LO QUE NO MATA ENGORDA

 Publicado en eldiario.es el 14 de noviembre de 2014

Hay corrupciones grandes, tramas de miles de millones; hay corrupciones famosas, hay corrupciones medianas y corrupciones pequeñas. Hay corrupciones llamativas y corruptelas que pasan sin pena ni gloria por los medios de comunicación porque ese día ha aparecido una corrupción grande que implica a un miembro de la familia real o a un ministro. Hay corrupciones que además de por dinero, que siempre es un elemento imprescindible, se dan también por clasismo.

LA (NUEVA)POLÍTICA Y LAS REDES

Publicado en eldiario.es el 30 de mayo de 2014

Hermann Tertsch, Maruhenda, Fátima Báñez o Carlos Floriano se deben tomar muy en serio a sí mismos, pero el resto del mundo se ríe de ellos en las redes. Da exactamente igual que dirijan un periódico o un Ministerio. Nos reímos de ellos no sólo por razones ideológicas sino porque su discurso está completamente fuera de la realidad. Hace 50 años nadie se hubiera reído al ver a un ministro invocando a una virgen, ahora esa invocación parece un chiste. La sociedad ha cambiado y mucha de esta gente no se ha enterado.

LA SANIDAD PÚBLICA NO FUNCIONA

Publicado en El Plural el 5 de julio de 2014


Desgraciadamente la sanidad pública ya no funciona y es sólo un reflejo de la magnífica sanidad que fue. En Madrid, al menos, no funciona y, por lo que sé, en otras comunidades gobernadas por el PP tampoco.  En las que gobierna la izquierda funciona mejor pero se resiente también de tantas privatizaciones encubiertas y, sobre todo, del recorte en inversión. “Recortaré todo menos sanidad y educación”, dijo Rajoy. Mentiroso.  En 2 años de Gobierno del PP hay 24.00 profesores menos y 28.500 médicos y enfermeros/as menos. En la sanidad la cuestión se vuelve dramática. La marea blanca ha conseguido éxitos parciales en Madrid, pero nada de esto va a detener la voluntad del gobierno del PP de venderla. Y, en todo caso, la realidad es que ya no funciona y que resultará muy difícil volver a su anterior carácter de universal y gratuita.

LA SAL Y LA HEZ DE LA TIERRA

Publicado en El Plural el 19 de abril de 2014

Claro que hay dos Españas. Este es un país que ha estado casi siempre partido en dos, no en dos mitades, sino simplemente en dos partes, la de arriba –pequeña- y la de abajo, -muy grande. Igual que el mundo, se me podría decir, y es cierto: el mundo se divide entre los que tienen –muy pocos- y los que no; entre los que tienen todo y los que no tienen nada. Lo que ocurría hasta ahora es que ese avance civilizatorio que ha significado el Estado del bienestar logró, en algunos –pocos- países, hacer que la pirámide dejara de ser tal, que hubiera poca gente sin nada, que aumentara el número de gente que tenía lo suficiente y que, sobre todo, aumentara el número de niños que tenían acceso a una buena educación, lo que les abría un mundo de posibilidades. Y logró, y es muy importante, que la gente fuera consciente de que tener una vida digna es posible y es un derecho. No obstante, en España nunca hemos tenido un estado del bienestar completo y de la misma forma que hemos sido de los menos igualitarios entre los países europeos, una vez que los poderes financieros han decidido privatizar el bienestar, también somos de los más desigualitarios, de los más pobres y de los más injustos.

LA EXTREMA DERECHA CRECE PORQUE SE LA DEJA CRECER

Publicado en eldiario.es el 24 de mayo de 2014


En los últimos días se han publicado varios artículos que tratan de explicar el auge de la extrema derecha en Europa. Después de las primeras elecciones en Holanda y Reino Unido, es posible que el crecimiento augurado no sea tan grande como se esperaba y que, afortunadamente, la gente no caiga en sus trampas con tanta facilidad como parecía; aun así es evidente que están ahí, que son muchos y que crecen. Esta semana, el primero en escribir sobre esta cuestión ha sido Ignacio Ramonet, que  publicaba en Le Monde Diplomatique un artículo titulado “¿Por qué sube la extrema derecha en Europa?”. En este artículo Ramonet desgrana algunas de las razones de esta subida, razones que son bien conocidas para cualquier comentarista político. No se puede pasar por alto que una gran parte de este voto es un voto de clase trabajadora y que proviene de la izquierda, de una izquierda que ha abandonado a sus votantes. Y mientras la izquierda se iba, los partidos de extrema derecha, como bien señalan también todos los analistas, han ido ocultando convenientemente sus aspectos más brutales y más racistas, se han esforzado en presentar su cara más asumible, de manera que mucha gente puede ignorar o no sentirse concernida por aquellas cuestiones más incómodas.

En un momento en que el neoliberalismo está desbocado y se clava de manera extraordinariamente dolorosa en las vidas de la gente, nos encontramos a una izquierda que en una Europa que se llena de pobres, ha borrado la palabra “capitalismo” de su vocabulario político. Los partidos de la izquierda institucional pactan a menudo con la derecha, se empeñan en apelotonarse en el centro y reniegan de la lucha radical por la justicia social. De manera nada sorprendente la extrema derecha se apropia de esas banderas y oculta sus verdaderas intenciones. Estas son algunas de las claves que todo el mundo menciona, pero hay otra. Al final de su artículo Ramonet nos recuerda 1930 y hace la siguiente pregunta: “¿Qué esperan los partidos democráticos para reaccionar?” Y aquí nos encontramos con otro aspecto que él no menciona, pero que tiene su importancia. No todos los partidos que se dicen democráticos lo son de verdad y hay algunos de entre ellos que no van a reaccionar porque no quieren hacerlo.

Los partidos de extrema derecha crecen porque la derecha institucional, supuestamente democrática y centrista, no sólo les deja crecer, sino que en parte les alienta, aunque sea de manera más o menos subrepticia; esto es porque les reconoce como de los suyos. Hay una parte de la derecha institucional que acepta la democracia porque es lo que toca en este tiempo histórico, pero ni cree en ella ni está dispuesta a defenderla.  ¿Cómo va a ser demócrata la derecha –en España casi el PP en pleno- que no condena el franquismo, que permite, tolera e incluso aplaude símbolos franquistas, que se niega a cambiar los nombres de dictadores o generales fascistas? No hay ni un ápice de espíritu democrático en esa derecha. Si esta gente está en el PP y no en la extrema derecha extraparlamentaria es sólo porque el PP es un instrumento mucho más útil para ocupar las instituciones y por tanto el poder directo.

La extrema derecha tiene comportamientos, actitudes y una ideología nada secreta que usando las mismas leyes que se nos aplican a los demás, convertirían a una parte de ella en ilegal o, al menos, en objeto de las mismas multas o sanciones que recibimos ya muchos de nosotros y nosotras por acudir a una protesta pacífica. Es evidente que la extrema derecha se mueve casi en la absoluta impunidad. El hijo de Tejero acaba de ser restituido en su puesto después de celebrar el golpe de estado. Y los insultos de carácter racista, homófobo o las amenazas o injurias proferidas en las redes contra personas de izquierdas nunca son perseguidas. Alegrarse del asesinato de alguien de izquierdas no merece ningún reproche penal, hacer lo mismo de alguien de derechas te puede llevar a la cárcel. Es obvio que hay una doble vara de medir las opiniones extremistas. Pero esta doble vara llega al punto de que ya no hace falta ser un extremista partidario de la violencia para resultar multado o amonestado. A ojos de quienes nos gobiernan, protestar pacíficamente contra este sistema desde posiciones que podríamos identificar como de izquierdas, puede ser un delito. Amenazar, injuriar, usar la violencia, intimidar, hacer apología de la violencia o del asesinato desde posiciones de extrema derecha, no supondrá reproche penal alguno.

La derecha ve a la extrema derecha como a unos chicos revoltosos y puede que gritones, pero al fin y al cabo, de los suyos. Para esta derecha institucional, la extrema derecha es funcional porque en ciertas situaciones límite, como ahora, puede ser útil para recoger votos de izquierdas con un discurso radical que para ellos, para la derecha institucional, no es preocupante ni amenazante. Lo que hará esta derecha es lo que hace aquí: limitar, presionar, acorralar a la izquierda radical pacífica y dejar hacer a la extrema derecha. La derecha sabe muy bien que por mucho que Le Pen ataque el capitalismo, Le Pen no es anticapitalista y jamás va a suponer una amenaza para el sistema, así que bienvenidos sean sus discursos encendidos que pueden servir para dificultar el crecimiento de un auténtico discurso anticapitalista, siempre más complejo por otra parte. La derecha europea ya hizo lo mismo con el nazismo, lo alentó porque no veían en él ningún peligro y porque el único peligro que les inquietaba era el comunismo; bienvenido era cualquier cosa que pareciera parar a aquel. Finalmente el nazismo se lo llevó todo por delante…aunque no tanto.  Incluso el nazismo, cuya capacidad destructiva nos parece casi infinita, ofreció enormes oportunidades de negocio a las grandes corporaciones de entonces, que se aprestaron a aprovechar el negocio de la guerra o de los campos de concentración, lo mismo les dio.

Así que no nos engañemos, por más que seguramente haya mucha gente auténticamente antifascista y demócrata en la derecha institucional europea o, en nuestro caso, en el PP, lo cierto es que estos partidos no tienen interés en combatir a la extrema derecha con todos los medios que la democracia pone a su alcance. Para la derecha la democracia es una circunstancia histórica a la que se adaptan,  pero su auténtico espíritu es la defensa de su clase.  Y ven a la extrema derecha como a un aliado, puede que incómodo a veces, pero aliado.

 



EL ECLIPSE ERA POLÍTICO

Imagino a las comentaristas de derechas diciendo: “¡Ahora resulta que hasta el eclipse es woke!” O bien: “¡La atención al eclipse es cosa de...