LAS EPIDEMIAS QUE VIENEN Y EL MIEDO QUE TENEMOS

Tenía mi artículo sobre las elecciones andaluzas, pero sobre esto hay ya muchos y, en cambio, esta mañana, tuve una interesante conversación con un compañero de oficina. La oficina es para mí un lugar privilegiado para observar la realidad porque es el único espacio en el que me relaciono cercanamente con gente que no piensa como yo; en el que puedo hablar con gente muy diferente desde un lugar no de confrontaciónsino incluso de cercanía afectiva. Me llevo bien con este compañero, es buena gente, tiene sentido del humor y no es tonto en absoluto. Y esta mañana hemos hablado del brote de ébola en África y, claro, también del hantavirus. 

AYUSO MORIRÁ EN SU CASA

 Hace exactamente un año que murió mi madre.

Mi madre vivía en una casa llena de libros y, en sus últimos años, cuando ya no podía leer, aun entonces, se levantaba con dificultad del sillón en el que pasaba sus días y se acercaba a las estanterías para pasar su dedo por los lomos de los libros, elegir uno, llevárselo con ella al sillón, abrirlo y mantener la mirada fija en las letras durante mucho rato. A veces, muy seria y concentrada, cogía un lápiz y subrayaba la lectura. Cuando sus hijos íbamos a ver qué había subrayado con tanto empeño, veíamos que eran palabras al azar, sin ninguna relación entre ellas.

SARAH SANTAOLALLA Y SEGUIMOS CON EL ARMARIO

 Era imposible que no me ocupara del tuit de Santaolalla contra Vito Quiles porque este es un asunto del que he escrito mucho: el armario. Y porque estamos en la víspera del homenaje que el Gobierno va a ofrecerle a Dolores Vázquez, sobre cuyo caso escribí también un libro en el que sostenía precisamente que la causa de que la condenaran fue… el armario. No me ha sorprendido que haya personas heterosexuales que critiquen a la periodista por el tuit, no todo el mundo entiende que el armario es un mecanismo de opresión, pero sí que lo hagan asociaciones LGTB… gays… ¡a estas alturas!.

LA DEMOCRACIA MENGUANTE

 Suele pasar que enmascarados tras los grandes problemas se nos pasen aquellos que puede que no parezcan grandes pero que en realidad lo son. A menudo dejamos que las mareas vayan corroyendo los pilares fundamentales de la democracia, mientras miramos entre indignadas y estupefactas las matanzas por la televisión. Protestamos por las matanzas y nos movilizamos con dificultad contra ellas. Pero las matanzas son producto, entre otras cosas, de una degeneración democrática que viene de muy lejos y que continúa royendo a esta como una termita. 

¿QUE VOTOS NECESITA LA IZQUIERDA PARA GANAR?

 Hace poco escribí aquí mismo un artículo donde sostenía que lo que está inclinando a los jóvenes a la extrema derecha no es lo material, sino una profunda disputa sobre el sentido de un mundo sumido en profundísimos y desconcertantes cambios. Después, Sánchez-Cuenca en El País explicaba con datos por qué, efectivamente, no es únicamente, ni siquiera principalmente, lo económico lo que propicia el crecimiento del fascismo. Por último, la semana pasada Pablo Batalla lo explicaba muy bonito también en El País. Sin embargo, cuesta mucho que los partidos de izquierdas asuman plenamente esta realidad que, en ningún caso, quiere decir que haya que olvidar las cuestiones económicas que, sin ninguna duda, determinan en gran medida la vida de la gente, aunque no tanto como suele creerse sus posiciones políticas. Hay quien afirma que vivimos en una sociedad post-materialista, aunque es evidente que los pilares de la propia existencia siguen dependiendo en gran parte de las condiciones materiales. En todo caso, lo que sí es evidente es que el cambio social que se ha producido en pocos años en el terreno de lo simbólico, en el terreno de las subjetividades, es tan grande que no es posible ignorarlo, como tampoco es posible ignorar que el miedo a que te ataquen por la calle y te den una paliza es muy material. En todo caso, veo a una parte de la izquierda más desorientada que la derecha en estas cuestiones. 

EL ECLIPSE ERA POLÍTICO

Imagino a las comentaristas de derechas diciendo: “¡Ahora resulta que hasta el eclipse es woke!” O bien: “¡La atención al eclipse es cosa de...