Publicado el 21 de septiembre de 2014
No es que venga de una familia sin dinero o que en mi casa viviéramos todos apelotonados, pero nunca tuve una mesa propia. Ni de niña, ni para estudiar. Mi hermano, en cambio, sí que la tuvo; mesa y habitación para que estudiara, leyera, escribiera…para lo que fuera. Pero mi hermano, la verdad, nunca estudió mucho. Prefería oír música… hoy es músico. Tener una habitación propia le permitía escuchar la música que quería en cada momento que deseaba. Las niñas, en cambio, dormíamos juntas, la habitación no daba para poner una mesa con tanto armario, cómoda y las dos camas. Las niñas éramos mucho mejor estudiantes que el niño pero estudiábamos en la cocina, a veces en el comedor.