NO ME IMPORTA QUIÉN DIJO QUÉ NI QUIÉN DIJO QUÉ COSA

El otro día escuché a un senador norteamericano decir que si los demócratas no recuperan el control de la Cámara de Representantes en noviembre perderán mucho más que unas elecciones, perderán el país por mucho tiempo y quién sabe si la posibilidad de volver a votar con unas mínimas garantías democráticas. Aseguraba que estas de noviembre eran, seguramente, las elecciones más importantes en la vida de quienes le estaban escuchando. Era un demócrata liberal de esos a los que, en condiciones normales, no se puede votar. En esta ocasión pensé que quizá –a falta de un candidato mejor– le votaría. Tengo una sensación parecida a la de este senador con las próximas elecciones generales cuando por fin se celebren, la de que nos jugamos mucho más que cuatro años de un gobierno de derechas.

EL ABORTO Y EL ALMA DEL FEMINISMO

 La Comunidad de Madrid ha aprobado una ley que reconoce al embrión como un miembro más de la unidad familiar. Feijóo dice que implantará esa misma ley en todo el Estado. Miguel Ángel Rodríguez puso su consabido tuit para molestar y para señalar por dónde va la cosa, por si a alguien se le había escapado: según los reaccionarios, esa célula que es el propio cuerpo de la mujer no es ella, sino una persona con derechos que la habita, incluso si es en contra de ella.

La masculinidad hegemónica no está muy preparada para la igualdad

 


Siempre abierta al diálogo y sin pelos en la lengua. Así es la nueva directora del Instituto de la Mujer, Beatriz Gimeno. Ex presidenta de la Federación Española de Lesbianas, Gais, Transexuales y Bisexuales (FELGTB), exdiputada de la Asamblea de Madrid y responsable del área de Igualdad de Podemos, son algunos de los cargos que ha ocupado esta madrileña referente en nuestro país en lo que se refiere a pensamiento feminista. Coincidiendo con el 8 de marzo, celebración del Día Internacional, hablamos con esta histórica activista sobre la actualidad del movimiento feminista, sus retos y educación.

ORGULLO, OTRA VEZ

 Cada año, desde que recuerdo, cuando llega el Orgullo, surgen dos tipos de críticas que vienen de nuestro lado. Y yo, cada año, las contesto (inútilmente) porque convivo con un bichito que no me permite desentenderme de algunas cuestiones. Las críticas son de dos tipos: no hay nada que celebrar porque la consecución de la igualdad legal (especialmente el matrimonio, pero no sólo) es una conquista de corte conservador (con sus correspondientes críticas a los colectivos “institucionalizados”) y el Orgullo se ha comercializado y no es reivindicativo. Es difícil responder a estas dos cuestiones de manera breve. Voy a intentarlo. 

LO MALO, LO FEO, LO CUTRE

 Seguramente no tenía que hablar de esto, con la que está cayendo… Pero no me resisto. Y no me resisto porque, a veces, lo menor desnuda a lo mayor. A veces, lo pequeño nos lleva a pensar en lo grande. Y eso me ha pasado a mí con el espectáculo que Madrid ofreció al papa en el Santiago Bernabéu… y su contraparte en Barcelona. Más allá de la broma fácil, esos dos espectáculos explican mucho de en qué se ha convertido Madrid en estos años. Y no, no es caer en la competición burda entre las dos ciudades. Es que lo de Madrid desvela la realidad de una ciudad/comunidad gobernada desde hace muchos años por la peor derecha. El acto con el papa en el Bernabéu, desgraciadamente, nos muestra un Madrid que conocemos bien quienes vivimos aquí; porque ha sido construido/destruido por un neoliberalismo que es también un movimiento cultural que lo impregna todo. Esta es la ciudad que consiguió hacer un tema de que Carmena osara vestir a un Rey Mago con un traje de fantasía. 

EL ECLIPSE ERA POLÍTICO

Imagino a las comentaristas de derechas diciendo: “¡Ahora resulta que hasta el eclipse es woke!” O bien: “¡La atención al eclipse es cosa de...