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¿QUE VOTOS NECESITA LA IZQUIERDA PARA GANAR?

 Hace poco escribí aquí mismo un artículo donde sostenía que lo que está inclinando a los jóvenes a la extrema derecha no es lo material, sino una profunda disputa sobre el sentido de un mundo sumido en profundísimos y desconcertantes cambios. Después, Sánchez-Cuenca en El País explicaba con datos por qué, efectivamente, no es únicamente, ni siquiera principalmente, lo económico lo que propicia el crecimiento del fascismo. Por último, la semana pasada Pablo Batalla lo explicaba muy bonito también en El País. Sin embargo, cuesta mucho que los partidos de izquierdas asuman plenamente esta realidad que, en ningún caso, quiere decir que haya que olvidar las cuestiones económicas que, sin ninguna duda, determinan en gran medida la vida de la gente, aunque no tanto como suele creerse sus posiciones políticas. Hay quien afirma que vivimos en una sociedad post-materialista, aunque es evidente que los pilares de la propia existencia siguen dependiendo en gran parte de las condiciones materiales. En todo caso, lo que sí es evidente es que el cambio social que se ha producido en pocos años en el terreno de lo simbólico, en el terreno de las subjetividades, es tan grande que no es posible ignorarlo, como tampoco es posible ignorar que el miedo a que te ataquen por la calle y te den una paliza es muy material. En todo caso, veo a una parte de la izquierda más desorientada que la derecha en estas cuestiones. 

TRABAJADORAS, TRABAJO Y VIDA

Publicado en El Obrero el 16 de enero de 2022

Hace un tiempo que una parte de la izquierda ha decidido reivindicar el obrerismo enfrentado a una caricatura de las guerras culturales. En su neolaboralismo (no vamos a llamarle “nuevo laborismo”) la necesidad de asegurar vidas mejores frente a la continua desposesión capitalista, vidas más seguras y menos precarias, aparece enfrentada a las reivindicaciones feministas, lgtb o antirracistas. Supongo que dan por hecho que las personas feministas, lgtbi o racializadas no tienen derecho a vidas mejores ni a definir qué tipo de vida es mejor para ellos y ellas.

MACHIFASCISTAS

Publicado en El Plural el 31 de diciembre de 2011

Existe una estrategia internacional, que se inicia en los 80 en los grupos de extrema derecha (antiaborto y anti derechos lgtb) de los EE.UU, para revertir en lo posible los avances de las mujeres en las últimas décadas. Mientras estos avances podían conseguirse sin tocar privilegios masculinos, sin desmantelar eso que se ha llamado sistema patriarcal, eran relativamente asumibles, pero ha llegado un momento en que las mujeres no podemos seguir avanzando hacia la igualdad completa si los hombres no renuncian, o se ven obligados a renunciar, a una parte de los privilegios que tienen por ser hombres, fundamentalmente a una parte del poder; simplemente porque el poder es el que es y donde antes estaban 100 hombres tendrán que estar 50, ya que pretendemos que entren 50 mujeres. El poder tendrán que compartirlo: en la familia, en las empresas, en el trabajo, en la política, en todos los ámbitos. Y tendrán que compartir también su contrapartida: el trabajo no remunerado que hacen las mujeres, el trabajo de cuidado.

GÉNERO INDEFINIDO

Publicado en El Plural en abril 2010


En los últimos meses se ha venido hablando de la posibilidad de reconocer legalmente un género o un sexo neutro (mejor sería decir indefinido). La cuestión ha surgido de la lucha que están llevando a cabo algunas personas que quieren ser reconocidas bajo esa tercera opción: no se reconocen ni como hombres ni como mujeres. A partir de ahí algunos/as activistas han comenzado a pedir que el sexo deje de figurar en los documentos oficiales de la misma manera que dejó de figurar el estado civil, la raza, o la ocupación. Hace al menos tres años yo era de esa opinión e impartí una conferencia en la Universidad Jaume I de Alicante que llevó por título Por la desaparición de la mención de sexo de los documentos oficiales. En este momento, en cambio, opino que se debe reconocer la posibilidad de no ser ni hombre ni mujer a quien lo solicite, así como la posibilidad de poner nombres que no definan el sexo, pero no estoy segura de que esta mención deba desaparecer de todos los documentos oficiales.

PERSONAS TRANSEXUALES

Publicado en Mirales el 1 de diciembre de 2009

Siempre he dicho que una de las mejores cosas que me ha regalado mi militancia en el movimiento LGTB es haber conocido a muchas personas trans: transexuales, transgenéricas, travestis, no binarias…Algunas de ellas son hoy buenas amigas. En lo personal, las personas trans son, naturalmente, como todo el mundo aunque su visión y su vivencia de la realidad las convierte, muchas veces, en personas muy interesantes. En lo político y como feminista este conocimiento ha sido fundamental para mí. Ideológicamente las feministas sabemos que la anatomía no es un destino, que el género es una ficción y que las identidades no son esenciales, pero al mismo tiempo que sabemos eso, muchas feministas han mantenido hacia las personas trans una actitud hostil cuando no directamente insultante. En muchas ocasiones, la visión que tienen de las personas trans es limitada y está basada en la pura ignorancia, en los estereotipos y los prejuicios y no en el conocimiento personal.  


El hecho de que mucha gente no entienda que las personas transexuales son hetero, homo o bi, tiene que ver con que la gente no acaba de entender que la transexualidad no tiene que ver con la sexualidad y que una cosa es la identidad de género y otra cosa la orientación u opción sexual. Me he encontrado con lesbianas, gente supuestamente formada, que ante una trans lesbiana me ha dicho: “si le gustaban las mujeres y era un hombre ¿para qué se ha cambiado de sexo?” La primera respuesta que siempre se me ocurre es que a ella le gustan las mujeres por la misma razón que a ti, porque nada tiene que ver tener unos genitales determinados con que te gusten las personas con unos genitales determinados. Por otra parte, tener unos genitales determinados tampoco tiene que ver con sentirse hombre o mujer; muchas personas trans no se operan y muchas de ellas disfrutan de sus genitales, propios de un sexo biológico, mientras que social y personalmente se asumen como del otro género. Todo este lío a mí me parece bien y demostrativo de que todo esto  de las identidades sexuales o de género que aprendemos a vivir como fijo e inmutable, como algo que es así desde siempre y que así va a seguir, pues ni es fijo, ni es inmutable ni tiene por qué ser siempre de la misma manera.  


En lo que a mi respecta, yo misma me vivo en una identidad fluida con la que ahora convivo a gusto, pero no siempre he sido así y quizá no lo sea en el futuro. He sido heterosexual, lesbiana, bisexual y finalmente, voy y vengo, vengo y voy. Me gusta, a veces, el cuerpo de los hombres y envidio, a veces, algunos rasgos sexuales o corporales suyos. Me he vivido a veces, como una mujer que hubiera estado muy contenta dentro de un cuerpo masculino, y otras veces como un hombre que estaría encantado dentro de un cuerpo femenino. Me he sentido cercana a los hombres y a veces muy lejana; muy cercana a las mujeres y muy lejana también, extraña ante los heterosexuales y otras veces ante los y las homosexuales. Por supuesto que no me gustan todas las personas transexuales pero sí me gusta la posibilidad de explorar todas las posibilidades que esas personas se abren a sí mismas y nos abren a todos y todas. Y en todo caso, me solidarizo y me siento muy cercana a su discriminación, una de las mayores que puede sufrir una persona y una de las más desconocidas y menos apoyadas.




UNA APROXIMACIÓN POLÍTICA AL LESBIANISMO

Publicado el 8 de marzo de 2005

El presente artículo es una aproximación a un tema que es central en las tesis de la llamada teoría feminista lesbiana: la posibilidad que las mujeres tienen, todas las mujeres, para optar por un estilo de vida y una sexualidad lesbiana. Defendiendo un  construccionismo radical de la sexualidad, tal como defendía el feminismo en los años 60 y 70. La autora reflexiona sobre esta posibilidad, defiende que es algo que está al alcance de cualquier mujer, que es una opción que puede resultar liberadora y reflexiona también sobre las causas que han hecho que dicha posibilidad haya desaparecido del panorama interpretativo de la realidad que hace en la actualidad el feminismo.

La autoestima, una asignatura pendiente para las mujeres

(6 de agosto de 2001)


Autoestima es una palabra acuñada en el siglo XX que todavía no aparece en todos los diccionarios. Proviene del campo del psicoanálisis y de las palabras griegas «autos«, uno mismo, y «estima«, consideración o aprecio que se hace de una persona o cosa. Por tanto «autoestima» es aprecio por uno/a mismo/a. La palabra autoestima ha sido una de esas palabras clave del feminismo, uno de los campos de trabajo más transitados.  La autoestima de las mujeres es un asunto político no resuelto. Desde que las mujeres feministas comenzaron a trabajar con otras mujeres en el camino de la liberación, el asunto de la autoestima femenina se convirtió en un asunto de primer orden. Una mujer no puede luchar por sí misma si no tiene la autoestima necesaria para convencerse de que lo más importante para ella debe ser ella misma, cumplir sus deseos, sus aspiraciones, cubrir sus propias necesidades antes que las de cualquier otro; en definitiva, vivir para sí, cuidarse, quererse, tenerse amor propio y respeto. Tener autoestima es aprender a valorarse, a valorar los propios empeños, es sentir la famosa empatía femenina sobre todo por una misma. Es tener juicios propios sobre las cosas y confiar en que esos juicios son acertados; es decidir lo que es de verdad importante para cada una sin que la opinión de los demás sea nada más que eso, una opinión.   Tener una clara conciencia del Yo es la única manera de que lo que se entrega a los demás sea una entrega voluntaria y generosa y no una fuente de frustración perpetua y de queja continúa. En definitiva, la autoestima es la fuente de la que bebe la propia libertad y el bienestar y sin la cual, por mucho que se pretenda lo contrario, se vive en un estado de semiesclavitud. Pero la autoestima individual sólo se conquista mediante la autoestima de género.

EL ECLIPSE ERA POLÍTICO

Imagino a las comentaristas de derechas diciendo: “¡Ahora resulta que hasta el eclipse es woke!” O bien: “¡La atención al eclipse es cosa de...