La serie canadiense Heated Rivalry, o Más que rivales en español, dirigida por Jacob Tierney, se ha convertido en un fenómeno cultural que ha salido del mundo de las series para escalar a los medios escritos y a la conversación global. Se trata de una serie cuyos protagonistas son gais y, además, son atletas con unos cuerpos espectaculares, guapísimos, ricos, tienen unas casas de escándalo y coches de lujo. Se desean, tienen sexo, problemas con la homofobia y finalmente acaban enamorándose… y siguen teniendo sexo. Desde el punto de vista artístico, la serie no deja de ser una especie de videoclip para adolescentes y si en lugar de ser hombres sus protagonistas fueran una pareja heterosexual, nadie estaría hablando de ella. Como sus protagonistas son dos hombres la cosa adquiere algún que otro matiz. Todavía hay que reseñar que es positivo que se muestre la homosexualidad con este nivel de normalidad en una plataforma generalista, como una relación equiparable a cualquier otra hetero, sin más.Pero la serie dice más cosas. Si se ha convertido en un fenómeno global es porque a su alrededor ha crecido una comunidad de fans que son quienes la han convertido en lo que es y, al hacerlo, los medios también se han hecho eco del fenómeno. Según estos mismos medios, al parecer, la mayoría de quienes ven la serie son mujeres y, en menor medida, gais. Ambas cosas eran esperables. Cuando algo procedente de la cultura popular escala de la pantalla, de la literatura, de la música, a la vida real, forma comunidad y se convierte en fenómeno, suele ser gracias a las mujeres o a los gais; los hombres hetero parecen tener otros canales y otros intereses. Este es otro asunto.
En las cuestiones que atañen a las mujeres la prensa no suele limitarse a describir, emite prejuicios y prescripciones
Que la serie guste a los gais, siempre legítimamente deseosos de verse reconocidos en la cultura mainstream, no requiere mucha explicación. Pero que les guste tanto a las mujeres ha hecho correr ríos de tinta en forma de artículos llenos de opiniones expertas: psicólogas, terapeutas, sexólogas, expertas en violencia de género incluso. He leído muchos de esos artículos porque el asunto me ha llamado la atención desde el principio y porque, como buena feminista, estoy siempre con la gafa violeta puesta, especialmente en lo que se refiere a la prensa. Porque la prensa, en las cuestiones que atañen a las mujeres no suele limitarse a describir, sino que en muchas ocasiones más bien emite prejuicios y prescripciones.
Es normal que muchas mujeres heterosexuales aborrezcan el porno hetero, hecho para los hombres y repleto de misoginia y violencia
Después de leerme todo lo publicado me ha llamado la atención el empeño que existe en invisibilizar el deseo sexual de las mujeres y transformarlo, en cuanto se puede, en romance. Esto es especialmente llamativo si se pone en la misma página en la que se explica por qué les gusta la serie a los hombres gais. Por ejemplo, en este artículo un chico gay, Moisés, dice que le gusta la serie porque muestran las relaciones afectivo sexuales tal como son en el mundo gay: “Ellos follan primero, directamente, y los sentimientos ya aparecen, si es que aparecen”. Y después afirma que una parte del éxito de la serie tiene que ver con que la gente está cansada de las historias románticas y las historias de amor. En resumen, Moisés dice que le gusta la serie porque follan. Se trata de la misma serie que ha visto una experta que, sin embargo, opina que a las mujeres hetero les gusta la serie porque hay romance. Donde Moisés ve sexo y lo disfruta, las mujeres ven amor.
El diario El País le ha dedicado no uno, sino varios artículos, a la serie. Uno de ellos se titula directamente Más que rivales o el fenómeno que cambia las reglas: por qué tantas mujeres disfrutan con los romances gais. Romances, no sexo. Los demás artículos que he leído son coincidentes. Las mujeres enloquecen con la serie porque es una serie de amor romántico que presenta el sexo como algo inofensivo para ellas al no haber ninguna mujer implicada… El artículo mencionado de El País ofrece muchas claves.
Las mujeres consumen porno gay buscando, quizá, sexo igualitario
Después, el periódico afirma que las mujeres hetero consumen porno gay buscando parejas más igualitarias. Y lo comparto, pero quizá podría decirse “buscando sexo igualitario”. Es normal que muchas mujeres heterosexuales aborrezcan el porno hetero, hecho para los hombres y repleto de misoginia y violencia. Coincido en que el sexo gay les puede gustar a las mujeres heterosexuales, entre otras cosas, porque presenta un sexo igualitario donde el poder a menudo está ausente, al menos de la forma descarnada en que aparece en el porno heterosexual, donde es inevitable encontrarlo estructuralmente repartido siempre de la misma manera y donde los ecos de la ficción traspasan a nuestra experiencia y a nuestra vida. Pero dicho esto… ¿estamos seguras de que cuando las mujeres acuden al porno gay buscan “una historia de amor enfocada en la intensidad emocional”? Aunque el sexo es una experiencia emocional, desde luego, me parece que no se refieren a esto.
El sexo igualitario es erótico para muchas mujeres; los medios desexualizan la mirada y la llenan de romance
Lejos de extraer de todo lo dicho alguna conclusión que podría parecer evidente, como que muchas mujeres buscan en la pantalla sexo igualitario porque esas relaciones sexuales erotizan y excitan, lo que los medios hacen es desexualizar esa mirada y llenarla de romance. De hecho, aparece la siguiente frase referida a la serie: “No es tanto una fantasía sexual como una fantasía relacional”.
De nuevo, ambas cosas no son en absoluto excluyentes porque sí, el sexo es relacional, pero de esa frase parece excluirse que la serie pueda ser, para las mujeres heterosexuales, una fantasía puramente sexual, como si el deseo femenino requiriera necesariamente una relación amorosa. En varios artículos de los mencionados se afirma que al ser dos hombres los que aparecen en las escenas, eso permite que las mujeres no se identifiquen con ninguno y así pueden limitarse a ver sin sentirse concernidas. De nuevo se cuenta una verdad a medias. Es verdad que al no haber una mujer en la posición en la que la mayoría de las representaciones sexuales de la cultura popular sitúan a las mujeres, las chicas no tienen aquí la necesidad de identificarse con ella y por tanto no tienen que asumir esa posición de desigualdad en la que la mayoría de las veces se sitúa a la mujer que aparece en una escena sexual. Aquí pueden identificarse con quien quieran; con Ilya, con Shane, con ambos o, quizá, con ninguno, mirando, sí, pero muy concernidas. Creo que, al contrario de lo que sostienen todos estos expertos y expertas, el sexo gay sí es una fantasía sexual para muchas mujeres. Como he mencionado, porque les permite disfrutar de un sexo que no está hecho contra ellas como parece el porno hetero tantas veces; un sexo igualitario de raíz en el que los roles son intercambiables y donde el placer se negocia y está al alcance de ambos. Pero es sexo, no romance.
Hay una enorme resistencia para asumir que existe una mirada femenina deseante, autónoma del deseo masculino
En definitiva, lo que se percibe en todos esos artículos es una enorme resistencia para asumir que existe una mirada femenina deseante, autónoma del deseo masculino, que se erotiza en sus propios términos pero que no por eso es menos sexual. En ninguno de los artículos se menciona que las mujeres disfrutan de la serie porque disfrutan viendo sexo; ese tipo de sexo. En ninguno de los artículos se menciona que las mujeres pueden dirigir una mirada plenamente sexual sobre su(s) objeto(s) de deseo. Muchas mujeres heterosexuales pueden excitarse viendo a dos hombres practicar sexo porque eso les permite a ellas situarse en una posición de sujeto, mientras que cosifican a los hombres que ven en la pantalla. Se supone que el deseo femenino depende siempre de un hombre al que ella sirve de objeto sexual. El que mira es el sujeto y los y las miradas son objeto, por eso se nos niega la posibilidad de una mirada directamente sexual sobre un cuerpo masculino, en este caso, cosificado. Heated Rivalry gusta mucho a las mujeres hetero porque les permite, entre otras cosas, mirar sexualmente, mirar con deseo a hombres que están ahí justo para que ellas puedan disfrutar de esa mirada.
La serie ofrece a las mujeres una fantasía de hombre deseable. Los protagonistas son hombres tiernos y vulnerables que demuestran que la vulnerabilidad emocional y la ternura no están reñidas con el sexo y, es más, que esa vulnerabilidad puede resultar excitante.
En la serie, los protagonistas cuando van a follar se preguntan uno al otro muy a menudo: “¿Puedo follarte?”. Y esa pregunta, en ese contexto, resulta especialmente erótica. Yo pensé: “Mira, no era tan difícil, no hace falta firmar un contrato ni esa pregunta rompe el rollo. De hecho, es lo contrario dan muchas ganas de decir, ‘sí, por favor’”.
Publicado en PIKARA
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