Publicado en Público el 16 de diciembre de 2015
Antes del debate final del bipartidismo hubo otra posibilidad de ver a los dos partidos que nos llevan gobernando, desde que la mayoría recordamos, en acción. Y pudimos verles, no sólo consigo mismos, echando mano de todos sus trucos, sino que tuvimos la suerte de poder verles al lado de la nueva política que ha venido para sustituirles. El programa Salvados del domingo pasado fue mucho más interesante que el debate “Cara a Cara” que se celebró al día siguiente; mucho más interesante para poder confrontar el pasado y el futuro de este país en el mismo plano, para poder comparar y para poder elegir. Al fin y al cabo, el debate Cara a Cara no dejó de ser un teatrillo en el que dos candidatos fosilizados en otro tiempo que ya se ha ido se lanzaban argumentos preparadísimos por sus asesores durante días; argumentos trillados y que ya hemos sufrido durante años. En todo caso Pedro Sánchez salió a matar y casi mató, lo cual no era muy difícil encontrándose ante una persona de una mediocridad intelectual comprobada y ante el jefe del partido más corrupto de la democracia española. Ahora entendemos lo del plasma. Pero eso fue lo único que hizo Pedro Sánchez, abatir a Rajoy, lo que casi hubiera hecho cualquier persona con dos dedos de frente.