Publicado en El Plural el 9 de diciembre de 2011
Me hackearon el anterior blog. Aquí he vuelto a poner en línea todos mis artículos, charlas, conferencias, clases, libros... desde 1999 porque es un archivo que recibía muchas consultas. Al fin y al cabo, todo lo que ha pasado en estos años...está ahí. (La fecha real de publicación es la que aparecen en el comienzo del artículo) No he modificado nada incluso aunque haya cosas con las que ahora no esté de acuerdo. Lo publicado ahí está; demuestra también cómo hemos cambiado el mundo y yo.
TRANSEXUALIDAD Y RECHAZO DEL GÉNERO
MACHIFASCISTAS
Publicado en El Plural el 31 de diciembre de 2011
Existe una estrategia internacional, que se inicia en los 80 en los grupos de extrema derecha (antiaborto y anti derechos lgtb) de los EE.UU, para revertir en lo posible los avances de las mujeres en las últimas décadas. Mientras estos avances podían conseguirse sin tocar privilegios masculinos, sin desmantelar eso que se ha llamado sistema patriarcal, eran relativamente asumibles, pero ha llegado un momento en que las mujeres no podemos seguir avanzando hacia la igualdad completa si los hombres no renuncian, o se ven obligados a renunciar, a una parte de los privilegios que tienen por ser hombres, fundamentalmente a una parte del poder; simplemente porque el poder es el que es y donde antes estaban 100 hombres tendrán que estar 50, ya que pretendemos que entren 50 mujeres. El poder tendrán que compartirlo: en la familia, en las empresas, en el trabajo, en la política, en todos los ámbitos. Y tendrán que compartir también su contrapartida: el trabajo no remunerado que hacen las mujeres, el trabajo de cuidado.
EL SEXO DEL CEREBRO O EL CEREBRO DEL SEXO
- En red13/09/20c un cerebro, por Nicolas P. Rougier. Wikimedia Commons
Publicado en Píkara Magazine el 13 de septiembre de 2011
Sí, hay muchos estudios, que cuestan dinero, destinados a demostrar que las cosas en esto del género son como son porque son así de naturales, ergo inmutables y, además, buenas
En fin, que colecciono esos artículos y busco como una hormiguita los estudios en los que dichos artículos dicen basarse y me los leo de pe a pa, lo cual tiene mucho mérito. Aparte de la cantidad de veces que el redactor o redactora, por llamarle de alguna manera, no se ha leído el estudio o no lo ha entendido, y me encuentro con que dicho estudio no dice lo que el artículo asegura que dice, la verdad es que sí, que hay muchos estudios, que cuestan dinero, destinados a demostrar que las cosas en esto del género son como son porque son así de naturales, ergo inmutables y, además, buenas.
He aprendido muchas cosas de estos estudios. Por ejemplo, que es muy fácil colar un artículo a la prensa. Basta decir que un estudio de la Universidad norteamericana de, pongamos, Wisconsin, demuestra que las mujeres prefieren los zapatos de tacón a los zapatos planos porque eso es una ventaja evolutiva; así nos costaba un poco movernos de casa (de la cueva) si es que veíamos pasar a un hombre (heterosexualidad obligatoria, natural, por supuesto) que nos atrajera mucho más que ese con el que convivíamos en una cueva y con el que ya teníamos dos hijos; de esa manera no nos movíamos y no le dejábamos al tipo con los niños, que no podría cuidar porque tenía que salir a cazar; y si nosotras hubiéramos ido en pos de nuestro deseo pues los niños se hubieran muerto de hambre porque los hombres además de salir a cazar son unos egoístas y se lo comían todo ellos a no ser que estuviera por allí una madre dispuesta a pelear por la comida de sus vástagos. Pero nada de eso pasó, porque las primitivas se ponían unos zapatos incómodos con los que preferían no salir mucho de la cueva. Esa es la ventaja evolutiva, cuya base científica es que los fetos masculinos, a partir de la semana dos de gestación, reciben mucha testosterona en el cerebro gracias a su grandiosos genitales; esa testosterona se pasa después a los circuitos cerebrales, al córtex, al hipotálamos, pasa por las amígdalas y regresa a los genitales que, repito, son grandes. Escribo esto, le pongo un nombre inglés y lo publico.
Un artículo muestra lo fácil que es publicar estos estudios que “demuestran” que el sexismo es natural y lo difícil que es, en cambio, publicar los que aseguran que no hay diferencias cerebrales
Bien, el otro día me encontré dos artículos relacionados con esta mi pequeña afición el mismo día, ¡dos! Uno, lástima, no me hizo reír, sino que era serio. Aseguraba que todos estos estudios y teorías son una tontería, que todo lo que el “neurosexismo” (buen nombre) se empeña en encontrar no lo ha encontrado porque no existe y que las pequeñas diferencias que pueden encontrarse entre los cerebros masculinos y femeninos se deben a que el cerebro es sumamente plástico y se va adaptando durante toda la vida a las actividades que realizamos. Por ejemplo, los taxistas tienen muy desarrollada cierta zona cerebral relacionada con la capacidad de orientación. El artículo demostraba lo fácil que es publicar estos estudios que “demuestran” que el sexismo es natural y lo difícil que es, en cambio, publicar los que aseguran que no hay diferencias cerebrales de ningún tipo. Y dado que los científicos están muy presionados para publicar cuanto más mejor… pues eso.
El segundo artículo, el mismo día, lo firma y publica en otro diario una “neuropsicóloga, orientadora escolar, maestra y logopeda”, todo eso. Pues esta acaparadora de títulos recoge varios estudios, norteamericanos claro, que demuestran que las necesidades femeninas respecto a la pareja son (por este orden): 1.- Afecto (recepción de cariño, cuidado e interés por sus asuntos) 2.- Diálogo; 3.- Sinceridad (evidencias que le permitan confiar en la pareja) 4.- Estabilidad financiera; 5.- Compromiso familiar activo (es decir, corresponsabilidad del compañero). Así que las mujeres son personas normales y responsables. Las necesidades de los hombres son al parecer: 1.- Satisfacción sexual: 2.- Que la pareja le acompañe a las actividades que a él le interesan; 3.- Mantenimiento del atractivo de la pareja; 4.- Que aporte paz doméstica (vamos, que ella no de la lata con sus cosas) 5.- Que se muestre orgullosa de él. Y, además, ellas muestran una tendencia natural a la empatía y la solidaridad y ellos al sexo; que ellos son reactivos a las tentaciones de los sentidos y que sus impulsos (los de ellos) carecen de componente racional. Sigue diciendo que las mujeres no reaccionamos igual a los sentidos y que no, que si nos ponemos a pensar pensamos tanto, que lo del sexo pues que no nos compensa.
Y según estos estudios resumidos por la neuropsicóloga citada estas diferencias que los hacen aparecer a ellos como a un hatajo de imbéciles presuntuosos no se deben a la nefasta educación y socialización que los hombres reciben, no, sino a diferencias cerebrales que pasan (como yo mencioné antes) por la testosterona y los testículos. No es broma, este resumen cita los estudios en cuestión y los autores de los mismos. Visto lo visto no sé, la única conclusión que se puede sacar de todos estos estudios es que hay que acabar con los hombres para que el ser humano salga adelante, con lo que concluyo que Valerie Solanas tenía razón. Es lo que pasa, que te vuelven loca.
CREAR UN MONSTRUO PARA QUE NOS DEVORE
Publicado en El Plural el 1 de junio de 2011
Con motivo de lo que ha sucedido con las feministas y el movimiento 15 de mayo han surgido muchas cuestiones que habrá que ir analizando poco a poco. Una de las cuestiones más preocupantes es la irrupción del neomachismo que se hace pasar por feminismo, que usurpa nuestro lugar. A cambio, ese neomachismo que se hace llamar «nuevo feminismo» nos empuja a las feministas hacia algo llamado «hembrismo». Así que finalmente ellas y ellos se apropian del término feminismo y pretenden echarnos fuera. Lo paradójico es que eso del hembrismo es un término inventado por el propio feminismo o por algunas feministas y parece hacer referencia a una categoría de mujeres que odian a los hombres.
QUÉ FEMINISMO
Publicado en Trasversales el 9 de septiembre de 2010
GÉNERO INDEFINIDO
Publicado en El Plural en abril 2010
En los últimos meses se ha venido hablando de la posibilidad de reconocer legalmente un género o un sexo neutro (mejor sería decir indefinido). La cuestión ha surgido de la lucha que están llevando a cabo algunas personas que quieren ser reconocidas bajo esa tercera opción: no se reconocen ni como hombres ni como mujeres. A partir de ahí algunos/as activistas han comenzado a pedir que el sexo deje de figurar en los documentos oficiales de la misma manera que dejó de figurar el estado civil, la raza, o la ocupación. Hace al menos tres años yo era de esa opinión e impartí una conferencia en la Universidad Jaume I de Alicante que llevó por título Por la desaparición de la mención de sexo de los documentos oficiales. En este momento, en cambio, opino que se debe reconocer la posibilidad de no ser ni hombre ni mujer a quien lo solicite, así como la posibilidad de poner nombres que no definan el sexo, pero no estoy segura de que esta mención deba desaparecer de todos los documentos oficiales.
EL SEXO DE LAS ATLETAS
Publicado en El Plural el 26 de agosto de 2009
¡Uy, que susto! Hay por ahí una atleta, Semenya, que dicen que “tiene aspecto de hombre” ¿Y que es tener aspecto de hombre? Pues los medios no se ponen de acuerdo. El Mundo nos dice que ese aspecto se debe a “sus andares e incluso algunos rasgos psicológicos”. Eso sí que me preocupa porque si de rasgos psicológicos se trata yo he visto que las y los atletas son gente muy rara; habrá que hacer tests a todos ellos. El periódico El Mundo, en el tono amarillista-ignorante que es la marca de la casa, llega a pedir que se analice “la sexualidad” de la atleta a ver si es sospechosa; de lo que se deduce que yo misma debo ser un hombre. Por su parte, Público menciona algo acerca de los ovarios y El País de la testosterona. El lío que se ha montado demuestra que lo que ocurre es que no se sabe muy bien en qué consiste ser mujer (u hombre) o dejar de serlo. ¿A ver si no va a ser tan sencillo como nos han hecho creer? ¿A ver si es que la frontera entre los sexos no es tan nítida como este sistema se empeña en mantener?
MUJERES, HOMBRES
(1 noviembre de 2001)
Cuando José era un niño lo que más le gustaba era el fútbol y todos los recreos de su infancia los recuerda jugando con un balón en el patio de la escuela. Pensaba que las niñas eran tontas, no había más que verlas con sus estúpidos juegos de niñas. Él iba con los niños para jugar al fútbol, iba con los niños a jugar al descampado, iba con los niños a fumar a escondidas. En los vestuarios miraba el pene de los demás niños y en cuanto podían, jugaban todos a ver quien lanzaba más lejos el pis. El peor insulto era cualquier palabra que le relacionara con algo femenino. Después, de adolescente sí que hablaba de chicas con su pandilla, de cuál de ellas estaba más buena…Seguía yendo con sus amigos al estadio, a beber en grupo, a andar por ahí. También participó en algunas sesiones de masturbación en grupo y en su pandilla a veces se reunían para ver revistas porno. En esos años conoce al que es su mejor amigo pero su intimidad se reduce a darse fuertes palmadas en la espalda. Después de la universidad, ya trabajando, seguía saliendo con sus amigos, pero ahora también salía con sus jefes y compañeros a tomar cañas, no es bueno que en el trabajo le califiquen a uno de huraño. Los domingos seguía yendo al fútbol con sus amigos de toda la vida. Aunque él nunca fue de putas, alguno de sus amigos sí que lo hacía y en alguna ocasión le insistieron tanto que a punto estuvo de hacerlo, sobre todo en una fiesta en que se emborrachó mucho. No lo hizo porque entonces tenía novia y no le parecía bien.
CONTRA EL GÉNERO
(6 enero de 2001)
Cuando en los años 60 el feminismo tomaba la palabra activamente y también lo hacía, poco después, el pensamiento gay-lésbico, uno de los objetivos que ambos compartían era acabar con el género o por lo menos, difuminar esa frontera que divide, de una manera interesada, a la humanidad en dos mitades absolutas, irreconciliables y opuestas.
Hace poco me encontraba en
una Mesa Redonda en la cual uno de los contertulios afirmaba tranquilamente que
los roles de género han desaparecido. ¡Ahí queda eso! Desde luego no han
desaparecido y lo único que ha desaparecido de nuestra vista es la necesidad de
combatirlos; tanto desde el campo del feminismo, desde donde han aparecido
voces glorificando el género (femenino en este caso), como desde el movimiento
o la comunidad gay, que, si no desde el pensamiento si que desde la práctica
cotidiana se dedica a dejar bien claro que los gays, cuanto más masculinos
mejor. Cuando una cultura o una comunidad como es el caso, se dedica a
glorificar lo masculino, su correlato inmediato es una desvalorización de lo
femenino. Eso está ocurriendo ahora en el movimiento gay. Pero tampoco es
demasiado tranquilizadora la lectura de tantas pensadoras feministas empeñadas
en glorificar lo femenino a costa de lo masculino; claro que en este caso es
menos peligroso porque dicho pensamiento no tiene ninguna posibilidad de
triunfar, con lo que ellos no corren ningún peligro y, dicho sea de paso,
nosotras tampoco.
A mi contertulio de aquella Mesa Redonda le contesté que
el género estaba más vivo que nunca, más que nunca inscrito en nuestros
cuerpos. El género fue combatido, por ejemplo, por el movimiento hippie
(movimiento cuya importancia no ha sido suficientemente reconocida) cuando sus
integrantes pugnaban por compartir valores, subjetividades e incluso
indumentarias. No ahora, cuando hombres que han esculpido cada centímetro de su
cuerpo y su cerebro se enfrentan a mujeres que esculpen también su femineidad a
golpe de quirófano, dinero o indumentaria y, por supuesto, valores.
Hace poco leí un estudio científico que afirmaba que hombres y mujeres somos iguales en un 95%. Las diferencias físicas apenas alcanzan a un 5% de nuestro cuerpo. Las diferencias de tamaño de nuestros órganos no son importantes ya que también entre los dos sexos existen acusadas diferencias de tamaño, peso, masa muscular, etc. Somos mucho más parecidos que diferentes y, no obstante, sobre esa pequeña diferencia hemos edificado una impresionante estructura cultural que ha dividido a la raza humana en dos mitades que parecen destinadas a no encontrar siquiera un punto de convergencia. Hombres y mujeres somos absolutamente diferentes pero, además, esas dos mitades están, por supuesto, jerarquizadas. Una mitad es más valorada cultural y socialmente que la otra.
Nuestros cuerpos se construyen para resaltar las diferencias, los valores se adscriben a las personas según uno esté en una mitad o en la otra, nuestra subjetividad, lo que en definitiva nos permite saber lo que somos, se modela de manera diferente según estemos en uno u otro lado. Es injusto para todos, es además mentira, produce en muchas personas dolor y sufrimiento. Gays y lesbianas nos encontramos en una posición privilegiada para combatir un orden simbólico que nos constriñe a todos y especialmente a todas. Desgraciadamente, parte de la comunidad gay ha optado por glorificar la masculinidad sin saber que, hagan lo que hagan, no dejarán de ser despreciados y asociados, aunque sea vagamente, a algo femenino que la sociedad, y ellos también, desprecia profundamente. Todos nosotros tendríamos que estar unidos para combatir ese maldito corsé que nos esclaviza que es el género. Más allá de los derechos legales, la homofobia, el machismo y la misoginia continuarán actuando libremente si no nos convencemos de que el enemigo puede estar creciendo en nosotr@s mism@s.
La biología no es, no puede
ser un destino; contra eso tenemos que rebelarnos todos.
EL ECLIPSE ERA POLÍTICO
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