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EL CLÍTORIS, OTRA VEZ. A 50 AÑOS DEL INFORME HITE

 El 8 de agosto se celebró el Día del Orgasmo Femenino, una de esas efemérides extrañas que no se sabe muy bien de dónde salen pero que acaban sirviendo para que, al menos un día al año, todo el mundo hable del asunto. Y justo por esas fechas, además, se cumplía medio siglo de la publicación del Informe Hite, el tratado sobre sexualidad femenina escrito por Shere Hite, aniversario, además, muy relacionado con lo anterior y del que pocos medios se hicieron eco. Sin embargo, el Informe Hite supuso una completa revolución en el acercamiento a la sexualidad femenina; una revolución que hoy sabemos inacabada.

HEATED RIVALRY: LA DESAPARICIÓN DE LA MUJER DESEANTE

 

La serie canadiense Heated Rivalry, o Más que rivales en español, dirigida por Jacob Tierney, se ha convertido en un fenómeno cultural que ha salido del mundo de las series para escalar a los medios escritos y a la conversación global. Se trata de una serie cuyos protagonistas son gais y, además, son atletas con unos cuerpos espectaculares, guapísimos, ricos, tienen unas casas de escándalo y coches de lujo. Se desean, tienen sexo, problemas con la homofobia y finalmente acaban enamorándose… y siguen teniendo sexo. Desde el punto de vista artístico, la serie no deja de ser una especie de videoclip para adolescentes y si en lugar de ser hombres sus protagonistas fueran una pareja heterosexual, nadie estaría hablando de ella. Como sus protagonistas son dos hombres la cosa adquiere algún que otro matiz. Todavía hay que reseñar que es positivo que se muestre la homosexualidad con este nivel de normalidad en una plataforma generalista, como una relación equiparable a cualquier otra hetero, sin más.

SE PUEDE SER FEMINISTA Y PERREAR? Entrevista (Laura Luego)

 

La polémica empezó en un concierto, pero en realidad habla de algo mucho más profundo. Bastó que miles de personas observaran lo que ocurría en ‘La Casita’, el espacio privilegiado que Bad Bunny incorpora a sus espectáculos y al que acceden celebridades, personas con estatus y mujeres seleccionadas por su imagen, para que reapareciera una discusión recurrente dentro y fuera del feminismo. ¿Es compatible defender la igualdad y, al mismo tiempo, disfrutar de expresiones culturales que reproducen dinámicas de desigualdad, cosificación o privilegio?

CONSENTIMIENTO Y DESEO

Publicado el 28 de agosto de 2023


El consentimiento es uno de los grandes asuntos del feminismo desde siempre. No en vano Alicia Puleo introduce la noción fundamental de “patriarcado de consentimiento” en donde las relaciones entre los sexos pasan de estar regidas por la coacción directa para ser supuestamente consensuadas. Pero esta noción problematizada de consentimiento va mucho más allá de la sexualidad y podemos aplicarla a multitud de relaciones contemporáneos en donde la desigualdad es un factor de partida ineludible. El capitalismo es un régimen económico en donde, mediante el contrato, los y las trabajadoras consienten en su propia explotación. El consentimiento es un instrumento jurídico, que pasa a ser social, que puede servir para legitimar la explotación y la desigualdad, pero eso no quiere decir que el consentimiento deba desaparecer porque es la expresión de la agencia. Lo que debe desaparecer es el régimen de desigualdad. Si hablamos de feminismo tenemos que especificar que nos estamos refiriendo al papel del consentimiento como concepto central en las relaciones sexuales y, concretamente, de su papel en las leyes contra las agresiones. Esta fue una de las exigencias feministas más potentes salida de las quejas contra la primera sentencia de La Manada y eso es lo que recoge la ley del Sí es sí. No es nada extraordinario, la tendencia en todos los países democráticos es poner el consentimiento en el centro de sus leyes contra la violencia sexual.

QUIERO FOLLAR TAMBIÉN ES SÍ, DE ESO SE TRATA

Publicado en Público el 22 de octubre de 2021


Leí con atención el artículo que público Mónica Oltra en este medio el otro día titulado Quiero follar también es sí y quiero, con todo respeto, contestar algunas cuestiones que me ha sugerido. El artículo comienza con una falacia argumentativa de manual.  Una falacia es un argumento lógico pero cuya conclusión resulta ser falsa y es creada con fines manipulativos.

En este caso Oltra comienza su exposición con una serie de frases que sirven, únicamente, para poner a la mayoría de las lectoras de acuerdo con ella: «Quiero follar contigo, también es sí. Me gustaría tener relaciones sexuales contigo, también es sí. Tengo una fantasía sexual que quiero explorar contigo, también es sí. Me gusta el sexo oral, ¿quieres que probemos?, también es sí»escribe. Yo también estoy de acuerdo con estas frases, lo malo es que la conclusión que ella pretende que saquemos es que la ley del Sí es Sí se opone a todo eso.

Esa conclusión es falsa, pero así argumentada hace recaer la carga de la prueba en la propia ley; es decir, la manera en que ella argumenta pretende que se crea que a todo eso, tan apetecible, se opone la ley. Sin embargo, hay una pequeña contradicción, supongo que no deseada, porque ella misma dice que todo eso «también» es Sí. Evidentemente. Todo eso entra dentro del Sí, grande, enorme, placentero, gozoso, que una mujer otorga cuando desea sexo, cualquier tipo de sexo, como quiera.

Si «quiero follar contigo» también es Sí, como ella misma dice, ¿qué problema tiene con el planteamiento? Si le damos la vuelta al argumento, «quiero follar contigo» es otra forma de decir «sí».  «Sí es sí» quiere decir todo eso que Oltra expresa y muchas más cosas, todas las que se nos ocurran, todas las que queramos. La única premisa necesaria es esa: que las deseemos. ¿De verdad Oltra cree que la ley del Sí es Sí desposee a las mujeres de tomar la iniciativa en las relaciones sexuales? Tomar la iniciativa es, precisamente, un enorme «Sí», pero, en todo caso y desde luego, la ley no impide ni desanima a tomar la iniciativa.

Después de ese comienzo falaz Oltra dice que, por lo demás, claro que coincide en el necesario cambio del Código Penal por el cual la falta de consentimiento y no la resistencia física determine cuando existe una agresión sexual. Es decir, que está de acuerdo con el principal objetivo de la ley, que es situar el consentimiento de la víctima en el centro. No importa si ella se resistió o no, lo que importa es si quería follar, hacer sexo oral o explorar todas esas fantasías de las que habla Oltra. También se muestra de acuerdo en la gradación de las penas que impone la ley porque… efectivamente, no es lo mismo que te toquen el culo en el autobús a que te violen (a no ser que quieras que te toquen el culo, en cuyo caso estarías dando un enorme Sí). Seguimos de acuerdo.

«Ahora bien», escribe Oltra a continuación, y suponemos que tras esta introducción viene aquello en lo que no está de acuerdo: «A mi juicio el conjunto de políticas públicas para combatir la violencia sexual debe ir mucho más allá. Es más, serán más determinantes en la erradicación de violencia contra las mujeres las políticas públicas de toda índole: educativas, de fomento de marcos igualitarios en la vida pública y privada, el prestigio de las relaciones interpersonales igualitarias o la promoción de una masculinidad no tóxica, que todas las normas penales». Perfecto. Esto es de manual también y de nuevo hay una pequeña falacia al insinuar que la ley se opone a todo porque es precisamente lo contrario. Desde las primeras leyes socialistas (la de Igualdad, la Ley contra la violencia y todas las leyes autonómicas) a todas las políticas públicas desarrolladas desde entonces se viene insistiendo en todo eso que ella menciona como factores imprescindibles para conseguir la igualdad que deseamos. Esta ley también recoge todo eso.

Es verdad que estas cuestiones, especialmente aquellas que se tienen que desarrollar en la educación, o las que dependen de los medios de comunicación o que requieren cambios culturales, resultan complicadas de aplicar.  Las medidas sociales y educativas, imprescindibles, son siempre muy difíciles porque encuentran enormes resistencias desde los ámbitos más conservadores o desde los ámbitos en los que está en juego el negocio, pero no cejamos en ello y por ello las leyes siempre las recogen. Decir que es necesario que queramos follar, es decir, situarnos como iguales a los hombres, explorar fantasías, tener sexo oral o lo que se nos ocurra para que dicha relación sea legítima e igual, no borra nada de la necesidad de medidas transformadoras en lo cultural; la ley lo recoge, y todas las leyes de igualdad también.

El mensaje de «solo sí es sí» no nos convierte en un semáforo, como ella dice, sino en personas capaces de expresar lo que deseamos. No sitúa el deseo en los hombres, sino en las mujeres también.  Y, precisamente, este es el gran cambio respecto a las leyes anteriores donde se suponía que lo normal era que dijésemos que no. Es decir, que la ley hace lo contrario de lo que ella dice que hace. Pasa de la necesidad del «no» anterior, al «sí» actual. En el colmo del absurdo, en uno de sus últimos párrafos Oltra dice literalmente que la ley del Sí es Sí pretende que las mujeres, en realidad, digan que no. «¿Hemos olvidado los calificativos que muchas mujeres tienen que oírse cuando ejercen su libertad, siguen su deseo y construyen las relaciones y prácticas sexuales que les placen?». No, no los hemos olvidado, y por eso, hemos pasado del «no es no» que gritábamos antiguamente, al «sí es sí» para poner en primer plano el deseo femenino y el «queremos follar». Es decir, Oltra critica a la ley justamente por lo que esta ley no hace y sí hacían las anteriores (recomiendo leer este artículo).

Vamos a los últimos párrafos de su artículo. De nuevo: «animar a explorar y expresar el deseo propio y hacerlo valer, trasladar la idea de que hacernos valer es hacer valer nuestros deseos y proporcionar las herramientas para este aprendizaje y transmitir que el sexo es un ámbito de placer para nosotras, es algo que las feministas debemos hacer, sí, y no por medio del Código Penal». De nuevo completamente de acuerdo, el feminismo debe hacer todo eso por medio, entre otras cosas, de la cultura y la educación, y el Código Penal debe usarse como la última ratio, justo lo que hace esta ley. Esta es una ley integral que prevé no solo punición, que está en una disposición adicional, sino detección temprana, prevención, sensibilización, protección… y reparación como nunca antes, incluida la reparación individual (física, psíquica, económica) y reparación social y simbólica para las víctimas y supervivientes de violencia sexual, algo inédito en nuestro ordenamiento jurídico. Oltra no se ha leído la ley… o, está hablando de otra cosa.

El artículo es un batiburrillo de argumentos falaces me temo. La pregunta entonces es: ¿por qué escribe este artículo Oltra? Puedo aventurar dos razones. Una porque busca adhesiones en este momento de alianzas y de dejarse ver (pretensión muy legítima, aunque no a costa de faltar a la verdad); ya sabemos que si hablas de sexo, da igual a qué te refieras, tienes ganado a una parte del público en un mundo en el que el sexo es, como dice Illouz, el mayor legitimador de casi todo.

En segundo lugar, me temo que bajo sus argumentos lo que late es un antiguo debate que ella no se atreve a mencionar. Lo que late enlaza con otros debates que tradicionalmente se vienen intentando resolver tachando de puritano a cierto sector del feminismo para así desacreditar sus argumentos políticos. Esto lleva haciéndose muchos años. El antiguo debate relacionado con la prostitución (y otras cuestiones) que califica de mojigatas a las abolicionistas está latiendo en esta crítica. Calificar de antisexo a quienes critican políticamente la institución de la prostitución está pasado de moda y ya no es efectivo, especialmente cuando miles de jóvenes nada mojigatas se han incorporado al abolicionismo en los últimos años. Es un argumento de los 70 y 80, un argumento de paja que no tiene nada que ver con el objetivo de esta ley, que sí, que además busca acabar con la impunidad de los proxenetas. Si Oltra no está de acuerdo con este objetivo que lo diga claramente, pero que no ataque a esta ley tan necesaria para el feminismo.

Sólo hay una cosa en la que le doy la razón a Oltra, pero no en relación con esta ley. Es verdad que mientras seamos nosotras las que tengamos que expresar el consentimiento y no ellos, o no ambos, no seremos iguales. Pero pensar que podemos situarnos más allá del consentimiento ahora es ignorar la existencia del patriarcado y de la violencia sexual y supone dejar, otra vez, en manos de la justicia patriarcal la posibilidad de que se imparta justicia.  Porque no se puede legislar sin tener en cuenta el mundo en el que vives. Sería como decir que las leyes contra la violencia de género son machistas porque asumen que son los hombres los que ejercen violencia contra las mujeres. Porque existe patriarcado y violencia sexual las leyes más feministas ponen el consentimiento, en el centro. Y es un gran avance porque hemos pasado del «no» al «sí», justamente por todo lo que ella dice en su artículo. Esto supone tener en cuenta la libertad sexual activa y no reactiva, precisamente. En fin, eso supone poner el placer y el deseo femenino en primer plano, supone asumir que las mujeres quieren follar, explorar fantasías o lo que les dé la gana y que decir que quieren todo eso es, además, lo normal. Podría haberse llamado «Ley de sí, quiero follar», pero, en fin, quizá el Parlamento no esté preparado.



ENTREVISTA: PARA QUE HAYA PUTAS TIENE QUE HABER POBRES

Publicado en HIPERTEXTUAL

Beatriz Gimeno (Podemos): «Para que haya putas tiene que haber pobres» 

por Paula García 4 de septiembre de 2019. Última actualización 2 de marzo de 2021 

Con aire desenfadado y mirada despierta nos recibe en la Asamblea de Madrid, donde pasa la mayor parte de su tiempo, Beatriz Gimeno. Nos conduce al calor de una oficina empapelada de declaraciones de intenciones, en la que nos habla acerca de su gusto filológico mientras nos escolta por la cronología de su activismo. Sus palabras caen con el peso que otorga toda una vida dedicada a la acción social, pero mantienen la liviandad de quien continúa cuestionándose los relatos.**La reflexión sobre el consentimiento que hiciste en la revista Contexto a raíz de la violación múltiple de los Sanfermines puso de relieve la posición de subalternidad de las mujeres en la sociedad respecto a la autonomía de su propio deseo. ¿Cómo podemos llegar a desear en igualdad?**

EL HOMBRE QUE MIRA

 Publicado en Cuarto Poder el 8 de noviembre de 2019

Siempre me pregunto qué ven los hombres cuándo nos miran. ¿Qué ven cuando miran a una mujer anciana, a una niña, a una joven? ¿Cuánto de diferente es lo que ven si miran a una mujer deseable que a una que no se lo parece? Lo que me pregunto es a si su mirada sexualizada sobre los cuerpos femeninos se extiende a todos los cuerpos o sólo a los deseables, si es todo el tiempo, si es siempre y si, en todo caso, hay resquicio para encontrar algo de humanidad en esa mujer que miran.

SEXO Y EMPATÍA: LAS BASES ÉTICAS DEL FOLLAR

 Publicado en CTXT el 28 de mayo de 2018


A raíz de lo ocurrido con la sentencia de La Manada, en los días (ya semanas) siguientes, hemos hablado y escrito de muchas cosas relacionadas con el feminismo y no estrictamente con la sentencia en sí, que también. Digamos que la sentencia, como antes el 8M, está sirviendo para levantar muchas alfombras y levantarlas incluso de sitios donde hacía años que nadie se ocupaba de barrer. Esta sentencia ha provocado indignación porque antes estuvo el movimiento #MeToo y porque una gran parte de la revuelta feminista de los últimos tiempos tiene que ver con la violencia sexual, es una revuelta contra las violaciones y el acoso, contra la sexualidad machista, en definitiva. Así que por fin se nos presenta la oportunidad al feminismo de hablar más de sexo. Porque el sexo es el elefante blanco que está en una habitación y nadie parece ver. Y no se trata sólo de denunciar, castigar o perseguir, no se trata de aumentar las penas, sino de reflexionar acerca de qué es esa “cosa escandalosa” (parafraseando a Donna Haraway y refiriéndola aquí a la sexualidad patriarcal) y qué relación tiene con la desigualdad social, con las relaciones de género, con el poder, con la política. Es hora de volver a pensar la sexualidad como una construcción política que incide en las relaciones sociales de manera fundamental.

MESA REDONDA: NEOLIBERALISMO SEXUAL: EL MITO DE LA LIBRE ELECCÓN

MESA REDONDA en el Prat de Llobregat junto con Ana de Miguel.

Marzo 2016

Tertulia. Neoliberalismo sexual, el mito de la libre elección: https://www.youtube.com/watch?v=uLA_YjJZO4s

Tertulia2: Neoliberalismo sexual, el mito de la libre elección2

https://www.youtube.com/watch?v=kuoLaoEaq6c


LA SEXUALIDAD HA SIDO HISTÓRICAMENTE UN CAMPO NEGADO PARA NOSOTRAS

Publicado en Imaginaciones fílmicas el 29 de diciembre 2016  

Entrevista realizada a Beatriz Gimeno por Sara Mathius

Beatriz Gimeno es una de las figuras más destacables en la lucha activista LGBT en nuestro país. Fue la presidenta de la Federación Española de Lesbinas, Gays, Bisexuales y Transexuales (FELGTB) en el momento de la aprobación del matrimonio entre personas del mismo género. Valiente y directa, arremetió contra la postura del Partido Popular y de la Iglesia Católica, que se oponían tajantemente.

 

Es diputada por Podemos de la X Legislatura de la Asamblea de Madrid y compagina esto con el oficio de escritora. Ha publicado diversas obras sobre el feminismo lésbico. Entre ellas se encuentran: Primeras caricias: 50 mujeres cuentan su primera experiencia con otra mujer, ¿seré lesbiana?Su cuerpo era su gozo,  La liberación de una generación: historia y análisis político del lesbianismo. También ha escrito sobre prostitución y tiene un blog personal donde analiza y desmenuza este y otros temas de actualidad con verdadero rigor, desde un punto de vista crítico y, ante todo, honesto.

Buenos días Beatriz, recientemente he leído una noticia en el periódico ‘La Razón’, donde se ponía en duda la veracidad de la víctima de las violaciones de Sanfermines. Últimamente hay demasiados titulares indignantes que particularmente me hace daño leer. ¿Cómo podríamos combatir las desigualdades de género en los medios? ¿Existe algún método de denuncia seria y efectiva contra este tipo de periodismo para que pueda desaparecer?

Hay muchos medios más progresistas que La Razón que tienen más cuidado con esas cuestiones. Algo hemos avanzado en estos años. No creo que haya ningún método en concreto para hacer desaparecer el machismo en los medios de derechas como La Razón, porque el machismo es consustancial —y más lo va a ser en el futuro— a la derecha. Si bien hubo un momento en el que la defensa de la igualdad formal entre hombres y mujeres era algo que todo el espectro político asumía, lo cierto es que, cada vez más, vemos cómo la derecha se va rearmando ideológicamente contra el feminismo y va disputando terrenos que hace poco no estaban en disputa. Es una guerra contra las mujeres y contra la igualdad porque todo está unido. Si combates el aborto combatirás también el feminismo y, al final, combatirás también la idea misma de igualdad y eso lleva a combatir la idea de que ante las acusaciones de violación hay que creer a las víctimas, etc. Se va expandiendo la idea de que el feminismo deja víctimas entre los hombres. Como digo, es parte de la agenda conservadora, pero cala en todo el espectro político porque el feminismo sigue viéndose como algo de algunas mujeres pero no como una cuestión de justicia social y de derechos humanos al mismo nivel que otras cuestiones plenamente aceptadas por la izquierda.

También la página ‘Locas del coño’ fue censurada recientemente hasta que han conseguido su reapertura… Sin embargo, no existe censura alguna para el machismo en muchos medios informativos de gran relevancia. ¿Cuáles son las vías de acción en las que podemos tomar parte para que esto no suceda? ¿Crees que este frente de desigualdad puede ser uno de los más difíciles de exterminar?

Creo que después de una época en la que ha sido más fácil mantener posiciones feministas públicamente o en la que, al menos, un feminismo básico parecía ser lo políticamente correcto, ahora comienza a verse cómo el machismo contraataca y el feminismo pasa a ser automáticamente “radical” y algo a combatir.

Hay una nueva oleada que se autodefine como “putas feministas” y que ejercen libremente la prostitución. Dadas las circunstancias económicas actuales y la brecha salarial, ¿qué piensas de la defensa de la prostitución en el marco legal adecuado por parte de este movimiento?

Es parte del discurso y el pensamiento posmoderno en el que lo único que se tiene en cuenta es el individualismo y la libertad individual y ligada al consumo (la otra no cuenta; así desaparece o no se contempla que la libertad que hay que defender es la de no ser puta). Las mujeres siempre han podido intercambiar sexo, o reproducción o trabajo doméstico por dinero. Es parte de lo que significa ser mujer. Por tanto eso no es nada a defender, sino que lo que hay que defender es lo contrario. Poder no hacerlo. La prostitución ya cuenta en este país con el marco legal adecuado: no está prohibida, pueden hacerlo autónomamente y cotizar como tales a la Seguridad Social. Todo lo demás, lo que defiende en realidad es el derecho de la industria del sexo a lucrarse a costa de esas mujeres (esa ocupación), y eso es lo que también hay que combatir. Muchos discursos supuestamente pro-prostitutas son pro-empresarios, pero camuflados, claro; si no, no tendrían éxito.

¿Por qué crees que a las mujeres les cuesta tanto hablar de sexualidad entre sí?

Porque la sexualidad ha sido históricamente un campo negado para nosotras. Nosotras no hablamos abiertamente de sexo y ellos no hablan de sentimientos y sí que hablan de sexo. Es parte de los roles de género.

¿Qué diferencias encuentras entre el feminismo y el activismo LGBT en cuanto a retos y frentes abiertos? ¿A qué nuevas barreras se enfrenta cada uno de ellos?

Si bien la homofobia bebe de la misma fuente que el patriarcado, lo cierto es que esto no ha sido siempre así y no tiene por qué seguir siéndolo. Muchas sociedades en las que la homosexualidad masculina estaba aceptada, eran profundamente misóginas. En una situación en la que la homofobia se puede ir diluyendo (aunque aun queda mucha) lo que no se va diluyendo nada es el patriarcado. Es decir, el patriarcado es estructural a cualquier sociedad, la homofobia no. En la actualidad, muchos gays no sólo no son feministas sino que son antifeministas. Y hay temas de la agenda política en los que podemos diferir mucho, como los vientres de alquiler, por ejemplo.

¿Cuáles son los países con más problemas de violencia de género? Dentro de este ranking, ¿dónde se encontraría España?

Pues la verdad es que no lo sé, no soy especialista en violencia de género. Pero lo que sí sé es que España es un país medio, no es de los que padece más este tipo de violencia. Lo que ocurre es que en España, al contrario que en otros países, sí que está muy presente. Está en la agenda y, sobre todo, hay un movimiento feminista muy fuerte que hace que no pueda olvidarse.

Por último y recordando a algunos humoristas españoles como Jorge Cremades que realizan un humor machista y basado en estereotipos impuestos por el patriarcado ¿crees que todo vale dentro del humor?

No, no todo vale. Lo que sí creo es que casi todo debe poder decirse sin que sea delito. No soy partidaria de penalizar la opinión, ninguna (o casi ninguna) opinión. Pero eso no quiere decir que no sea partidaria de recriminar públicamente al que profiere opiniones machistas, homófobas, fascistas, etc. Claro que hay que recriminar, y claro que hay que denunciarlas públicamente para que se le rescindan contratos, etc. Desde mi punto de vista la batalla es social y cultural. No se trata de convertirlas en delito, sino de que dichas expresiones no se puedan expresar porque socialmente no sean aceptables. Igual que casi nadie hace hoy un chiste racista, pues conseguir que nadie lo haga sexista.



¿CÓMO NOS QUIERE EL PATRIARCADO?

Publicado en eldiario.es el 22 de octubre de 2016


Hace unos días que la cara sonriente, feliz, ilusionada, de la adolescente Lucía Pérez me ronda por la cabeza. Hubiera preferido no ver su cara, ni su sonrisa. Hubiera preferido no poder imaginarla, no poder imaginar que estuvo viva, que sonreía, que era feliz (a ratos, supongo) y que le quedaba toda la vida por delante. Hubiera preferido no encarnar ese dolor, no ponerle cara, ni sonrisa al horror. Pero el horror nos llegó con la sonrisa de Lucía y ahora a mí me es imposible quitármela de la cabeza. Un hombre y su hijastro la raptaron, la drogaron, la violaron anal y vaginalmente y finalmente le metieron un palo por el ano. Ella murió de un paro cardíaco producido por el dolor y el miedo.

NO ES NO, TAMBIÉN EN MÁLAGA

Publicado en eldiario.es el 22 de agosto de 2014

Uno de los mitos más persistentes del patriarcado es aquel que describe la sexualidad masculina como una potente fuerza de la naturaleza, como un torrente que arrolla todo lo que se encuentre a su paso, como una fuerza que una vez puesta en marcha es difícil de detener. Según el mito, si una mujer no quiere mantener relaciones sexuales, lo mejor que puede hacer es no provocar al monstruo; no poner en marcha esa maquinaria, no abrir las compuertas del torrente. Es una sexualidad que algunas feministas han descrito usando la metáfora de “sexualidad hidráulica”. El patriarcado nos presenta a los hombres como a personas que, llegadas a un momento en la excitación sexual, ya no pueden parar. De ahí todos los mitos preventivos de la violación que siguen a la orden del día: no les provoques, no te expongas, no pongas en marcha la maquinaria. Lo que en definitiva quiere decir esto es que como un hombre tenga una erección y como la mujer haya colaborado en provocar esa erección…luego que no se queje. Llega un momento en el que él ya no tiene la culpa. Pero naturalmente que la tiene, la erección es una reacción involuntaria, lo que un hombre haga con su cuerpo es algo de lo que es enteramente responsable, en cualquier momento. Una erección no daña a nadie, es el violador o el abusador el que daña a la víctima.

CUESTIÓN DE PEZONES

  Publicado en El Plural el 12 de julio de 2013

Hombres y mujeres tenemos pezones.

El pezón humano es una protuberancia pequeña que se encuentra sobre las mamas o pectorales rodeada de un área de piel más oscura conocida como areola. La mayoría de las personas, tanto hombres como mujeres, tenemos dos pezones situados en el centro de la mama. Algunas personas poseen más de dos, pero no es lo habitual. No obstante, si miramos lo que ocurre en la naturaleza, podemos decir que somos una especie con pocos pezones; de hecho, somos los mamíferos que tiene menos, la mayoría tiene 3 o 4 pares.

CUNNILINGUS EN PRIME TIME

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PORNO PARA MAMÁ Y PORNO SIN MÁS

Publicado en Píkara el 18 de diciembre de 2012

Beatriz Gimeno habla de qué fantasías y roles representa la pornografía hegemónica, al hilo del éxito de ‘Cincuenta sombras de Grey'

Señora Milton

Cuando me pidieron que escribiera sobre Cincuenta sombras de Grey, en principio me pareció bien porque es de lo que hablan todas mis compañeras de oficina desde el verano, así que se lo pedí prestado a una de ellas. Me vino con tres tomos, miles de páginas, un poco más breve que ‘En busca del tiempo perdido’, pero poco. La verdad es que leer leer sólo he aguantado la mitad del primer tomo, después ha sido un ojear por encima y listo. Se trata de una cursilada imposible de tragar, mal escrita e insoportablemente sexista. Una novelita rosa remozada de sexo explícito para la era postporno.

DESEO QUEER

Publicado en Pikara el 11 de abril de 2012

Beatriz Gimeno recuerda que la atracción puede dirigirse hacia cuerpos, identidades o roles no normativos, independientemente de la orientación sexual

Imagen: Señora Milton

Deseo queer

Cuando pensamos en lo queer pensamos en alguien queer, en personas queer. Cuerpos que no siguen la normatividad corporal, identidades que rompen con la coherencia que se espera entre género y sexo, orientaciones completas del deseo que rompen también con la relación entre cuerpo, identidad y deseo, roles sociales y sexuales no normativos…Todas estas cosas podemos pensarlas como propias de personas queer, pero pocas veces pensamos en la posibilidad de un deseo queer autónomo de lo anterior. Pero el deseo, y no me refiero a las prácticas, ni a la orientación sexual tal como la conocemos, puede ser queer aunque pocas veces hablemos de ello o lo visibilicemos. El deseo “raro” permanece sumergido en la invisibilidad o se visibiliza, como mucho, en los márgenes, en la oscuridad de los espacios mentales y físicos en los que ocultamos lo que, por la razón que sea, sabemos que no es aceptable, que no goza de legitimidad para expresarse.

Hombres y mujeres pueden sentir un deseo autónomo por mujeres heterosexuales con pene, por hombres heterosexuales sin pene, por lesbianas con pene, por lesbianas sin tetas, por gais con tetas, clítoris o vagina… Y estas y más combinaciones corporales o identitarias podemos mezclarlas con identidades diversas, con orientaciones diferentes, con roles sexuales y sociales y con prácticas diversas que muestran poca o ninguna coherencia con la norma sexual y social

Por ejemplo, sabemos, todo el mundo lo sabe, que muchos hombres sienten deseo por cuerpos biológicamente masculinos, o genitalmente masculinos al menos, pero que tengan al mismo tiempo tetas y que asuman un rol social femenino, aunque puedan asumir roles sexuales masculinos…(o no). Por lo general, el único espacio en el que este deseo concreto se visibiliza es en la prostitución, en la demanda de mujeres transexuales con genitales masculinos funcionales. El hecho de que el único espacio de visibilización sea en la prostitución hace muy fácil estigmatizar este deseo o convertirlo en algo sórdido, como todo lo que rodea la prostitución.

Solemos despachar el asunto con el argumento fácil y rápido de que en realidad, los demandantes de este tipo de prostitución son gais vergonzantes que se hacen pasar por heterosexuales, que en realidad lo que buscan cuando dicen buscar una mujer es una buena polla. Así, los heterosexuales respetables los desprecian por gais y las personas LGTB los despreciamos por armarizados, por imaginarles presos de una enorme dosis de homofobia internalizada. Es una manera de poder dar coherencia a todo el lío; si buscan una polla son gais, sin más y el resto: el cuerpo, el rol sexual o la identidad femenina son la excusa para hacerse pasar, ante sí mismos y ante los demás, como heterosexuales. Pero, ¿y si no fuera así? ¿Y si simplemente hay hombres heterosexuales que desean mujeres con pene y si las buscan en la prostitución es porque es el único lugar donde encontrarlas? ¿Y si un deseo como éste –u otros- fuera autónomo de ninguna razón, de ninguna explicación, de ninguna falta?

Aunque supongo que habrá entre todos esos hombres algunos, o muchos, gais con un alto grado de homofobia internalizada, podemos suponer también que no tienen por qué serlo todos ellos; podemos pensar que el deseo, el de las mujeres y el de los hombres, puede simplemente dirigirse a cuerpos, a identidades, a orientaciones, a roles queer, es decir, extraños, no coherentes, no normativos. Hombres y mujeres pueden sentir un deseo autónomo por mujeres heterosexuales con pene, por hombres heterosexuales sin pene, por lesbianas con pene, por lesbianas sin tetas, por gais con tetas, por lesbianas femeninas con pene, por lesbianas masculinas con tetas, por lesbianas sin tetas, por gais con clítoris y vagina… Y estas y más combinaciones corporales o identitarias podemos mezclarlas con identidades diversas, con orientaciones diferentes, con roles sexuales y sociales y con prácticas diversas también que muestran entre ellos poca o ninguna coherencia con la norma sexual y social. Y eso sin contar, además, con la posible fluidez de cualquier deseo, con el cambio, con la posibilidad de estar en un determinado lugar del deseo y cambiar y estar en otro.

Los deseos queer son deseos sin más, que no expresan ningún problema de quien los siente, aunque son deseos socialmente peligrosos porque ocupan espacios sociales y mentales que rompen con la coherencia normativa que rige respecto a la sexualidad.

Estos deseos, y cualquier otro que se nos ocurriera, además, pueden darse sin que el deseo en sí tenga por qué decir nada de la persona que los experimenta, sin que dichos deseos expresen ninguna falta, ningún problema; son deseos sin más, aunque son deseos socialmente peligrosos porque ocupan espacios sociales y mentales que rompen con la coherencia normativa que rige respecto a la sexualidad. Todos estos deseos se expresan en espacios, materiales e imaginarios, que se suponen imposibles de pensar y que, sin embargo se piensan y que también encuentran siempre manera de gozarse. Con la expresión de estos deseos se rompe el edificio de la sexualidad hegemónica y normativa y no es posible identificar al cuerpo y la identidad dominadora (el hombre) y al cuerpo y la identidad dominada (la mujer) con lo que se pone de manifiesto la artificialidad de todo el edificio.

Por tanto hay personas queer y hay deseos queer que pueden darse –y que de hecho se dan- en personas que no son queer o que no se identifican como tales; hay deseos raros, hay deseos no normativos, hay deseos que luchan por visibilizarse desde los márgenes, desde lo que no se considera legítimo y, desde luego, tampoco igual. En todo caso, es hora de (re)pensar el deseo y no sólo las identidades, las orientaciones y los cuerpos. 


FANTASÍA SEXUAL Y REALIDAD.

Publicado en Miralés el 1 de enero de 2011


Últimamente hablo mucho, escribo mucho y leo mucho sobre fantasías sexuales. A raíz de la presentación de mi novela Deseo, Placer he dado varias conferencias y estoy preparando alguna ponencia sobre el asunto. Además es un tema que siempre me ha intrigado y que siempre he tenido en la recámara para escribir sobre ello en algún momento. ¿Por qué nos excita lo que nos excita? ¿Por qué a una persona le excita sexualmente lo que a otra le parece asqueroso?

DESEO, PLACER: DESGENERIZANDO EL SEXO.

 Deseo, Placer: (des)generizando el sexo.

10 de enero de 2011


Artículo publicado en Diagonal (I) y (II) 



¿CUARTOS OSCUROS PARA LESBIANAS?

Publicado en Mirales el 4 de mayo de 2011

El otro día leía en una revista lésbica el enésimo artículo de queja sobre la inexistencia de cuartos oscuros para lesbianas y me di cuenta de que aún no he hablado de eso en esta columna. Vaya por delante que no tengo ninguna idea preconcebida, sólo intuiciones. Es decir, no me importaría que existieran cuartos oscuros para lesbianas. Pero me pregunto si esa preocupación por el cuarto oscuro no será una fijación androcéntrica, es decir, que como es algo que les gusta a ellos nos tiene que gustar/preocupar/ocupar a nosotras.
Porque lo primero que habría que decir es que si nos gustaran los cuartos oscuros, ya habría alguno. Si nos gustaran sería negocio y alguien lo montaría. Sé que ha habido cuartos oscuros para lesbianas en otras ciudades: San Francisco, Ámsterdam, Nueva York… y no han tenido éxito. Pues será entonces que no gustan. ¿Por qué darle entonces más vueltas a la cuestión? Creo que es verdad que no nos gustan, pero creo también que eso no es definitivo porque, al fin y al cabo, una buena campaña de marketing podría hacer que fuéramos en masa. ¿No nos venden de todo? Suele decirse que es una cuestión cultural que a ellos les gusten y a nosotras no. Claro que es una cuestión cultural (el sexo es una cuestión cultural), pero que sea cultural no quiere decir que sea modificable, o siquiera que sea deseable modificarlo. Lo que erotizamos y lo que no, nuestras respuestas sexuales, todo eso es cultural. Dicho esto, creo que existe una dificultad casi fisiólogica, aunque también puede ser que esto sea exclusivamente una cuestión mía. Creo que, en general, las mujeres necesitamos más tiempo, y quizá otras circunstancias, para corrernos, si es que corrernos es el objetivo del asunto. Y no veo qué otro objetivo podría tener entrar en una habitación en la que una desconocida comienza a masturbarte. Creo que nuestras respuestas sexuales no son tan automáticas, tan exclusivamente físicas, ni tan rápidas como las de los hombres.

Que una desconocida me masturbe, sin seducción previa, sin nada, me pone los pelos de punta, aunque reconozco que en determinadas ocasiones podría erotizarme. En general, necesito tiempo. Mi mejor sexo nunca es la primera vez, ni la segunda, que me acuesto con una persona. Para la cuarta vez puede que esté en lo mejor. Creo que cada mujer es distinta, que hay que aprender un poco cada cuerpo y explicar un poco también el tuyo. Las respuestas sexuales de cada una son diferentes, lo que nos gusta y lo que no, lo que nos excita y lo que no. En eso, por lo que me cuentan mis amigos gays, ellos son más uniformes. Aunque, por supuesto, tienen también sus gustos o peculiaridades sexuales, digamos que ellos tienen casi todos “un básico” más sencillo. Yo no soporto que me toquen en sitios donde a mucha gente le gusta, y necesito toda una fase de seducción y excitación previa. No voy a decir de horas, caramba, pero un ratito sí. La verdad es que, y conociendo el paño, como se pongan de moda los cuartos oscuros la estadística de orgasmos fingidos experimentaría un crecimiento enorme, me temo. Pero todo esto es discutible.

Una vez fui a un cuarto oscuro en Ámsterdam. Era un lugar que se abrió sólo para una fiesta lésbica. Entré con mi pareja, con lo que el rollo anónimo estaba descartado; entré a ver. Me sorprendieron dos cosas: la primera es que las chicas entraban con amigas, como cuando de pequeñas íbamos al baño. Yo no me puedo imaginar entrar en un cuarto oscuro con amigas y enrollarme ahí con otra, delante de mis amigas, la verdad. Me costaría follar delante de mis amigas pero, vamos, a lo mejor esto es cuestión de acostumbrarme. Lo segundo que me sorprendió fueron las risas. Las chicas se morían de risa por los rincones, yo no sé si de puro goce, de puro nervio, o simplemente porque la cosa era graciosa. Se escuchaban risas por todas partes.

El otro día en una cena con amigos les pregunté si en los cuartos oscuros gays la gente ser ríe. Me miraron como si estuviera loca; me dijeron que por supuesto que no, que un cuarto oscuro es una cosa muy seria. Entonces salió un tema muy interesante. Según me dijeron, para los hombres el sexo está reñido con el humor. Yo dije que para nosotras no. Yo muchas veces me río antes, durante y después del sexo. Soy feliz y me río. Mi amigo Alejandro me contó que los hombres no pueden reírse porque están demasiado concentrados en su erección y que para ellos, esa necesidad de “cumplir”, de mantener la erección a toda costa (al menos delante de desconocidos) es algo casi trágico, una hazaña, algo épico, dijo. Y claro, no te ríes en medio de una hazaña épica. No se ríen nada.

En fin, vistas así las cosas, podemos darle la vuelta al argumento y llegar a la conclusión de que ellos van a los cuartos oscuros y no disfruten tanto como creemos; y nosotras nos lo montamos en habitaciones normales pero nos lo pasamos mejor. ¿O no? Pues no lo sé.



AL QUIRÓFANO CON EL CLÍTORIS

Publicado en El Plural el 1de diciembre de 2011

¿Sabéis lo que es la hipotricosis? Pues es una no-enfermedad pero con nombre de enfermedad que consiste en tener pocas pestañas (las mujeres la padecen, los hombres no) No hay ningún número de pestañas ideal o necesario y aunque la industria de la estética ya lleva tiempo empeñada en que las tengamos  más largas y más espesas, hasta ahora era una cuestión menor que se solucionaba, quien quisiera, poniéndose rimmel.  Ahora, quien tiene pocas pestañas “padece” hipotricosis; y no es lo mismo.  Allergan  (la misma empresa que fabrica el Botox) anuncia que las pestañas débiles requieren de una intervención médica y que ellos tienen el remedio, una loción que hay que usar día tras día, todos los días de tu vida. Esto puede parecer risible pero lo cierto es que cuando comience la campaña, cuando los médicos se sumen a ella y receten la loción, cuando los seguros médicos lo ofrezcan, cuando los psicólogos la recomienden para subir la autoestima…nos miraremos en el espejo y casi todas nos veremos con menos pestañas de las que se supone que hay que tener.

EL ECLIPSE ERA POLÍTICO

Imagino a las comentaristas de derechas diciendo: “¡Ahora resulta que hasta el eclipse es woke!” O bien: “¡La atención al eclipse es cosa de...