de nuestra actual ley de adopciones, que permite adoptar a personas homosexuales y transexuales, pero que les impide adoptar en pareja, con lo que es el niño el que queda desprotegido. Además, como siempre, el Partido Popular prefiere cerrar los ojos a la realidad de que ya hay miles de parejas gays y lesbianas que tienen hijos; que gays y lesbianas no somos estériles y que, además, podemos tener hijos y adoptarlos, y que lo estamos haciendo. Por tanto, todas las normas que impiden que nuestras familias gocen del máximo amparo legal lo único que hacen es repercutir negativamente en el derecho a la igualdad de nuestros hijos e hijas.  El Partido Popular se apresuró a recurrir los artículos relativos a la adopción ante el Tribunal Constitucional, demostrando así no sólo su falta de voluntad para legislar sobre nuestra igualdad legal, sino su beligerancia en este tema. En estos cuatro últimos años, el Partido Popular ha consolidado un sistema de “apartheid” invisible que nos margina en la protección de nuestras familias y nuestros hijos, en el acceso a una pensión, el derecho a una herencia, a la cobertura de la seguridad social, a la nacionalidad de nuestras parejas… derechos de los que goza cualquier pareja heterosexual que acceda al matrimonio. Lo mismo ha ocurrido con los derechos de las personas transexuales. El Partido Popular ha bloqueado todas las propuestas para que este colectivo, fuertemente discriminado y estigmatizado socialmente, pudiera escapar del callejón sin salida que conduce a la prostitución a las mujeres transexuales como única forma posible de ganarse la vida.

Y si estamos seguros de que la discriminación legal acabará cuando haya un gobierno de izquierdas, no podemos decir lo mismo de la discriminación social, mucho más anclada en el subconsciente colectivo de todos nosotros y por tanto mucho más difícil de erradicar. Las políticas sociales y educativas tiene un papel clave en este sentido y lo que constatamos es una ausencia de medidas en este terreno; es más, la reforma educativa del PP, por poner un ejemplo, con la obligatoriedad de la religión, va a suponer una absoluta involución en la formación, en los valores que se van a enseñar a los ciudadanos y ciudadanas del futuroEl gobierno del Partido Popular no sólo no tiene ninguna intención de dar a sus ciudadanos una formación en espíritu cívico y democrático, sino que tiene previsto convertir cada clase en un púlpito desde el que nuestros hijos tengan que escuchar la voz de la una institución que ha hecho de la homofobia y de la discriminación de los ciudadanos gays, lesbianas y transexuales, casi un dogma.

La intolerancia y la cerrazón del Partido Popular han conseguido que la mayoría de las asociaciones de gays, lesbianas y transexuales de este país, conscientes de lo que nos jugamos, se unan en una Federación Estatal que represente y ponga voz a ese 10% de la población española. En apenas dos años la Federación Estatal de Lesbianas, Gays y Transexuales (FELGT) se ha convertido en una de las organizaciones sociales más activas y con mayor presencia mediática y social. Eso no ha bastado para que el Partido Popular se haga eco de esta posición y Aznar se ha negado en redondo a recibir a ninguno de nuestros representantes. Este mero hecho es ya preocupante, pero debemos apuntar que la negativa a dialogar ha venido acompañada de un denigrante tratamiento en las ayudas que reciben las organizaciones de gays, lesbianas, bisexuales y transexuales que representan los intereses legítimos de nuestro sector social. A pesar de ello nuestro mensaje de respeto a la diversidad y exigencia de igualdad legal ha llegado a la sociedad y avanza cada día más; ahí están las multitudinarias manifestaciones de reivindicación y visibilidad que cada año convocamos con motivo del Orgullo gay, lésbico, transexual y bisexual.

Y finalmente, en los último cuatro años ha habido no sólo una negativa firme a avanzar siquiera mínimamente en la igualdad que reclamamos, sino que ante nuestras acciones de reivindicación social y política, el Partido Popular reacciona cada vez con mayor virulencia. Ya ni siquiera guardan las formas.  En los debates parlamentarios nos han insultado; han tratado de prohibir nuestro derecho a reivindicar los derechos constitucionales el pasado día 6 de diciembre dejando en evidencia los Tribunales su autoritaria actitud; el vocero gubernamental nos acusa de “folclóricos” y “esperpénticos” porque buscamos el auxilio de la justicia en la consecución de nuestros derechos…

Lo más grave es que intuimos que muchos de  los caminos emprendidos por el Gobierno en estos ocho años amenazan con ser, si no irreversibles, si muy difíciles de desactivar; se alimentan de prejuicios muy arraigados y buscan alimentar el lado más oscuro que toda sociedad guarda en su seno. Esto es, a  nuestro juicio, lo más grave de la gestión del Partido Popular. Está hipotecando el futuro de nuestra sociedad. Somos ya muchos los homosexuales y transexuales que hemos apostado por vivir en libertad, con todas sus consecuencias, y la perspectiva de seguir sufriendo una discriminación enquistada nos resulta insoportable. Por eso mismo sería terrible una nueva victoria electoral del PP que acabaría por galvanizar unas políticas y unos valores que están poniendo en riesgo el bienestar, la convivencia, la pluralidad y la democracia en España. Y, por otro lado, intuimos que su estrategia de tensionar y confrontar no tiene límite. Ojalá la historia no nos haga pagar a todos y todas las tremendas irresponsabilidades de estos gobernantes. Las últimas declaraciones del Cardenal Rouco y del Ministro de Hacienda en el sentido de que el reconocimiento de la igualdad para las personas GLTB haría quebrar la Seguridad Social, nos recuerdan peligrosamente los argumentos esgrimidos en épocas históricas no muy lejanas para perseguir y estigmatizar a una minoría. Puede que la sociedad en la que vivimos no caiga en esa trampa pero también es cierto que esas declaraciones, esa manera de señalarnos, puede incitar a algunos a dar un paso adelante peligroso; pueden algunos usarlas de cobertura para descalificaciones intolerables o, directamente, para la agresión. Ese tipo de argumentos “los carga el diablo” y nunca deberían ser usados en democracia. Los derechos civiles no se negocian dependiendo de su coste económico.

Tenemos, pues, dos opciones: acobardarnos o responder. Y creemos que es necesario dar esa respuesta desde la determinación y el sosiego, la legitimidad de la razón, de los valores que son universales, valores de respeto a la diversidad, de pluralidad, de igualdad, de justicia… elementos clave para la convivencia de todos y todas en el siglo XXI. Esa es nuestra alternativa, y esperamos que sea la de muchos más.


EL ECLIPSE ERA POLÍTICO

Imagino a las comentaristas de derechas diciendo: “¡Ahora resulta que hasta el eclipse es woke!” O bien: “¡La atención al eclipse es cosa de...